domingo, 28 de julio de 2019

Mis peores fantasmas


  Siempre me gustaron los mediocres. Siempre me gustaron y hasta llegué a enamorarme de algunos de ellos. Los presumidos, distantes, egocéntricos, estúpidos, ineptos y vacíos. Me gustaba que siempre me hacían reír y sentir importante. O eso creía porque al día de hoy si vuelvo a escuchar algunas de los chistes que “me hacían reír” seguro me indignaría. En su mayoría eran mala gente, puede que exista algún que otro espécimen que medianamente safe, pero la verdad es que lo dudo bastante. Todos en mayor o menor medida eran malos. Eran malos conmigo pero por sobre todo (y esta es la parte que más vergüenza me da admitir) eran muy malos con el resto de las personas. Tenían actitudes agresivas con personas que no los habían dañado en lo más mínimo. Y recuerdo como yo, en presencia de esos “chistes” agresivos, me quedaba callada con una sensación incómoda adentro. Me reía, no decía nada, y lo tomaba como algo inofensivo y divertido. Lo tomaba como un rasgo que me gustaba. La verdad es que con bastante más agua pasada por debajo del puente me doy cuenta que hoy en día no podría simplemente callar y reír como sumisa. Simplemente porque la incomodidad que sentía en aquel momento, y a la que no le prestaba atención, se trataba justamente del darme cuenta que eso no estaba bien. Pero quien estaba haciendo el chiste me gustaba, y no quería parecer una pesada, ni llevarle la contra. Ni tampoco quería que alguno de mis comentarios llevara la vista hacía mí, y los chistes comenzaran a hacerse sobre mi persona. Porque sí, a veces lo que decía que me gustaba, lo que “me hacía reir” eran chistes sobre mí que me dolían. Y que prefería tomar así, a chiste, para no tomar dimensión de lo mal que me hacían sentir. Sobre mi cuerpo, sobre mi pelo, sobre mi nariz, sobre lo que llevaba puesto o el lugar que estaba trabajando. Si, hasta me sentí humillada por trabajar en determinado lugar. La adolescencia es mucho más dura de lo que parece, y creo que no se le da la importancia y el cuidado necesario. Yo trabajaba en Mc Donald's y a uno de mis ex eso le parecía muy gracioso. Y yo sonreía con él y decía “cállate, tarado” para no largarme a llorar ni admitir que me estaba lastimando. Porque parte del orgullo que siempre llevé puesto tiene que ver con nunca demostrarme herida. 
   Yo acostumbraba salir con gente que no me quería y que no me cuidaba. Pero hasta creo que no es que me lo hacían a mí y con maldad, en realidad creo que ellos simplemente son así, desconsiderados por naturaleza y simplemente no se dan cuenta del daño que pueden llegar a causar. Otro de mis ¿exs? (no sé si puedo llamarlo así porque no fuimos novios a pesar de que tuvimos una relación por casi año y medio) pero era él el que hacía chistes sobre mi apariencia. Siempre tenía alguna crítica. El pelo, las cejas, la boca, la nariz, hasta la ropa. Siempre en tono de chiste y de risa. Me llamaba “fea”, “horrible”, “aborto de mono”, “mono subdesarrollado”. Y yo comencé a llamarlo de esas formas también, porque tomarlo a chiste y creer que esa era nuestra forma de entendernos y relacionarnos era más sencillo que decirle por favor no me digas así porque me lastima.
  Ser adolescente es difícil y a veces lastima. A veces nos sentimos intimidados por alguien hasta menor que nosotros. Nos sentimos sin defensas ni forma de contra atacar. Porque aunque quiera, solo sé hacer daño sin querer. Porque en mi casa mis papás me enseñaron a ser buena con todos sin importar y porque siempre fui media boluda para el rencor (me dura poco y es escaso).
  Yo salía con gente que me hizo creer que yo era el problema. Que me dejaban por estar “loca de celos” o “demasiado insegura” cuando durante mucho tiempo diciendo estar conmigo, estaban con muchas otras más. Y justo en esta parte no quiero que se malinterprete, yo sí era celosa y sí era insegura, y por mucho tiempo también creí que eso era mi culpa, que era yo la que había arruinado esas relaciones. Durante mucho tiempo me dije para mí  “capaz si no lo hubiera asfixiado tanto, si hubiera controlado mis celos...” pero después de mucho entendí que yo no era así de insegura antes de conocerlos, sino todo lo contrario. Caí en la cuenta de que todo había empezado con sus comentarios hirientes, con sus “chistes” comparándome con otras chicas, con sus mentiras y conmigo aguantando todo hasta explotar.
  Yo también debo haber tenido mis errores, estoy segura. Con 16, 17, 18 años es imposible no tenerlos. Yo nunca me había enamorado hasta los huesos y cuando se hace algo por primera vez, inevitablemente se falla. Pero mi error fundamental, y a esto va esta carta tan larga, fue creer que la falla era yo. Que yo era la que no servía, que sólo me enamoraba de chicos malos porque los chicos malos son divertidos y a mí me gustaba que me “hicieran reír”. ERROR. Si el chiste te cuesta parte de tu autoestima y dignidad, no es chiste: es maldad. No vale la pena callar lo que nos duele por el orgullo de no mostrarte herido, no vale la pena reír por compromiso para encajar, no vale la pena porque terminas creyendo que sos como ellos, un mediocre, cuando sos mucho más.
   Me costó años de sufrimiento, y solo acabé convirtiéndome en ellos. Me lastimaron tanto que empecé a tomar su postura y comportamiento. Me volví mentirosa y escurridiza, nunca nadie volvió a enamorarme porque ahora era yo la que se escapaba y escondía. Y terminé tan sumida en la nada que mucho tiempo después me di cuenta que estaba vacía. Y cuando quise retornar no encontré el camino de vuelta y todo se volvió peor que oscuro. Me sentí perdida en mi misma. Me sentí igual de mediocre y mala persona que ellos. Y me odié.
  Y me costó todavía muchos años más volver a mirarme con cariño. Me costó muchísimo volver a creer que valgo algo, y que merezco que me quieran. Porque bajo mi razonamiento y haciendo lo que ellos hacían, yo era mala y no merecía que alguien bueno me quiera. Sólo merecía personas malas, como yo.
  A esos lugares te lleva callarte las heridas. Te lleva a creer que no vales nada, que mereces sólo eso que ellos te hicieron creer que podes alcanzar. Y es mentira.

   Lo que más me gustó de Draco fue que nos riamos juntos a carcajadas de vídeos muy tontos de Internet como el del chabón cantando “tequila”. Reírme de chistes internos que tenemos entre los dos sobre alguna anécdota. Lo que más me gusta es reírme sin que nadie salga lastimado. Ni yo, ni él, ni un tercero, ni nadie, ni nada. Me gusta que no haga chistes sobre los temas que para mí son serios y me indignan. Me gusta que me pregunte todos los días como me fue en el trabajo sin hacer chistes sobre lo que hago o no hago. Me gusta que no le de vergüenza llevarme de la mano sino todo lo contrario. Me gusta que todos los días me diga que estoy linda, que me cuando se refiere a mí siempre lo haga con palabras dulces como “mi amor”. Que no se sume a criticarme cuando yo misma lo hago y digo cosas como que estoy más fea que nunca. Me gusta que me consuele y haga sentir mejor. Porque la verdad es que sólo me interesa ser la más linda del mundo para él, y aunque crea que Taylor Swift es más linda que yo es muy considerado de su parte no decirlo sólo porque sabe que me lastimaría.
   Me gusta que no nos gritemos nunca, ni estando enojados. Que jamás nos hayamos puteado. Que nos respetemos y cuidemos aún en los peores momentos. Me gusta que nos entendamos.
    Pero por sobre todas las cosas y espero poder cerrar la idea en estas últimas líneas, lo que más me gusta, lo que más disfruto y lo que más en paz me hace sentir es que es una excelente persona. Que no le haría daño ni a una mosca, que todos cuando lo conocen dicen “que bueno es Jero”. Porque se le nota a 3 mil km. Y me encanta, me fascina, me vuelve loca haberme enamorado hasta los huesos de alguien así. De alguien que me da amor puro y sano, y no solo no me daña, sino que se dedica a sanar todo lo que otros dañaron.
  Me cuesta, sigo aprendiendo, estoy en el camino todavía… pero me tocó el mejor compañero que puede existir.

miércoles, 5 de junio de 2019

Te seguí y reescribiste mi futuro

•Es aquí mi único lugar seguro•

  Nunca sentí tanto amor por alguien y eso hace que a veces todo se sienta raro, porque el mundo y la vida es un poco todo eso que queremos con desesperación pero es imposible de alcanzar. O al menos eso fue para mí siempre (que triste) pero que real. Nunca me pasó que las cosas me salieran bien, nunca tuve lo que queria cuando y como lo quería. La vida me cagó a palos de todos los lugares posibles. Y después de todas las pérdidas, los fracasos, desencuentros y frustraciones vino y me ofreció en bandeja todo lo que siempre necesité sin saberlo.
  Y el mundo y mi vida empezaron a cambiar de manera tan sutil pero a la vez tan significativa que los fracasos ya no me parecen fracasos sino aciertos que hicieron posible mi presente. Si mi vida es hoy todo lo que es gracias a todo lo que perdí antes, entonces no perdí ni fracasé en nada. Entonces todo estuvo siempre en el lugar correcto.
  Eso me hace sentir este amor, que estoy en el lugar y tiempos correctos. Hace que sienta que todo es tan pero tan ideal que no parece posible ni real. Pero lo es. Aunque me parezca que no a cada rato este chico es real. Y como tal tiene sus errores y también sus aciertos. Y con ambos logra sacarme de las peores tormentas y me devuelve el sol y el cielo despejado.
  Siento a cada rato que el dolor no existe ni nunca existió. Me sanó tanto que parece que nadie nunca me lastimó antes.
  Mi vida y mi mundo cambiaron tanto que me siento plena y quiero que para siempre mi vida sea esto: él, yo, proyectos, metas, viajes, errores, aciertos, disculpas y vueltas a empezar. Amor puro amor. Juntos.
   Para siempre quiero sentir lo que siento cuando Jero me mira y sonríe. Para siempre quiero verme en sus ojos y saber que estoy en el lugar y momentos correctos. Por que eso debe ser el amor, no? Sentir que no existe un mejor momento ni un mejor lugar que ese donde nos hace encontramos juntos.

 
 

viernes, 24 de mayo de 2019

Como un iceberg

  Si alguien viera a Clara caminando por cualquier calle un día cualquiera, ni siquiera notaría su existencia... porque Clara es tranquila y silenciosa. Siempre está con una media sonrisa, siempre está queriendo ayudar al que lo necesita. Clara es buena amiga de sus amigos, los escucha y aconseja con madurez. Clara es madura. Toma sus elecciones con calma, pensando bien que paso dar en el momento exacto. Estudia, y también trabaja. Es buena compañera, pero sobre todo es responsable y organizada. Se encarga de todo ese trabajo aburrido pero necesario que nadie quiere hacer. Y lo hace sin quejarse, sin echarlo en cara de nadie. Que buena es Clara. Clara daría lo que sea por ver bien a los que ama. Clara no discute, no pelea, no se enoja. Clara no es celosa y comprende que las relaciones son confianza, entrega y sinceridad. Clara es clara, transparente, no se esconde ni esconde lo que le pasa. Clara llora cuando así y lo siente, y ríe a carcajadas sin miedo.
  Pero Clara no es sólo Clara, sino una parte de ella. Y a veces también se oscurece y juega a ser otras personas. Se enoja y lastima a quien se le acerca, se siente herida y no deja que nadie se acerque. La oscuridad se apodera y sabe muy bien como mentir, como manipular y como engañar a su antojo. Sabe utilizar las cartas a su favor, y por sobre todo sabe como ocultar todo ante los ojos más astutos. Sabe usar la máscara clara y transparente. Conoce a los malos porque es uno de ellos, conoce a los mentirosos y a sus estrategias, y presiente el dolor mucho antes de que llegue porque supo causarlo. Se acostumbró a vivir en el caos, escondida. Sabe soportar las tormentas, y ahora sabe también crearlas y taparlas. Su parte oscura es capaz de ser invisible a plena luz del día, porque Clara misma aprendió a mantenerla muy quieta y obediente en el bolsillo de su campera. En el lugar más recóndito de su mirada. En ese espacio hueco de su corazón.
  Mantiene allí su oscuridad para que no lastime a nadie más que a si misma. Porque si hay algo que Clara sabe muy bien, es de lo que ella misma es capaz. Y la capacidad a veces es peligrosa, al igual que la inteligencia y la astucia. Y la parte oscura de Clara, se alimenta cada día un poco más de todas sus cosas buenas, de todo lo que ella es, logrando convertir cada cualidad en un defecto sin retorno.
 Clara no es tan clara a veces, Clara se esconde, Clara se oscurece.
Clara se envenena cada día un poco más.


lunes, 6 de mayo de 2019

  Que voy a parar de culparme, mentirme, fallarme, decirme tarde verdades que necesito

  Por qué también dediqué tiempo a quién ya no se acuerda de mí. También pegue los trozos de lo mismo que después partí. Tampoco me he entendido y he entendido que eso será así.
No he estado confundido, he estado fundido con lo peor de mi.
Me he mudado a problemas y he querido ser feliz ahí.

miércoles, 24 de abril de 2019

Lo que se ve en tus ojos

A veces me pregunto, ¿seré yo? ¿Seré sólo yo o vos también? ¿me odias? ¿Me stalckeas? ¿Te importa lo que hago?
  ¿Porqué te odio? ¿te odio? A veces creo que sólo siento lástima y pena. Otras me acuerdo de muchas de las cosas que hiciste y un poco de bronca me alcanza. Pero no, no te odio. Si tengo que ser sincera me pareces una pobre piba, desesperada por un poco de atención. Alguien que por más que quiera no sabe como no dañar, como ser buena persona. Capaz que ni siquiera es tu culpa y sos así por el pasado que llevas a cuestas, que se yo. Todos tenemos un pasado, algunos más complicados que otros, pero pasado al fín. Todos alguna vez pasamos por cosas que nos dejaron marca y cargamos en la espalda sin querer hacerlo. Pero dentro de ese caos que cada uno es, lo que me parece importante es lo que queda. Lo que se elije conscientemente.
  Me cuesta creer que vos elijas el dolor. Por que parece que eso te empecinas en causar: dolor. Antes, ahora, ¿en un futuro? no sé. Pero yo pienso mucho. En mí, en lo que doy, en lo que causo, en lo que quiero ser. Pienso mucho por naturaleza y porque creo que es la manera que encuentro para mejorar como persona. Y no creo haber hecho algo para ser el blanco de tus maldades, sigo sin entender porqué lo haces. O no, en realidad si sé, queremos lo mismo y eso inevitablemente parece convertirnos en enemigas. Pero aún así, ¿porqué lastimar? A mí que no te hice nada y peor, a la persona que querés. ¿La querés o es sólo un capricho? Creo que deberías pensar. Quizá así te des cuenta que a veces querer a alguien significa dejar que elija por su propia felicidad, aunque eso no te incluya. A mi me pasó, y por experiencia sé que se necesita muchísimo amor para dejar ir a alguien. Quizá eso es lo que te falta y siempre te faltó... amor.
  Tengo 23 años y un camino corto recorrido, pero con algunas batallas ya ganadas te digo que abandones tu posición de maldad. Lastimar no te va a hacer más feliz, ni siquiera aunque consigas lo que buscás. Porque a veces el camino es más importante que la meta y si no lo haces con el mayor amor, no va a servir de nada. O quizá si, quizá sólo sirva para aprender de los errores.
  No, no te odio. Solo me da mucha pena y angustia que alguien guarde tanto odio y tanto rencor adentro. Y que sea capaz de trasmitir sólo eso con la mirada.
 No te odio, y aunque a veces me gustaría ayudarte a salir del lugar horrible en el que te colocás hoy sé, despues de pensarlo mucho, que en ciertas cosas es mejor no involucrarse. Y que sólo se puede ayudar a quien quiere ser ayudado.
Desde el mayor amor te digo esta guerra se termina acá. No quiero ser tu enemiga.

miércoles, 20 de marzo de 2019

Sigo hasta el final y te digo
No voy a tragarme sin ladrar tu blanco rock sin vuelo
Soy de los que suelen desgarrar su corazón entero
No voy a tomarme nada más para escapar del fuego
Soy de los que saben ir a mil y terminar en cero

lunes, 11 de marzo de 2019

siempre es siempre

   Te extraño.
   Pero me hago la tonta y no le digo a nadie, no quiero que me vean llorar.
   Me haces falta.
   Pero ni loca lo digo en voz alta, porque me derrumbaría y la verdad es que necesito seguir siendo fuerte. O al menos mostrarme fuerte.
  Te extraño con cada fibra de mi ser y no quiero aceptarlo. No quiero que nadie sepa que todavía me duele después de tanto. La verdad es que me hago la desapegada pero siempre me costaron bastante las perdidas. Me cuesta dejar ir, aunque por fuera parezca que ya lo hice. Extraño verte sonreír, que me levantes del piso en un abrazo y que me digas que soy hermosa. Que estás orgulloso, que me amas, que me amas tanto que soy la hija que nunca tuviste.
   Te extraño con cada centímetro de mi piel y no me di cuenta hasta hoy. Hoy que por primera vez te estoy llorando. Tardé dos años. Perdón pero es que antes no pude, te juro que no. Todos me necesitaban tanto, todos se apoyaban tanto en mí que... que yo sólo pude dedicarme a ser el pilar que sostuviera todo. Es lo que mejor me sale, dejarme de lado por los demás. Y hoy que tengo este ratito para mí, y para vos, y para llorar lo que no lloré en todo este tiempo, sólo quiero volver a cualquiera de mis cumpleaños o a cualquiera de todas las vacaciones en sancle y abrazarte fuerte muy fuerte. Que me compres tres docenas de churros sólo porque sabes que me encantan y me dejes estar sentada al lado tuyo mientras cocinas, estás en la compu o miras el mar. Me encantaría estar al lado tuyo un ratito mirando el mar.
  Sólo quiero que me mantengas fuerte, yo sé que vos estás bien, sé que era lo mejor, pero no puedo evitar extrañarte. Así que por favor manteneme firme. El mundo es duro y se pone peor si no tenes donde apoyarte. Te amo siempre.

 

lunes, 25 de febrero de 2019

I said: hey! what's going on?

A la de 14 le diría que sea honesta y alce la voz, realmente no querés una fiesta, no querés un vestido y no querés a mucha de la gente a la que vas a tener que sonreirle para las fotos. Hay música que escuchas que no te gusta, ¿porqué lo haces? Para variar podrías decir lo que pensás enfrente de tus "amigos", ¿no te parece? Aceptate, sos hermosa. Valorate, sos inteligente. Tranquilizate, la adolescencia no es tan horrible como parece justo ahora. A la de 15 le diría que tiene que tomarse más en serio eso de ser sincera con sus sentimientos, sin esperar que los demás decidan por ella. ¿Otra vez una fiesta que realmente no querés? Por dios! odias festejar los cumpleaños, ¿a quién querés engañar? y que ese idiota que te gusta... mmm no, no es buena idea. A la de 16 sólo la abrazaría, y le diría que no se preocupe, que algún día el dolor insoportable de la perdida va a hacerse más soportable, aunque puede que nunca desaparezca ¿para qué mentir? También le aconsejaría que torturarse cada noche y llorar hasta dormirse de ninguna manera es la solución, que deje de maltratarse. Y otra vez: ese idiota que ama y que no la abrazó cuando el peor de los dolores la golpeó, sigue siendo una pésima, horrenda, horripilante idea. A la de 17 le diría que los cambios son necesarios, y que tiene que aprender a sobrellevarlos sin odiar al mundo. Por dios, la de 17 si que odia el mundo. Esa carrera no es para ella, otra vez: ¿a quién quiere engañar? Contentar a mamá no va a contentarte a vos misma, pero te vas a dar cuenta rápido. Le recomendaría que escriba, que escriba mucho y en cada rincón que encuentre. Que se encierre a escuchar buena música y salga de vez en cuando para no enloquecer del todo. Pero de todas maneras es lo que va a hacer, así que ¿qué importa? Ese chico bueno que tanto la cuida es una fantástica idea, pero fingir que te gusta... mmm no, no vas a poder mentirte así por demasiado tiempo. Y vas a tener que aprender rápido lo que significa romper el corazón de alguien, aunque no sea lo que querías hacer. La de 18 ya carga con mucho de todas las anteriores, y sólo busca un poco de amor, y no puedo culparla por eso. Pero de todas maneras creo que le diría que definitivamente está buscando en el lugar equivocado. Aunque, ¿quién no se enamoraría de Peter Pan? No, no la culpo, aunque sí la compadezco. Este idiota no tiene comparación con el anterior, este va a destruirte, por lo que sólo espero que estés preparada. (Aunque sé que no vas a estarlo, perdón por eso) Cuando todo pase sólo le diría que deje de culparse, que alguien no te valore nunca, jamás es tu culpa. La de 19 sólo quiere divertirse. Casi no tengo cosas para decirle, salvo que su vida de excesos es vacía, como su corazón. Pero en el fondo lo sabe. También la abrazaría, muy pero muy fuerte, porque el mundo de plástico se le va a desmoronar en cualquier instante y va a encontrarse a si misma completamente sola aun estando rodeada de gente. Sé que nada va a consolarla, sé que va a sentir que el mundo se volvió totalmente gris y sin sentido. Y sé que va a mostrarse fuerte para el afuera y va a llorar en soledad porque no sabe como lidiar con lo que acaba de pasarle. Le diría que todo va a estar bien, pero tiene que descubrirlo por sí misma, y guardarlo como marca de fuego en su piel para siempre. De eso va a encargarse la de 20, que otra vez está enojadisima con el mundo, pero sólo para cubrir la inmensa tristeza que lleva en el cuerpo. ¿Cuantas perdidas más hay que soportar para ser feliz? Perdón, pero ni siquiera yo lo sé. Va a preguntarse una y otra vez porqué, y sólo por eso me gustaría decirle que la respuesta no existe, que deje de torturarse con la pregunta. La abrazaría tanto que me quedaría sin fuerzas, pero sé que no va a dejarme hacerlo. Pasó por tanto que ya no quiere sentir. Y va a lograrlo por un tiempo, por que la de 21 es simplemente quien camina por el mundo sin saber a donde va, sin tener un propósito claro y sin poder ver más allá de su tristeza. Como si se hubiera muerto hace rato pero siguiera respirando por inercia. A ella le diría que ponerse primero es quizá la solución y que no debe sentirse tan mal por hacerlo, pero simplemente no va a escucharme sin importar que tan alto hable, porque no escucha a nadie, porque no le interesa escuchar a nadie. Va a sumergirse una vez más en el mundo de plástico pretendiendo volver a ser lo que fue antes de que todo cambie, pero sin poder lograrlo.Va a rogar perder la memoria cada día de su vida, imaginado una y otra vez miles de escenarios en lo que eso pasa o todavía peor, escenarios en los que ella muere. Va a volverse hielo una vez más hasta que el vacío y el silencio sean tan fuertes que no los pueda callar. Hasta que el mundo estalle y ella vuele en mil pedazos con él. Sólo entonces me escucharía, y entonces le diría que baje la mirada hacia su muñeca izquierda y se aferre una vez más a esa idea, que como aprendimos un millón de veces antes, cuando algo nos hunda debemos tener una buena razón para aferrarnos a una soga que nos salve. Y que va a llegar, que ese tímido chico que está intentando negar que le gusta... puede ser la razón que la saque adelante. También le diría que no sea idiota, escuchar a los miedos nunca nos sirvió para nada. Le diría que se arriesgue y vaya por todo, pero no necesita que se lo diga porque de todas formas él va a obligarla a hacerlo. Y vamos a estarle agradecidas de por vida por eso. Le diría que disfrute por mí de ese tiempo de caos absoluto porque en algún tiempo va a extrañarlo. Que disfrute de la intensidad de la que todo el mundo se queja, que abrace la cercanía que siempre le dió terror y se re descubra a sí misma. La de 22 no me preocupa demasiado, está bien acompañada. Sólo necesita que le digan que se relaje. ¿Escuchaste? Relajate, carajo! el dolor está lejos, y el mundo puede ser hermoso si le das la oportunidad. Nadie, ni siquiera la vida y sus inoportunos accidentes, quiere lastimarte. Parte de ser feliz es quizá vivir con la posibilidad de fallar, de que todo falle.Una vez más, el miedo no va a llevarnos a ningún lugar. No podes controlarlo todo. Hacé lo que te haga feliz y dejá que la vida te sorprenda. La de 23 está en construcción, y por ahora no decido del todo que necesita escuchar, pero aprendió de todas las anteriores, de cada uno de sus errores, así que está agradecida. Y dice que en realidad no les diría nada, porque parte de lo que ella es, es gracias a los malos momentos de todas las anteriores, que tuvieron que ser como fueron para crecer.
   Para todas: aceptate, abrazate, pero sobre todo PERDONATE. Hiciste lo que pudiste, como te salió, sin tener todas las herramientas. Perdonate y dejá ir el dolor. Vamos a estar juntas, todas, toda la vida. Por lo que tenemos que llevarnos bien. Procuren ser amables con las demás, nadie nos enseñó a vivir, aprendimos solitas unas de las otras, y sólo por eso nos merecemos amarnos sin juzgarnos. 

viernes, 15 de febrero de 2019

Eres escondite. Abres los brazos y todo parece ir bien ahí. 

MILUGARSEGURO 

  Hoy sonreí de la manera que lo hacemos casi todos ante un primer amor. Tímida, nerviosa, emocionada y un tanto patética. Y lo hice con los ojos, porque mi boca estaba pegada a otra.
  Cerré la puerta de casa y seguí sonriéndole al piso. Entré en mi pieza y me tiré en la cama, aplastando mi todavía tonta sonrisa contra las almohadas, disfrutando del instante. El instante perfecto en el que te das cuenta que sos feliz, y lo demás poco importa. Sin ponerle interés a que fueron tan solo 25 minutos de una visita improvisada, porque bastaron, alcanzaron para que lo demás se acomodara.
  Quiero para toda la vida la sensación de adolescente quinciañera enamorada que quiere estar en una cama dándose besos por horas. La sensación de nervios en la panza cuando suena el timbre y sé quién espera en la puerta para que le abra. La ansiedad del pasillo interminable que me deja arreglarme una vez más el pelo o la ropa, para estar linda. Linda para alguien. Esperando escuchar que hoy estoy hermosa. Y que me importe más que él lo piense antes que estarlo realmente.
  Quiero para siempre este amor tan a la antigua, con pensamientos y libertades modernas. Este amor tan único y especial. Y aunque peque de soberbia, podría asegurar que no nos parecemos a ninguno en el mundo, que el nuestro es tan extravagante que mejor guardarlo en las cuatro pareces de mi habitación, bajo el acolchado de mi cama. Mejor guardarlo porque la gente tiende a querer destruir aquello que se sale del molde. Mejor guardarlo para siempre y para nosotros dos, porque al fin y al cabo, no necesita más que de nosotros para seguir vivo.

domingo, 23 de diciembre de 2018

  Era el verano del 2014. Enero supongo, yo tenia 18 años.
  Todavía me cuesta ponerle palabras, porque lo hablé con una sola persona aunque ni siquiera pude contarle todo. Solo pude decir "fui abusada". Lo dije en voz alta, y fue demasiado, no pude seguir. Y creo que solo alguien que pasó o está pasando por lo mismo puede llegar a entender lo difícil que es, lo mucho que cuesta aceptarlo, el acero que se siente cortándote la garganta cada vez que lo querés sacar afuera. Quiero hablar hace meses, quise decirlo ni bien me di cuenta de lo que había pasado, pero desde ese momento hasta hoy no pude. ¿Hoy? No sé tampoco si será el día, si me voy a atrever a que alguien lea esto, a que sea público.
  Ver que son muchas las que se animan a hablar me da una cierta fuerza que nunca tuve. Cuando me dí cuenta de lo que me había pasado también me di cuenta de que por mucho tiempo quise alejar ese recuerdo de mi cabeza. Me acostaba a dormir y apretaba fuerte los ojos, pensaba en otra cosa, intentaba hacer que desapareciera. Me decía a mi misma cosas como "no fue para tanto" o "ya va a pasar". Realmente creía que algún día me iba a olvidar, pero la realidad de otras miles como yo me dió un cachetazo en la cara. Leer cada uno de sus testimonios fue remover todo adentro.
  Hace tres noches atrás, estando de viaje con mi novio (la única persona que sabe hace algún tiempo esto) tuve un ataque de llanto muy fuerte. El me abrazaba y me decía "tenés que hablar, tenés que sacarlo" y después me preguntaba ¿que fue lo que pasó? ¿a que le tenés tanto miedo?
  Supongo que a ser juzgada como primera cosa, que me echen la culpa a mi también, que me critiquen por tardar tanto en hablar, que me digan mentirosa o exagerada. Por mucho tiempo yo me juzgué de esa manera, así que sé lo que es de buena fuente. Me recriminaba a mi misma haberme quedado paralizada, haberme hecho la dormida, no haberme quejado, enojado o reaccionado. Me culpé por no haberlo frenado a él ni haber hablado de lo que pasó los días que siguieron. Hoy aprendo a quererme y perdonarme, y entiendo que en aquel momento hice lo que pude, lo que me salió.
   Tenía 18 años. Con mi familia habíamos ido de vacaciones a Viedma, una ciudad en el sur donde vive una de mis tías y mis primos. Se fueron a vivir allá cuando yo era muy chica, por lo que empecé a tener relación con ellos cuando yo tenía cerca de 12 años, y en intervalos de a veces 1 año a veces más, porque solo nos veíamos para las vacaciones.
  Él creo que tenía 20 años, la verdad es que no estoy segura. Desde que lo conozco siempre fue muy cariñoso conmigo, y con todos. Pero a mí a demás me hacía escenas de celos por mi ahora exnovio constantemente.
  La noche anterior a volverme a La Plata con mis papás, me tocó dormir en el living. Había una cama armada ahí, y creo que dos colchones en el piso. Los recuerdos son confusos pero creo que ambos dormíamos en los colchones en el piso, uno al lado del otro.
  Al principio todo fue normal, pero en cierto momento de la noche me desperté de un sobresalto y me dí cuenta que mi mano estaba puesta en su erección. Y él la estaba sosteniendo ahí. Me quedé tan paralizada que no atiné a otra cosa que hacerme la dormida y sacar la mano de ahí cambiando de posición mi cuerpo. Pero no pude volver a dormirme, estaba muy impactada y asqueada a la vez. Y parece no haberle bastando, porque en donde saqué la mano y me di vuelta alejándome, empezó a tocarme. Primero el culo, después la concha, mientras me apoyaba. A mi se me caían las lágrimas, pero estaba muda. Totalmente paralizada, sin poder hablar, ni moverme. Tenía 18 años y por mucho tiempo me reproché no haber reaccionado,  no era una nena tonta, yo sabía que estaba pasando. Podría haber gritado, podría haberlo empujado. Hoy entiendo que en ese entonces no tenía las herramientas, ni la fuerza que tengo hoy. En aquel entonces me culpaba de esas cosas a mi, y no era capaz de ver que yo en realidad era la víctima. 
  Era mi primo, era mi familia, ¿que iban a pensar todos?
   Ya me había pasado antes. Cuando tenía entre 8 y 10 años, aunque claro en ese momento yo ni siquiera era capaz de reconocer lo que estaba pasando. Otro de mis primos, 5 años mayor, me manoseaba siempre que podía. Venía a mi casa a "cuidarme" y "jugar" conmigo. La verdad es que yo era tan chica que (gracias al cielo) son pocos los recuerdos que tengo, pero si estoy segura de que fue reiteradas veces y en diferentes ocasiones. Frente a mis papás él se escondía en el papel de primo mayor y protector. Hasta hubo un tiempo en que mi mamá sólo me dejaba salir a bailar si él iba conmigo, porque confiaba en que yo de esa manera iba a estar segura. Para mi era un infierno. Siendo adolescente aprendí a evadirlo, y fingir frente a todos que teníamos una buena relación. Que nos llevábamos bien y yo confiaba en él. Con el tiempo y otras excusas, cerca de los 15, me alejé.
   Por eso me culpé cuando volvió a pasarme con otra pasarme años después. Era mi culpa, ¿no? Eran mi familia, eran personas en las que yo confiaba. Son personas en las que mis papás todavía hoy confían. Porque no lo saben, porque nadie lo sabe, porque nunca me animé a sacar de mí lo que acabo de escribir.
   Lloro mientras escribo deseando haber sido la única. Esperando que no le hayan hecho lo mismo a ninguna de mis demás primas o a mi hermana. Deseando que por fin este tipo de historias se terminen.
  El nudo de la garganta ya no va a vencerme jamás. Puede que no pueda decirlo en voz alta todavía, pero las palabras escritas van a ser por siempre y refugio y mi salvación.
  Quiero sanar.

miércoles, 12 de diciembre de 2018

Mirá como nos ponemos


Hoy el colectivo de Actrices Argentinas se reunión para dar una conferencia de prensa en la que además de leer un comunicado, hicieron pública una denuncia penal por violación contra el actor argentino Juan Darthes.
   Ya pasaron varias horas pero todavía lo pienso, lo recuerdo y lloro. El vídeo es desgarrador. Thelma Fardín cuenta la totalidad del hecho, entre lágrimas. Solo tenía 16 años. Dieciséis. ¿Vos que hacías a los dieciséis? Yo estaba empezando a salir a bailar, y aguantaba con los ojos para arriba y mofando cada consejo de mi mamá. No estén solas, no se separen, que la bebida se las abran en la cara, cuídense, avísen, cualquier cosa me llaman. No la entendía, no veía su miedo, no era consciente. No lo era hasta que pisé esos lugares por primera vez y alguien me tocó el culo sin mi permiso, o me dijo algo al pasar, o simplemente me agarró de la cara para darme un beso. Me acariciaban el pelo a la pasada, me querían dar de tomar de sus tragos en exceso. 
  Todas fuimos violentadas en algún momento. Algunas la sacamos más barata que otras. De solo pensar en el infierno que sufrió esa nena de 16 años violada por un hombre de 45 se me estruja el alma. De solo pensar en lo duró que debió haber sido para que tardara nueve años en atreverse, lloro. Me duele, me choca, me hace mal. No puedo soportar la idea de que sean las victimas las que se queden calladas sufriendo por miedo. Yo en el 2006 miraba patito feo, tenía 11 años. Quería ser como ellas, quería bailar, actuar y cantar en un escenario. Quería estar en la tele. Lo quería tanto que mis papás terminaron llevándome a hacer un taller de Comedia Musical. Estudié esa disciplina durante 8 años. Y hoy estoy por recibirme de la carrera en Teatro. Oficialmente voy a ser actriz, como tanto quise siempre y eso hace quizá que esto me duela el triple. Es una compañera de trabajo. Es alguien que logró eso mismo que yo anhelaba y que se convirtió en su infierno. Hoy ya no quiero estar en la tele, crecí y cambié mucho. La fama no me atrae, y el medio menos. Pero tuve que crecer para comprender a lo que se refería mi mamá cuando me decía “es un ambiente feo”. Me estaba cuidando. Cada vez que ponía cara de mala gana cuando yo pedía ir a un casting, cada vez que me preguntaba mil quinientas veces donde era, quien lo organizaba, si la castinera y productora eran confiables. Tené cuidado, fíjate bien, no vayas sola, ¿te acompaño?. Mamá sabía mejor que nadie lo que significa ser mujer en un mundo gobernado por hombres.
   El vídeo de Thelma me hace llorar de tristeza durante su relato, y de emoción cuando dice que al romper el silencio se encontró con muchas personas que la apoyaron y la llenaron de amor. Y lloro y se me pone la piel de gallina porque eso es lo que siento cada vez que pienso en el movimiento feminista. Entre esas mujeres me siento a gusto. Es el sentir que nunca más vas a estar sola, que pase lo que pase hay muchas ahí con vos que te escuchan sin juzgar y están dispuestas a luchar por vos y por lo que te pasa. Por lo que sufrís. Por lo que todas sufrimos.
  Celebro la valentía de Thelma, el apoyo de todas esas actrices, el avance histórico que están haciendo respecto a la televisión argentina. Y sólo espero que hoy sea el día en que las cosas cambien de una vez por todas, y no tengamos que seguir llorando y luchando. Espero que el sufrimiento de Thelma y de todas las que fueron violentadas alguna vez no sea en vano.

  #YoSiTeCreoHermana. #NoEstásSola.
  #MiráComoNosPonemos
JUAN DARTHES VIOLADOR.

lunes, 15 de octubre de 2018

Cumpleaños 23

  El sábado fue mi cumpleaños numero 23 y entre tanta gente, tanto amor y tanta fiesta, amiga-intensa dijo: "festejás porque este año estás siendo feliz, ¿no?"
  No pude aceptarlo frente a ella porque a mi la felicidad me da terror, y tengo esa cosa inconsciente de negar las cosas simplemente porque entregarme a aceptarlas abre la puerta a que puedan llegar a terminar. Pero igual la pregunta me quedó dando vueltas por la cabeza y tres días después (en el ratito libre que encontré) necesité escribirla. Pensarla. Analizarla. Como me gusta hacer con todo, ¿no?
  La última vez que festejé un cumpleaños fue en el 2011. Cumplía 16, y quise hacer una fiesta (como este año, ¿casualidad?). La diferencia es que en ese momento la hice sólo porque quería ver a quien tiempo después fue mi primer amor. ¿Se imaginan? Organicé una fiesta sólo por un chico, que idiota. Más si tenemos en cuenta que poco después me rompió el corazón en mil pedazos, y dio lugar a la Jaqueline que no quiso volver a festejar un cumpleaños nunca más en su vida.
  La última vez que festejé un cumpleaños el mundo me parecía un lugar hermoso. Estaba enamorada de un idiota, podía ir a comer a mc donnalls con Aylu y era tan ingenua como para creer que tenemos la vida y los buenos momentos asegurados.
  Después de la ultima vez que festejé mi cumpleaños la vida me golpeó tanto que no me quedaron ganas de festejar más nada. Y por mucho tiempo convencí al resto del mundo con que para mí era "una fecha más". En realidad lo era, pero no me daba cuenta que en realidad estaba bastante rota y festejar me parecía algo bastante inútil. El mundo iba a seguir siendo una porquería.
  Me convertí en bolsa de boxeo porque la vida no se conformó con un solo golpe, sino que lo hizo una y otra vez, sin cesar. Me robó amigas, amores, familia, alegrías y hasta a mi misma, porque de tanto perder todo lo demás, terminé perdiéndome a mi misma. Y casi no vuelvo. Pero aunque me costó bastante, también empecé a ver que al igual que llega el dolor, llegan las cosas buenas. Y como hubo muertes, llegaron nacimientos llenos de luz. Y de abrazos. Y de un amor con patas que me dice "tia te amo".
  Llegaron amigos nuevos, llenos de amor y apoyo incondicional. Llegó el amor por una profesión y por sobre todo, las ganas de seguir. Cada día, a pesar de todo. Y cuando por fin me encontré otra vez, el amor más grande que nunca hubiera imaginado llegó a abrazarme. Y volví. Sonreí, reí a carcajadas. Entendí que por más rota que esté, festejar siempre es necesario. No se festeja porque no exista dolor, sino porque a pesar de él sigue habiendo razones para estar firme y fuerte.
  Termino mi cumpleaños como tantos otros, sabiendo que tengo la gente correcta a mi lado. Que tengo gente que me ama como soy, con todo. Que me banca, me ayuda y se alegra de que sea feliz otra vez a pesar del dolor.
  Y ahora resulta, después de 7 años, que festejar fue casi tan perfecto como en aquel momento, pero mejor: porque ahora sé lo que significa el dolor y ya no le tengo miedo.

domingo, 16 de septiembre de 2018

  Me gusta mucho escribir, y una de las razones es porque desde que lo hago descubrí la forma de guardar en un par de letras los sentimientos lejanos. Quedan marcados para siempre, inmortalizados en un párrafo, y yo puedo recordarlos sólo con leer.
  Me gusta escribir y hace un año estaba tan triste que leer cualquiera de mis escritos es llorar casi instantáneamente. Aunque no fuera lo que esas palabras querían expresar, se nota en ellas como las lágrimas estaban cautivas queriendo salir, queriendo correr, queriendo hacer llegar el verdadero mensaje.
   Estaba tan triste que ni siquiera me salía llorar, ¿que irónico, no? pero a veces así es acostumbrarse a algo. Terminar creyendo que eso es lo único que existe, que no hay forma de salir, que hay cosas que simplemente no se pueden cambiar. MENTIRA. Siempre se puede cambiar. Siempre.
   Estaba tan aferrada a la costumbre, que creía que eso que tenía era lo único que existía. O peor todavía: lo único que yo podía llegar a obtener de la vida. ¡Mentira! la vida siempre tiene más para ofrecer, solo hay que darle la oportunidad.
  Ya sea para cambiar, o para recibir, hay que estar dispuesto.
  Estaba presa de un ideal, de una imagen sin historia. A veces pasa, porque los ideales tienen esa yapa de poder ser cambiados a nuestro antojo. Más todavía cuando la persona real no está cerca como para contradecir la idea que tenes de ella. Y a nosotros nos separaba el tiempo, ¿existe barrera más fuerte que esa? Él existía solo en mis recuerdos, que podían ser alterados a gusto por mi mente, por mis miedos, por mí.
   Tenía una imagen tan fuerte, tan grande, tan poderosa que creía que nunca ningún otro mortal iba a poder si quiera igualarla. Pero existe una razón por la que la piel es más hermosa que el plástico.
   Está viva, es real. Sobre todo eso, es real.
   Creía que nadie iba a poder superar ese ideal porque nunca nadie antes me había tocado realmente. De todas las formas, hasta sin hacerlo en realidad.
 
   Hoy soy tan feliz que espero que las palabras le hagan justicia al sentimiento y lo mantengan vivo y guardado para siempre. ¿Como pude estar tan enamorada de un espejismo?
   Hoy sé lo que significa sentir, lo que significa amar con cada poro de mi ser a alguien a quien no puedo cambiar a mi gusto y antojo. A alguien que a veces se equivoca, y que tiene en sí cosas que no me gustan tanto, pero que también amo. Porque eso también lo aprendí hace poco: existen las fallas, supongo que es el precio justo. Alguien real no es perfecto, pero al fín y al cabo es lo único en este mundo que te hace sentir hasta lo más profundo.
  Tengo un amor. Y peleamos, a veces no nos entendemos o nos ofendemos. También nos perdonamos. Nos abrazamos fuerte en las tormentas, y aún más fuerte en las alegrías. Cuento con dos manos que me rozan la piel de la cara siempre que pueden, y sentir su calor es la confirmación de que el frío plástico no tiene chance de ganar.
   Amo a alguien como nunca amé a nadie en mi vida. Amo sintiendo que nunca antes lo había hecho en realidad, porque si esto es amar, todo lo demás fueron insignificantes cariños.
   Hoy sé que la tristeza de hace un año solo llegó para llevarse los desechos. Sacar de mí el frío de un ideal de alguien que nunca existió y traer el calor de un abrazo real, que se siente hasta el último centímetro de la piel.
   Si me lo hubieran dicho hace un año no les hubiera creído. Que ilusa.






martes, 4 de septiembre de 2018

Si mi dulce, siempre hay que seguir. De ese modo se es feliz. 

  Hoy cuando volvía en el micro a casa después de un día bastante largo una canción gritó en mis auriculares "¿Donde estoy y a donde es mi lugar?" Y lo pensé por las pocas cuadras que me faltaban a mi destino. ¿Donde es mi lugar? Hace algún tiempo estoy segura de que no habría sabido la respuesta. O hubiera llegado a la conclusión de que no soy de ninguna parte.
 Siempre tuve ese sensación de no-pertenencia.
 Sin embargo hoy, cuando pensé en esa retorcida pregunta que había escuchado en una canción, lo supe en una fracción de segundo: ya no estoy perdida. Sé que hay un lugar en el que me siento bien, segura, plena y equilibrada. Donde me anclo y puedo dar pasos firmes. 
  Soy de donde estés. Mi lugar es simple: está al lado tuyo donde sea que vos estés. 
  Piso firme y segura si sostenes mi mano. Me siento querida y cuidada si vos estás.
  Siento que pertenezco a un lugar, a ese lugar que sos vos. A mi lugar seguro.

  No me importa para donde vas, yo voy sin mirar atrás si te tengo por delante. 
  Cuando quieras caminar, no me importa donde vas, quiero ser tu acompañante. 

viernes, 24 de agosto de 2018

Esa noche me abrazaste, te besé y no lloramos ni dormimos más. 

  Te miré a los ojos por primera vez, y a diferencia de la pena y la lástima que veía en todos los demás cuando me observaban, en los tuyos vi amor. No se de qué tipo, no sé si era lo que sentías en ese momento, o lo que un tiempo después ibas a sentir. Pero para mí el tiempo no existe y todo pasa al mismo tiempo por más de que me encapriche en contar las cosas de forma secuencial.
  A veces creo que te amo desde ese día, de alguna u otra manera. Desde esa noche y desde ese abrazo. Es difícil decirlo ahora, cuando ya pasó tanto tiempo, porque hoy en día te amo de tal forma que creo que fue lo que hice toda mi vida. Y no estoy segura pero, ¿importa?

sábado, 18 de agosto de 2018

  Leer. Escribir. Tocar el ukelele.
  Casi las únicas cosas que me calman cuando el caos se hace presente. Eso, y mi sobrina que llega corriendo y a los gritos, que me abraza aunque tenga la clavícula quebrada, y sonríe aunque no haya dicho nada gracioso.
  Que me dice te amo, hasta el cielo, hasta el infinito, hasta el universo.
   Hace bastante siento un quilombo de proporciones monumentales adentro. No estoy segura de que pueda ser, pero es la sensación de que no estoy cómoda en ningún lugar. Como si algo no estuviera encajando, como si mi interior gritara ¡algo está mal! pero sin saber qué es ese algo. Es molesto, difícil de llevar y sólo logro olvidarlo de a ratos cuando personas especiales como Cata llegan y me iluminan.
  Hace bastante siento es también: que ya me olvidé de cómo brillar sola. Ya no sé, creo que si me largaran al mundo sin nadie en quien apoyarme sería una constante gris ofuscada, porque me ilumino cuando otro con brillo propio llega.
  Y me siento tan desordenada, tan confusa, tan distante que adjudico esas características a quienes me rodean, echo culpas, veo en los demás lo que está adentro mío. Y lucho conmigo, contra mí, en un esfuerzo descomunal por no pelear con esos otros que nada me hicieron. Intento hacerme cargo que el desastre lo tengo yo, soy yo. No sé para donde disparar.
  Hace bastante que me siento incomprendida, por eso casi nunca hablo de lo que me pasa. ¿Para qué? si siento que nadie va a lograr entenderlo. O un poco también yo no voy a saber explicarlo. Me olvidé de como se hablaba de los temas difíciles. Me olvidé de como hacer para expresar lo que me pasa, de la manera en que me pasa y en el momento en el que me pasa. Las palabras no quieren ser pronunciadas. Nunca quisieron. Y ahora parece que tampoco quieren ser escritas, porque cada vez me cuesta más.
  Hace bastante siento que estoy en un círculo que me encierra y me asfixia, un círculo en el que hacer como si no existiera es el primer componente y no decirme ni a mi misma es el segundo. Siempre me sentí un poco fuera del mundo pero ahora parezco estarlo completamente. No me siento a mi misma. No sé como relacionarme, como comunicarme, ni como actuar sin montar un personaje.   Hace bastante siento que soy un personaje. El que creé el día que estaba tan destruida que ya no quedaba ni un gramo de mí, pero igual había que seguir.
  Hace bastante que me extraño. A mi, a mi sonrisa, a mi espontanea forma de ser. Ya no existe. Ya no existo. ¿Que me queda si no me queda ni un gramo de lo que fui? ¿Quién quedó si yo ya no estoy?
  Hace bastante que me siento perdida. Pero perdida de verdad. Tanto que ya no sé como avanzar, ni cómo volver a empezar.


jueves, 12 de julio de 2018

  Hay dias en los que me pierdo, no lo tomes personal. No es tu culpa, ni la mia. O no sé, capaz que un poco mía si, pero me gusta pensar más que es algo que no puedo controlar. Que de alguna forma u otra siempre existió, y siempre me va a acompañar. A el kilombo mental me refiero. A todo eso que no tengo idea de donde viene, pero que una vez o dos por mes aparece y se propone no dejarme en paz.
  La mayoria de las veces ni siquiera comprendo qué es lo que está mal. Porque así se siente, como si algo estuviera mal, fuera de su lugar, molestando, irritando, provocando el huracán. Pero es un algo imposible de divisar. Y como no sé que es lo que me incomoda, no puedo remediarlo.
  A lo largo de los años aprendí a convivir con el desastre, con esa parte de mí que nunca está del todo conforme o feliz, con esa parte que siempre tira para que todo esté mal. Aprendí a convivir porque aparece una vez cada tanto y porque en realidad no puedo hacer otra cosa que esperar a que pase. A que se calme, me deje tranquila, desaparezca.
   Antes le hacía demasiado caso a esos días y terminaba enredada en un mar de dudas que no me dejaban avanzar. Hoy (y gracias a la experiencia) sé que seguramente se trate de miedos, cualquiera sea su tipo. Al amor, al compromiso, al sufrimiento, a la traición, a ser feliz.
  Ya no les hago caso.
  Espero que vos tampoco.
  A veces, como hoy, estoy fuera de foco. Irritada, confusa, contrariada. Nada de lo que hagas o digas va a ser suficiente. Todo va a ser retorcito para el lugar que le convenga al desastre.
  No hagas. No digas.
  Hacé como que no existe, igual que yo.
  Sonreíme igual que siempre lo haces, aunque yo tenga cara de desquiciada.
  Dame un beso igual que siempre lo haces, aunque yo no lo pida ni con la mirada.
  Procurá que todo se mantenga igual, porque la tormenta tarde o temprano pasa, y eso es justo lo que más quiero: que todo se mantenga igual.

martes, 3 de julio de 2018

Si estamos juntos no existe el dolor

  Noche de viernes. Emoción pre octavos de final del Mundial 2018. (Si todos esos que hicieron una cola de cuadra para comprar la picada para el partido hubieran sabido que quedábamos afuera, ja) pero dicen que con el diario de ayer es fácil, y no se equivocan ¿no? Cuando sabes que es lo que va a pasar, cuando las posibilidades se vuelven una certeza parece más fácil elegir. Aunque siempre ya es tarde. Ya elegiste, mucho antes, para bien o para mal, pero ya está hecho.
  Noche de viernes. Cumpleaños del amor de mis amores. (¿un poco cursi para mi estilo? puede ser, pero no puedo evitar decirle así cuando es quien hizo un antes y después entre los demás amores y el presente.) Uff, otra vez me distraje con los paréntesis. Retomo: cumpleaños del amor de mis amores. Quería hacerlo sentir la persona más feliz del universo, dedicarle todo el día para hacer lo que quisiera, lo que tuviera ganas, cualquier cosa que se le ocurriera. O lo que hacemos siempre, pero con un toque de día especial.
  Y parece mentira pero la mimada del día fui yo. Como si supiera. Como si tuviera la bola mágica que le dijera que ese día iba a necesitar de eso. Como si realmente él tuviera el diario de ayer.
   Me cocinó algo rico (muy rico) que me encanta. Llegué a las tres de la tarde después de cursar y me estaba esperando con la comida lista. Almorzamos. Hizo café y me compartió del chocolate que yo le había regalado. Dormimos siesta. Me abrazó fuerte toda la tarde.
   La tarde nos alcanzó y tuvimos que salir al mundo real a hacer mandados. Más precisamente ir a comprar esa picada que al día siguiente no íbamos a comer producto del mal trago de un partido perdido. Hacía frío, las cuadras se hacían largas, yo ponía mi mejor cara y mi mayor esfuerzo. Había sido una mañana difícil, pero muchas antes también lo habían sido. Por ende, nada que no pudiera esperar hasta el día siguiente, hasta la semana siguiente, hasta la vida que viene. Hasta que tuviera ganas de hacerme cargo de la decepción que me había sorprendido esa mañana. ¿Está mal? Si, ya lo sé, pero es que cuando el dolor fue moneda corriente por mucho tiempo, y en el presente la felicidad está ahí, cerquita, al alcance de la mano pero a la vez tan frágil al menor rasguño, créanme que lo que menos querés es arruinar un buen día por algo que no tiene aparente solución.
  Cordón de vereda. Gente que pasa, corre, camina. Van apurados. No nos notan. No notan que lloro. O sí, y no les interesa. Un abrazo tranquilizador. El tiempo se detiene un ratito. Nada importa más que ese instante. El dolor se transforma. El poder con el que tienen esos brazos indicados que te rodean y te sostienen.
  Era su cumpleaños, y yo me robé toda la atención. Me mimó, me consoló y hasta me compró un regalo para que no estuviera triste. Desde que lo conozco carga con mi dolor sin quejarse (pese a que ama hacerlo. Hablo de quejarse). Desde que estamos juntos todo mi dolor se transforma en fuerza, en amor, en felicidad. Desde que está en mi vida todo dejó de ser desolador, y la esperanza de algo mejor se instala un poco más todos los días.
  Por eso no me resulta demasiado decirle amor de amores, porque en realidad hasta eso le queda corto. Toda la vida me queda corta para agradecerle ser tan increíble, tan incondicional, tan amor puro que me llena y no le deja lugar al dolor.

martes, 12 de junio de 2018

  Noches enteras sin sueño, son muchos los malos recuerdos 
  que ni te conviene saberlos por tu propio bien. 
  He tropezado indefensa, he caído al infierno mil veces, 
  pero si te miro a los ojos lo malo desaparece. 
 Yo necesito, amor, volver a creer en mi, volver a sentir la piel. 
  Saber que si estás aquí no me dejarás caer. 
  Sentir por primera vez, que me van a proteger. 
  Es lo que buscaba y no hallaba hasta hoy que te encontré. 
 Noches enteras pensando:¿que hago de mí? ¿hasta cuando? 
  Volver a creer en mi, volver a sentir la piel.
  El saber que si estás aquí no voy a enloquecer. 
  Sentir por primera vez que me van a proteger.


viernes, 8 de junio de 2018

Sabemos que eso no nos va a separar

  Cuando escuchaba esa canción hace muchos años cantaba "algo que me mata y envenena, es algo mas, es amar". Todos alguna vez le inventamos letra a alguna canción, no? Lo loco en este caso es que quizá es coincidencia o que me gusta analizar demasiado las cosas pero inconscientemente para mi eso era el amor. Algo que te envenena, que te mata, que es hermoso en cuanto al sentimiento pero a la vez horroroso por todos los dolores que trae consigo.
  Tenia una tendencia a que me gustaran los idiotas pero de todas formas cantaba a todo pulmón una canción que escuchaba cada tanto en la radio, re significando su letra (si hasta hoy pensaba que la cantaba Paulina Rubio, ja).
  Lo bueno es que lejos quedaron esos años y los gustos horribles en cuanto a hombres. Y cuando creo que todo no puede ser más ideal, él, la vida, las coincidencias o mis sobre análisis me dan una cachetada que me sorprende una vez más.
  Es algo más, algo que me llena. Algo que no mata ni envenena. Es algo más que amar. 
  Algo más.
  Que estúpida, como pude no haberme dado cuenta de la obviedad de que el amor no podía ser solo eso? Lo tenía frente a los ojos, el amor nunca fue solo veneno. Siempre fue algo más. Algo para lo que quizá no estaba lista hasta hoy. Hasta que me di cuenta que merezco el amor mas grande y puro que exista.
  Merezco lo que tengo. Y es tan único que no sé bien como describirlo, pero supongo que basta con decir que puedo hacer lo que sea con él. Desde comer hasta dormir, pasar la noche hablando. Contarle chistes o mis peores miedos. Confiar, pelear, aprender. Desde reirme hasta llorar. Desde lo más complejo a lo más sencillo.
  Algo más. Más que todo lo que nunca imaginé. Más de lo que creí que podía sentir.
  La simpleza de almorzar pizza y acostarnos a dormir la siesta se vuelve la vida perfecta.
  Algo más que no puedo explicar, pero tampoco dejar de sentir.


miércoles, 16 de mayo de 2018

fragilidad

  Hoy mientras él preparaba café y yo preparaba su cama para acostarnos a ver una peli pensé "Que lindo es estar bien. Bien en serio, sin necesidad de pelear para no aburrirnos. Bien y punto". Terminé y fui a la cocina. Lo molesté, busqué hacerlo enojar con mis chistes mala onda, sólo porque amo su cara de culo cuando algo no le cae bien. Y hasta volqué el café en el piso por reírme. "¿Que te pasa? Estás tonta", "Esta es la Jaqueline autentica" le respondí.
  Hace tanto no me sentía así, pero claro ¿él que va a saber? Conoció a la rota, la que sonreía a medias porque una parte siempre permanecía llorando silenciosamente. Hoy después de casi un siglo volvió la que parece borracha todo el tiempo. La torpe que tira y se choca todo, la que dice cosas sin sentido y sin filtro en el momento en el que se le ocurren. Y digo que fue casi un siglo porque en realidad así se sintió. Como los seis meses en la Antártida en los que no hay rastro del sol.
  Borracha de felicidad, de la droga que me da estar cerca de él. Salí de cursar, almorzamos y nos íbamos a poner a ver una peli. Hacía un frío de locos y me prestó sus medias y sus pantuflas. Y yo estaba ebria de felicidad, de ser feliz solo por estar en su casa, con él, con Santi, con todo lo simple pero hermoso que es lo que sentimos, lo que tenemos, lo que somos.
  Para ser feliz se necesita menos de lo que yo creía, porque con él me alcanza y sobra. Me sobra tanto que se me escapa por los poros y termino actuando como una tonta, como una torpe. Tiro café al piso y hago chistes malos solo porque quiero verlo sonreír. Porque por más egoísta que eso sea, verlo sonreír me hace feliz y hoy en día solo quiero eso: ser feliz.
 La que fui de un tiempo a esta parte parece estar desapareciendo, y en realidad solo se está desvaneciendo la máscara bajo la que me escondía. "Preguntale a mi mamá" le dije también. Ella es la única que me conoce desde que nací, que sabe cual es la autentica. La que por tanto tiempo tuvo que irse a causa del dolor, y la que hoy de a poco se anima a retornar porque se dió cuenta que vale la pena. Que este amor vale arriesgarse una y mil vidas, porque más que penas solo trae paz. La que tanto quise por tanto tiempo. La que pienso defender con uñas y dientes.
  Nada va a lograr hacerme perder este amor.


martes, 15 de mayo de 2018

Solo muere quien se olvida


  No pude escribirte antes, pero mejor tarde que nunca, no? Aca estoy con el reporte del primer año sin verte.
  Fue difícil, no lo voy a negar. Todavia hoy se me empaña la mirada cuando te nombran, cuando cuentan alguna anécdota. Pero me obligo a sonreir, por vos, porque eso fue lo que me regalaste siempre (sonrisas❤) y también por los que quedan y me necesitan fuerte. Es una especie de karma, sabes? No lo puedo evitar, reprimo el dolor propio y cargo con el de los que amo. No se si me lo enseñaron o aprendí sola, pero no me sale de otra manera.
  Te prometí que los iba a cuidar, y eso intento cada dia. Cada vez que los veo. Con cada abrazo que le doy a la tia y con cada chiste que le hago a Agus para que se ria un poco. Con cada charla y consejo con Joaco, y cada gesto protector con Bauti.
  Dejaste un vacio bastante grande que intentamos llenar con amor todos los días. Con el amor de familia que siempre sentimos, el amor puro que nos unía.
  Y mal que mal ahí vamos, rotos pero en carrera. Cata se ocupa de hacer feliz a la abuela, y Pía de traer una nueva esperanza para todos.
 Yo estoy un poco más destruida que hace un año, porque la ficha siempre me cae tarde. Primero me ocupo de que todos los demás estén mas o menos bien, mis lágrimas pueden esperar guardaditas en su lugar.
  Despues de un año estoy llorando todo lo que no pude esa noche y todas las que siguieron. Lloro por que extraño tus abrazos, y que me digas que soy tu favorita. Que me hagas sentir que lo soy, que soy la nena que siempre quisiste de hija y nunca llegó. Te extraño mucho. Extraño tu risa y tus picardías cómplices. Extraño ser tu protegida.
  Pero tambien pasaron cosas buenas, también  soy feliz, y te lo quiero contar. El sábado hubiera sido un dia demasiado difícil si no tuviera a quien tengo al lado. Te caería bien. Es callado como vos, y también demuestra el amor más con abrazos que con palabras, así como lo hacías vos. Me hace sentir especial sin tener que decirme que lo soy, y es un apoyo y un pilar sin el que no podría vivir.
  Jane va a ser mamá, lo podes creer? y todos estamos muy emocionados, sobre todo la abuela. Agus está estudiando un terciario ja! Y Joaco retomó la carrera. También puso un kiosco, y un emprendimiento de pizza y estoy segura que en unos meses la lista va a ser más larga porque es ambicioso como vos.
  Mamá está destrozada, ella quiere ocultarlo pero no puede. Es de las personas que los sentimientos se le notan a 3 km de distancia y aunque se esfuerza, se que le cuesta levantarse cada día despues de ese 12 de mayo. A todos nos cuesta un poco. Pero nos levantamos y seguimos igual. Un poco porque la vida lo exige, otro poco porque en el fondo a pesar de las perdidas sabemos que ya ganamos muchas y quedan muchas más por ganar.
  Espero que estes bien donde sea que estés. Yo desde acá te mando todo mi amor, ese que siempre nos unió. Te extraño pero te llevo conmigo siempre. 



   

jueves, 3 de mayo de 2018

de amores

  Nunca fui de las que sueñan con príncipes azules. O bueno, en realidad si pero fue hace tanto tiempo que a penas me acuerdo de lo que sentía. Creo que tenía 13 o 14 años, estaba enamorada de un chico unos tres años mayor que no conocía mi existencia, sólo lo veía en los recreos del colegio y más que su nombre y su edad no sabía. Si lo pienso desde cómo soy hoy, me parezco una idiota. Pero también me doy muchísima ternura, ¿quien no estuvo hasta el cuello por amor cuando a penas sabía lo que eso significaba? Siempre fui de tener diarios o cuadernos en los que escribía (porque todavía no sabía que existían los blogs) pero a él le escribía poemas y cartas que nunca llegaron a destino. Nunca ni siquiera me animé a decirle que me gustaba. Cruzábamos una o dos palabras por msn, me saludaba cuando me cruzaba en los pasillos y del resto se ocupaba mi cabeza soñadora. En esa época todavía creía en los príncipes, en el amor, en el para siempre.
  Después llegó mi primer novio, y aunque seguía soñando con un príncipe azul, él me enseñó cosas mucho mejores que los cuentos de hadas. Cosas como el compañerismo, la lealtad y la amistad. Si, también la amistad. Fue mi novio por nueve meses, pero también fue mi amigo, mi compinche, mi compañero. Circunstancias un tanto idiotas e inmaduras nos pusieron fin, pero dejó en mí para siempre un nuevo sueño. Ya no quería príncipes, quería un compañero. Seguía siendo bastante soñadora e inocente, pero los cuentos de hadas no me emocionaban tanto como antes. Y empecé a soñar con esas películas modernas de comedia romántica en las que el chico malo se vuelve bueno gracias al amor, y pasa de ser alguien bastante tóxico a el sueño de toda chica. Empecé a creer en la idea de que el amor todo lo podía, empecé a soñar con la idea de que alguien se enamoraría tanto de mí que llegaría a cambiar todo lo que estaba mal.
  Y así fue como conocí a mi primer error (o acierto, no estoy segura. Los errores nos enseñan, ¿no? Quizá simplemente era necesario que él apareciera). La idea no es dar nombres, pero digamos que todos mis amigos recuerdan bien el suyo. Así como también mi familia, mis conocidos, creo que hasta esa gente a la que no le caigo muy bien lo sabe. Y es que fue mi primer amor, o desamor dependiendo de donde se lo mire, y como tal yo no sabía hablar de otra cosa.
  Mi primer novio fue de esas relaciones lisas y llanas, en las que sentís una especie de felicidad o estabilidad en la que te refugias, pero que no te implica realmente. Mi primer error arrasó con todo lo anterior, lo desterró, lo volvió polvo. Terminé por caer en la cuenta de que no había sentido amor hasta él, hasta que lo conocí, me robó el mundo entero y me rompió el corazón. Nunca había sentido la tormenta interna que genera el estar enamorada. Nunca había sufrido el dolor de ver caer poco a poco todas tus esperanzas. El sueño del chico malo que se convierte en bueno me explotó en la cara. Él era un chico malo, pero ningún amor logró cambiarlo (nunca, ni siquiera al día de hoy después de 7 años). Pero a pesar de estar con el alma hecha pedazos por mi primer batalla perdida, nunca abandoné la idea de amor que creía. Vagué sola, deambulando por otros semi amores que nunca llegaron a ser importantes por mucho tiempo. Nadie me provocaba algo genuino, nadie era él. Y es que hoy creo que superar el primer amor es de las cosas más complicadas, no porque haya sido realmente hermoso sino porque fue el primero, y por tanto es el que para siempre va a permanecer presente.
  Un par de años más tarde, cuando ya estaba lo bastante perdida como para no saber qué era la felicidad y qué el dolor, conocí a mi segundo gran error. Y acá voy a hacer una pausa, porque si antes dije que no estaba segura de si mi primer amor era error o acierto, esta vez estoy convencida de asegurar que el huracán fue un error. Me gusta decirle así porque en realidad es como siempre se comportó, como un huracán. Llegaba, destruía todo y se iba. Todavía hoy después de casi 4 años vuelve de vez en cuando a querer romper alguna que otra cosa que se cruce en su camino, aunque por suerte la puerta que antes lo dejaba entrar, ahora permanece cerrada. Nunca nadie me lastimó tanto, por nadie dí tanto sin recibir nada a cambio. Si mi primer amor me rompió el corazón, el huracán logro destruirme completa. Ya ni siquiera sabía quién era yo. Lo bueno duró poco, y el resto fue mi penosa persona intentando que algo funcione a costa de mi misma. De mis gustos, mis tiempos, mis amigos, mi bienestar y mi paz. Para cuando se fue "definitivamente" (puesto en comillas porque en realidad siempre vuelve), para cuando se fue ya no me quedaban sueños. Ni príncipes, ni compañeros, ni chico malo convertido en el bueno. De pronto me encontré sola, tirada, sin fuerza, sin reconocerme, totalmente destruida, ida, lastimada. Me quedaban pedazos, algunos pocos, de la chica que antes había sido. Así que no tuve más remedio que empezar de cero, juntar las partes desparramadas y volver a crear las faltantes para sentirme otra vez completa. Y me costó tanto. Fue difícil el encontrarme sola y lastimada, pero aún más cerrar de una vez por todas esa puerta por la que de vez en cuando él quería volver a entrar. Maldito huracán que no suelta pero tampoco agarra del todo, nacido para destruir.
  Perdí las esperanzas y la fe. Destruí todas las ideas de amor, dejé de soñar y creé a mi alrededor una dura y concreta capa de hielo que me protegiera. Nadie nunca iba a volver a destruirme así otra vez. Nadie iba a volver a dejarme tan rota. Me había costado tanto recomponerme que no quería que nadie más entrara por esa puerta. Y los amores baratos de un rato volvieron a circulación. Relaciones superficiales para no involucrarme, para no sufrir, para no tener que pasar por ese dolor otra vez.
  Pero lo peor todavía no había llegado. ¿Que panorama desolador, no? En realidad estoy a punto de relatar la historia más hermosa y triste de mi vida. Apareció cuando lo más parecido al amor que existía para mí era salir a tomar con mis amigas. No lo tomé en serio, nunca lo tomé en serio. Es que él estaba en la misma que yo, y mientras nos mantuvieramos juntos en la idea de salir, divertirnos y que todo quedara lejos de los verdaderos sentimientos, nada podía salir mal.
   La vida suele dar las mejores lecciones a base de cachetadas que te dan vuelta el mundo. No fui yo evitando enamorarme, no fue él siendo malo, menos un desastre natural. No fue nuestra culpa. No fue la culpa de nadie, pero todo cambia en un segundo, ¿saben? Con mi gede amor (como le decía por ser fan de las fiestas y el alcohol), aprendí lo mucho que vale un segundo. Un micro segundo. Una charla sin importancia, una caricia, un abrazo, un instante feliz. Eso fue él para mí, un instante feliz y una vida de dolor. Para siempre voy a llevar clavado su dolor, nuestro dolor. Un día se fue y nunca volvió, y lo extrañé por tanto tiempo que hasta perdí la cuenta de los días, los meses, los años, las vidas que llevamos sin vernos. Mirá si son locas y mágicas las cosas, el ultimo mensaje que recibí de su parte antes de que la vida se lo llevara decía: "que lindo fue cruzarte". Eso fue nuestra historia, un pequeño e insignificante cruce. Como cuando se encuentran dos caminos que van en direcciones opuestas. Sería hipócrita decir que no disfrutamos el poco tiempo que nos tocó compartir, si hasta creí que habíamos sido hechos uno para el otro.
  Con el tiempo entendí que lo nuestro solo venía a enseñarme lo importante de vivir a pleno cada segundo de mi vida. Cada micro segundo. Cada instante. Porque eso es lo que tarda la vida en cambiar, una unidad de tiempo que ni siquiera podemos percibir y el mundo, las circunstancias, absolutamente todo lo que damos por seguro puede desaparecer y nunca volver. Todavía me duele un poco el corazón, pero llevo como bandera todo lo que me enseñó. Cada uno de sus consejos, cada una de sus frases. "No tengas miedo corazón, si lo que tiene que ser, será".
  Perdí mis esperanzas en la vida que me parecía tan injusta. Perdí la fe en la idea de felicidad que me parecía tan lejana. Pero también perdí el miedo y los prejuicios. Las barreras y los mil tapujos que le ponía al amor. Y me quedé desnuda en alma. Ya no tenía nada, pero eso significaba que podía volver a empezar, aunque me doliera dejar todo atrás. ¿Que más podía hacer?
  Todo estaba bastante oscuro, gris, desolador. Esperanzas no había. El amor había pasado a ser algo casi inalcanzable, imposible, utópico. Con lo difícil que era poder coincidir con alguien, la única vez en mi vida que lo había logrado, el destino me lo había arrebatado de las manos sin compasión.
  Cuando llegó estaba tan desilusionada de la vida que ni siquiera advertí lo que podía significar. Pero de todas maneras acepté sus abrazos, eran una mezcla de dulzura con seguridad que me hacían creer que no todo estaba tan mal. Acepté sus besos, sus charlas, su consuelo. Poco a poco acepté su amor, el amor más puro que había recibido jamás, y sin saber cómo me encontré a mi misma sin barrera que me protegiera de enamorarme. Pataleé y me resistí un poco. También lloré, porque no me lo podía creer, ¿cómo iba a ser posible? Después de todo lo pasado, del camino tan transitado y lleno de piedras, ¿era real? No podía simplemente volver a creer que algo bueno me esperaba si cada vez que lo hacía veía como todo se desmoronaba en menos tiempo del que me llevaba salir corriendo. Pero, ¿para qué tener miedo si lo que tiene que ser, será? Me costó bastante, pero el camino lleno de piedras solo me estaba preparando. Necesitaba aprender a reconocer el amor, el verdadero amor que nada tenía que ver con príncipes, chicos malos o huracanes. Aunque en algo no estaba equivocada. El anhelo de un compañero de vida se volvió realidad, y yo todavía sigo sin poder creermelo.
  Tuve que aprender a los golpes que los instantes se disfrutan, pero ahora resulta que soy feliz sólo con tomarlo de la mano. Y que puedo contarle cualquier cosa que se me ocurra, porque a demás de mi gran amor, es mi amigo. Mi compinche, alguien con quien puedo contar más allá de todo.
  Confianza, lealtad, amor. Gran amor. La vida no era tan mala después de todo, aunque sí un poco extremista en sus formas de enseñanzas. Pero ahora lo entiendo, lo veo tan claro: necesitaba estar lista, necesitaba aprender un millón de cosas sobre el amor, sobre mí, sobre la vida, para llegar a este punto totalmente plena y poder disfrutar de quién se llevó la oscuridad y trajo la primavera otra vez. El sol volvió a brillar, y esta vez tengo los pies bien pegados a la tierra aunque siga siendo un tanto romántica y soñadora.
  Hoy por fin después de tanto descubrí lo que es el amor.
  Hoy por fin después de tanto soy feliz.
  Tengo un gran amor. Un amor de esos con los que la eternidad te parece un tiempo demasiado corto.
  Hoy por fin crecí lo suficiente para que el amor no signifique dolor nunca más.

lunes, 30 de abril de 2018

Yo te creo

  Me duele mucho el corazón.
  Hace cerca de dos días hay una iniciativa en twitter que se llama "#cuentalo". La idea es visibilizar todos los casos de violencia contra la mujer que existieron y existen.
  Entré a leer esas historias, entre a leer a esas mujeres, sus miedos y sus traumas. En un principio me encontré con todos esos casos conocidos por lo medios, los extremos, los que erizan la piel y estrujan el alma. Todos esos casos de las que ya no están, las que no tienen voz, y por las que empezó esta iniciativa. Pero después empecé a toparme con casos no tan extremos, más naturalizados, más tapados pero no menos importantes. Y caí en la cuenta de que si haces un poquito de memoria, si te animas a ver un poquito el pasado, todas tenemos algo que contar. Que ninguna se salva, que todas sufrimos por un sistema que nos oprime solo por haber nacido mujer.
  Me acordé de cuando tenía 12 años y un hombre que podría ser mi abuelo me gritó en la calle. De como yo no entendía a que se refería, si todavía jugaba con muñecas. Me acuerdo de los comentarios que hacían mi mamá y mi abuela, de que era chica pero ya tenia el cuerpo desarrollado. De que era linda, que era casi inevitable que eso me pasara.
  Siendo más grande me acuerdo como mi primer novio (de 14 años igual que yo) casi se va a las piñas porque otros chicos que pasaban me dijeron cosas. De la impotencia que él sintió por no poder defenderme, de lo culpable que me sentí.
   Me acordé de la vez que en la parada de micro de mi casa un hombre de unos 30 años empieza a decirme cosas al oído sobre lo que le gustaría hacerme. D como me sentí paralizada,  tanto que ni siquiera pude moverme, menos contarlo. Tenía 18 años, y me culpé. No quise volver a ponerme ese short blanco. No pude olvidarme de su cara, ni del tono de su voz.
  Me acordé de todas esas veces en boliches en los que me tocaron el culo, me levantaron la pollera o el vestido, me gritaron cosas o simplemente me persiguieron por todo el lugar a pesar de mis reiterados "no". O esa vez en la que en un boliche, un chico con el que estaba me dio de tomar reiteradas veces vodka para luego intentar convencerme de subir a la barra a bailar. O como todos mis compañeros me insistieron para que quedara en corpiño en el escenario de otro boliche para poder ganar un concurso estúpido en el ultimo año de colegio.
  Algunas veces me negué. Otras me paralicé, lo pasé por alto, naturalicé las cosas que me hacían sufrir en algún punto. Lloré noches enteras pensando que era mi culpa que ningún chico quisiera ser mi novio, porque yo salía todos los fin de semanas, porque era mi culpa que no pudieran "confiar" y dejar de lado los celos y el control.
  Me acordé y me dolió en lo más profundo de mi ser haberme dado cuenta recién hoy de que era el sistema en el que vivimos el que me hacía sufrir. Hoy con 22 años lo puedo ver, puedo entender que nunca fue mi culpa. Que simplemente no tuve la suerte de nacer hombre. Hoy puedo ver porqué mi mamá insistía en ir a buscarme a todas partes y no me dejaba tomar taxis o remises. Porqué insistía tanto en que cualquier bebida que tomara fuera abierta ante mis ojos, que no tomara de cualquier vaso ni aceptara lo que desconocidos me ofrecían. Ella sentía el miedo que ahora siento yo, y que no voy a dejar que me paralice nunca más.
  Por las que no están. Por las que no tienen voz. Y también por las que quedamos. Las que estamos, las que sufrimos, las que vamos a luchar para ninguna más tenga que sufrir solo por el hecho ser mujer.
  Arriba el feminismo que va a vencer.

jueves, 12 de abril de 2018

Alice

 Caigo.
 Todavía no entiendo bien porqué o hacia donde.
 Todo está oscuro, y aunque debería sentir miedo, una extraña calma me invade. Pero no estoy segura de que se trata del tipo de calma que te hace permanecer tranquilo. Parece más un silencio ahogado, obligado. No grito ni entro en pánico, tan solo observo mientras me hundo. Es un hueco que parece no tener fín. Caigo. Caigo. Continuo cayendo.
  Me da miedo llegar al fondo, y a la vez lo ansío. Me hace sentir mal el intermedio, el tiempo de espera hasta que lo peor llega. Porque sé que va a llegar, tarde o temprano el duro fondo se va a hacer presente. Siento nauseas, estoy mareada, y donde debería existir enojo solo encuentro tristeza. Es extraño como se siente.
   Yo creía estar en tierra firme, o quizá nunca fue así realmente, quizá siempre fue una sensación. Sensación de firmeza. Supongo que es lo que me gano por permitirle a alguien que me sostenga. El suelo parecía estar bajo mis pies hasta que esas manos me soltaron. Me empujaron. O simplemente en un acto de torpeza resbalaron de las mías. Si, creo recordar que así fue. Una imprudencia, una estupidez, un accidente. Un detalle que me ahuecó el corazón y dejó a la deriva en esta oscuridad.
  Donde debería haber enojo solo hay cansancio. Comienzo a sentir el cansancio en mis sienes. En mis piernas. En mi alma. Estoy cansada de caer, de siempre caer pero nunca llegar a tocar fondo.
  Supongo que un poco es mi culpa, por ser de las que lucha. Siempre que puedo intento aferrarme a las raíces, intento agarrarlas, sostenerme, no hundirme. Pero esta vez todo me resulta demasiado superador.
  Donde debería haber enojo, hay decepción. Y cuando lo comprendo, la distancia se acorta y el fondo del pozo me golpea. Ya no tengo a donde ir, ni a donde volver. ¿Seré capaz de volver y ser la misma algún día? No dejo de sentir que este pozo al igual que la decepción, son un camino de ida.
  No quiero que el cansancio me gane. No quiero aceptar la derrota. No quiero permitir que los pequeños detalles dañen el suelo bajo mis pies. No quiero un día despertar y tener que irme de ese lugar que amo sólo porque ya no es lo que era. Ya no es mi lugar.



martes, 10 de abril de 2018

El mundo entero se da vuelta a mirar cuando pasás. Entrás en una habitación y siento como de repente toda la atención está puesta en mi mano izquierda. En quién la sostiene. Y vos no te das cuenta de lo que provocás. Y yo tampoco me doy cuenta de lo increíble que es que alguien así sostiene mi mano. Mientras veo como todos te miran, vos me estás mirando a mí. No importa donde. Ni cómo. Ni cuando.
  Y puede que vos nunca caigas en la cuenta de lo increíble que sos, no sólo para mí, sino para todos los que te conocen. Pero lo bueno es que yo sí me di cuenta. 
  Me di cuanta que es idiota mirar cómo te miran. Estoy perdiendo el tiempo. Tiempo que puedo emplear mirandote. A vos. A mi. A nosotros mientras nos miran los demás. Mientras vos me mirás. 
  Nunca me voy a cansar de mirarte y disfrutar de ese instante en el que las demás miradas (y el mundo entero) desaparecen. 

martes, 3 de abril de 2018

Tengo miedo que haya un día sin mañana

   Como caminar con un globo en la mano y los ojos vendados por un laverinto de cactus. Como intentar correr llevando copas de cristal con las manos llenas de jabón. Como querer arreglar un reloj delicado siendo mecánico de autos. Así de frágil te siento. Así de torpe me considero. Es tan difícil que todos los días hago un esfuerzo enorme, porque realmente sé que vale la pena reducir mis torpezas al menor porcentaje posible. Porque si me dejara ser la mayoría de las veces terminaría sintiéndome fatal. Ah no, pará.. eso pasa a cada rato.
    Es como si fuera una carrera en la que te estás manteniendo enfocado, totalmente concentrado, y la cosa más tonta te hace tropezar. Un par te cordones desatados, una rama, una piedrita insignificante que tiró abajo no sólo tu cuerpo, sino todo ese esfuerzo. Todo a la basura, la carrera ya la perdiste y todo lo anterior se siente... en vano.
   Me esfuerzo porque normalmente no me doy cuenta de las cosas más obvias, porque muchas (por no decir todas) las veces necesito que me digan qué está pasando. Qué está mal. Que se siente pesado. Que estoy haciendo para cagarla. Porque la cago, eso no tiene discusión pero nunca es con verdadera intención. Vivo tan al revés. Voy siempre tan a la contraria que supongo que muchas veces no sé como funcionan los demás. Y cuando algo sale mal, intento comprender, ponerme en otros zapatos. Y termino cagandola peor. Debería cerrar la boca.
   ¿Vieron que siempre estoy, permanezco, termino sola? Es triste darme cuenta que quizá sea porque no sé funcionar con alguien más. Es tal vez simplemente que me acostumbré tanto a ser solo yo que incluir a un otro puede traer daños colaterales. Daños que no quiero causar. Daños que causa todo ese tiempo que no tuve que pensar en nadie más que en mí. Es que a eso te lleva un corazón roto muchas veces: pensar solo en vos.
   Pasé por tanto yo sola. Solita, conmigo y mi corazón, que aprendí a arreglarmelas así. Aprendí a no depender de nadie más, a poder con todo sin quejarme, sin echar culpas. Y eso no está mal, creo. Pero la peor consecuencia es que al día de hoy sólo soy capaz de pensar en mí. En mí dolor, mís angustias, mís problemas. Me cuesta tanto pero tanto incluir a alguien más. Darme cuenta que casi siempre sólo está queriendo ayudarme, que aunque pueda sola quizá sea mejor aceptar la mano que se me ofrece para levantarme.
   Me cuesta medir las consecuencias de mis acciones, porque estando sola lo que sea que hagas no tiene onda expansiva que dañe, porque no hay nadie cerca a quién dañar.
    Me cuesta aceptar que alguien depende de mí. Que dependo de alguien.
    Me cuesta dejarme querer.
    Me cuesta creer que ya no tengo que estar sola nunca más. Que la pesadilla terminó.
    Me cuesta aceptar que puede que el sueño por fín comenzó.
    Que ya no hay que pasar por nada más solas.

  Ya no se trata de sobrevivir, sino de dejarse llevar y ser feliz.

lunes, 26 de marzo de 2018

 Como la torta que en apariencia parece deliciosa, pero en realidad contiene sal en vez de azúcar. Como el día soleado de Invierno que te invita a salir, hasta que caes en la cuenta de que hace demasiado frío. Como el agua caliente cuando tenés demasiada sed. Como la comida que odias cuando tenés muchísima hambre. Así se siente mi vida. Como algo perfecto de lo que no soy capaz de disfrutar.
  Siempre me costó relajarme y ser feliz, pero justo ahora me parece demasiado. La mayoría de los momentos agradables que vivo desencadenan sin remedio en un llanto desgarrador que no puedo explicarme ni a mi misma. ¿Tristeza? No estoy segura.
  No sé que es lo que me pasa adentro, y eso me angustia todavía más. No sé que hacer para sentirme mejor. No es tristeza absoluta, ni tampoco felicidad plena. No es ni una cosa ni la otra. Mi vida es una mezcla extraña de momentos felices que no me permito disfrutar completamente. Como si fuera el castigo, la cuota que tengo que pagar: después de un instante feliz, al menos 10 minutos de llanto. 
  Ni siquiera lo puedo controlar, y creo que se trata de que ser feliz me da muchísima culpa. Ponerme primero me hace sentir como la persona más cruel del universo. Ponerme primero en mi cabeza equivale a destruir a ese otro que me necesita.
  Me gustaría poder cortar de raíz este sentimiento. Me gustaría poder arrancarme lo que siento cada vez que pienso que puede que me necesite y no estoy ahí para él. Me gustaría no sentirme tan responsable por su dolor, pero dediqué dos años de mi vida a intentar ahorrárselo y ahora no estoy ahí para seguir haciéndolo. Me alejé para empezar a ahorrarme dolor a mi misma, y la culpa solo está logrando que ese dolor sea todavía peor.
  ¿Cuando se va a terminar esta pesadilla? Me quiero despertar.
  O perder la memoria. Olvidarme hasta de quien soy. Olvidar el dolor. Olvidar todo.
  Olvidarlo. Dejar de sentirme responsable. Dejar de castigarme por ser feliz.


viernes, 16 de marzo de 2018

Magia

  Te vas a romper en mil pedazos y vas a rogar a quien sea que maneja los sentimientos, que por favor apague los tuyos porque ya no vas a poder soportarlos.
  El dolor es silencioso, y a veces el silencio se vuelve insoportable. Vas a llorar hasta desgarrarte. Vas a enojarte con todo el mundo por estupideces porque en realidad estas enojado con el mundo, con la vida, con las circunstancias, con el dolor. Vas a querer salir todos los dias o vas a querer quedarte en casa solo y aislado. Vas a desear nunca haberte enamorado. Vas a desear perder la memoria. Vas a enloquecer y quemar todos los recuerdos. Y vas a llorar cuando te des cuenta que destruiste lo último que te quedaba de ese amor. Vas a odiar. A esa persona, a sus amigos, a su gusto musical, su equipo de fútbol y a todas esas cosas que te hagan acordar el dolor que llevas clavado en el pecho.
  Pero un buen día también te vas a levantar y vas a sentir una clase de alivio extraño, que aparece cuando el cielo aclara. La tormenta ya pasó, y sobreviviste. Todo parece en orden otra vez. Ya no lloras, ni te enojas por cualquier cosa. Ya no sentis el remolino de sentimientos. Ya no sufris, ni odias. Todo permanece en calma, pero quiero contarte que por más de que ya no duela, esta es la peor parte.
  Sanaste. Te sentís como nuevo otra vez, y eso se convierte en la peor parte porque no querés que nadie lo arruine. No querés arruinarlo. Te costó tanto. Tanto esfuerzo, tanto dolor, tantas noches y tantos dias.
  Llegó la peor parte porque volver a confiar se hace una tarea casi imposible. Porque volver a dejar entrar a alguien significa dar pase libre a que destruyan otra vez todo eso que tanto te costó volver a construir.
  Resulta que ahora no solo cargas con las heridas, sino también con los miedos que estas dejaron. Y te sentís atacado cada vez que alguien pretende acercarse demasiado. Ves fantasmas donde no los hay. Espejismos pasados que vuelven, que te recuerdan lo que puede pasar si te volvés a entregar. Pero dejame contarte un secreto, sólo una cosa puede pasar si volvés a confiar: magia.
  La magia de amar a pesar de que pueda fallar. La locura de sentir que es para siempre aunque pueda terminar. La hermosura de enamorarse y amar aunque pueda doler. Porque estoy segura que duele más quedarse quieto sin sentir por miedo.
  Porque el amor nunca trae algo bueno. El amor siempre trae algo mejor.