EL MUNDO PATAS PARA ARRIBA.
Por eso no me sorprende. Tenia que ser un domingo.
A veces me gusta flashar que en realidad estoy dormida. Que esto es una pesadilla en la que estoy atrapada y que cuando logre despertarme voy a seguir estando en la cama de mi tia favorita, voy a buscar el celular entre las almohadas y cuando lo desbloquee si voy a encontrar un mensaje suyo. Que cuando me despierte el todavia va a estar del otro lado esperando mi contestación. Me gusta (y hasta necesito) pensar que sigo dormida y en realidad estos ocho meses fueron solo un par de horas de mi siesta de domingo.
Hace rato que me quiero despertar. Y que otra vez sea 16 de agosto, y que todo sea sencillamente distinto. Flasho mil veces con volver el tiempo atrás y llamarlo el mediodia de ese maldito domingo solo para decirle que use el casco. Que no sea idiota, que use ese maldito casco. Que no desaparezca por tanto tiempo, que yo lo voy a necesitar conmigo, que los siguientes meses van a ser demasiado duros si no usa ese puto casco.
Y aunque estoy en un pesadilla desde ese asqueroso domingo, no hay forma de que pueda despertar. Y solo me queda esperar, y sufrir un poco mas. Uno, dos, mil domingos más. Mil 16 de todos los meses habidos y por haber. Cada tarde. Cada moto. Cada momento. Cada llanto.
Domingo. Siempre odie los domingos.
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