lunes, 30 de abril de 2018

Yo te creo

  Me duele mucho el corazón.
  Hace cerca de dos días hay una iniciativa en twitter que se llama "#cuentalo". La idea es visibilizar todos los casos de violencia contra la mujer que existieron y existen.
  Entré a leer esas historias, entre a leer a esas mujeres, sus miedos y sus traumas. En un principio me encontré con todos esos casos conocidos por lo medios, los extremos, los que erizan la piel y estrujan el alma. Todos esos casos de las que ya no están, las que no tienen voz, y por las que empezó esta iniciativa. Pero después empecé a toparme con casos no tan extremos, más naturalizados, más tapados pero no menos importantes. Y caí en la cuenta de que si haces un poquito de memoria, si te animas a ver un poquito el pasado, todas tenemos algo que contar. Que ninguna se salva, que todas sufrimos por un sistema que nos oprime solo por haber nacido mujer.
  Me acordé de cuando tenía 12 años y un hombre que podría ser mi abuelo me gritó en la calle. De como yo no entendía a que se refería, si todavía jugaba con muñecas. Me acuerdo de los comentarios que hacían mi mamá y mi abuela, de que era chica pero ya tenia el cuerpo desarrollado. De que era linda, que era casi inevitable que eso me pasara.
  Siendo más grande me acuerdo como mi primer novio (de 14 años igual que yo) casi se va a las piñas porque otros chicos que pasaban me dijeron cosas. De la impotencia que él sintió por no poder defenderme, de lo culpable que me sentí.
   Me acordé de la vez que en la parada de micro de mi casa un hombre de unos 30 años empieza a decirme cosas al oído sobre lo que le gustaría hacerme. D como me sentí paralizada,  tanto que ni siquiera pude moverme, menos contarlo. Tenía 18 años, y me culpé. No quise volver a ponerme ese short blanco. No pude olvidarme de su cara, ni del tono de su voz.
  Me acordé de todas esas veces en boliches en los que me tocaron el culo, me levantaron la pollera o el vestido, me gritaron cosas o simplemente me persiguieron por todo el lugar a pesar de mis reiterados "no". O esa vez en la que en un boliche, un chico con el que estaba me dio de tomar reiteradas veces vodka para luego intentar convencerme de subir a la barra a bailar. O como todos mis compañeros me insistieron para que quedara en corpiño en el escenario de otro boliche para poder ganar un concurso estúpido en el ultimo año de colegio.
  Algunas veces me negué. Otras me paralicé, lo pasé por alto, naturalicé las cosas que me hacían sufrir en algún punto. Lloré noches enteras pensando que era mi culpa que ningún chico quisiera ser mi novio, porque yo salía todos los fin de semanas, porque era mi culpa que no pudieran "confiar" y dejar de lado los celos y el control.
  Me acordé y me dolió en lo más profundo de mi ser haberme dado cuenta recién hoy de que era el sistema en el que vivimos el que me hacía sufrir. Hoy con 22 años lo puedo ver, puedo entender que nunca fue mi culpa. Que simplemente no tuve la suerte de nacer hombre. Hoy puedo ver porqué mi mamá insistía en ir a buscarme a todas partes y no me dejaba tomar taxis o remises. Porqué insistía tanto en que cualquier bebida que tomara fuera abierta ante mis ojos, que no tomara de cualquier vaso ni aceptara lo que desconocidos me ofrecían. Ella sentía el miedo que ahora siento yo, y que no voy a dejar que me paralice nunca más.
  Por las que no están. Por las que no tienen voz. Y también por las que quedamos. Las que estamos, las que sufrimos, las que vamos a luchar para ninguna más tenga que sufrir solo por el hecho ser mujer.
  Arriba el feminismo que va a vencer.

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