jueves, 12 de abril de 2018

Alice

 Caigo.
 Todavía no entiendo bien porqué o hacia donde.
 Todo está oscuro, y aunque debería sentir miedo, una extraña calma me invade. Pero no estoy segura de que se trata del tipo de calma que te hace permanecer tranquilo. Parece más un silencio ahogado, obligado. No grito ni entro en pánico, tan solo observo mientras me hundo. Es un hueco que parece no tener fín. Caigo. Caigo. Continuo cayendo.
  Me da miedo llegar al fondo, y a la vez lo ansío. Me hace sentir mal el intermedio, el tiempo de espera hasta que lo peor llega. Porque sé que va a llegar, tarde o temprano el duro fondo se va a hacer presente. Siento nauseas, estoy mareada, y donde debería existir enojo solo encuentro tristeza. Es extraño como se siente.
   Yo creía estar en tierra firme, o quizá nunca fue así realmente, quizá siempre fue una sensación. Sensación de firmeza. Supongo que es lo que me gano por permitirle a alguien que me sostenga. El suelo parecía estar bajo mis pies hasta que esas manos me soltaron. Me empujaron. O simplemente en un acto de torpeza resbalaron de las mías. Si, creo recordar que así fue. Una imprudencia, una estupidez, un accidente. Un detalle que me ahuecó el corazón y dejó a la deriva en esta oscuridad.
  Donde debería haber enojo solo hay cansancio. Comienzo a sentir el cansancio en mis sienes. En mis piernas. En mi alma. Estoy cansada de caer, de siempre caer pero nunca llegar a tocar fondo.
  Supongo que un poco es mi culpa, por ser de las que lucha. Siempre que puedo intento aferrarme a las raíces, intento agarrarlas, sostenerme, no hundirme. Pero esta vez todo me resulta demasiado superador.
  Donde debería haber enojo, hay decepción. Y cuando lo comprendo, la distancia se acorta y el fondo del pozo me golpea. Ya no tengo a donde ir, ni a donde volver. ¿Seré capaz de volver y ser la misma algún día? No dejo de sentir que este pozo al igual que la decepción, son un camino de ida.
  No quiero que el cansancio me gane. No quiero aceptar la derrota. No quiero permitir que los pequeños detalles dañen el suelo bajo mis pies. No quiero un día despertar y tener que irme de ese lugar que amo sólo porque ya no es lo que era. Ya no es mi lugar.



martes, 10 de abril de 2018

El mundo entero se da vuelta a mirar cuando pasás. Entrás en una habitación y siento como de repente toda la atención está puesta en mi mano izquierda. En quién la sostiene. Y vos no te das cuenta de lo que provocás. Y yo tampoco me doy cuenta de lo increíble que es que alguien así sostiene mi mano. Mientras veo como todos te miran, vos me estás mirando a mí. No importa donde. Ni cómo. Ni cuando.
  Y puede que vos nunca caigas en la cuenta de lo increíble que sos, no sólo para mí, sino para todos los que te conocen. Pero lo bueno es que yo sí me di cuenta. 
  Me di cuanta que es idiota mirar cómo te miran. Estoy perdiendo el tiempo. Tiempo que puedo emplear mirandote. A vos. A mi. A nosotros mientras nos miran los demás. Mientras vos me mirás. 
  Nunca me voy a cansar de mirarte y disfrutar de ese instante en el que las demás miradas (y el mundo entero) desaparecen. 

martes, 3 de abril de 2018

Tengo miedo que haya un día sin mañana

   Como caminar con un globo en la mano y los ojos vendados por un laverinto de cactus. Como intentar correr llevando copas de cristal con las manos llenas de jabón. Como querer arreglar un reloj delicado siendo mecánico de autos. Así de frágil te siento. Así de torpe me considero. Es tan difícil que todos los días hago un esfuerzo enorme, porque realmente sé que vale la pena reducir mis torpezas al menor porcentaje posible. Porque si me dejara ser la mayoría de las veces terminaría sintiéndome fatal. Ah no, pará.. eso pasa a cada rato.
    Es como si fuera una carrera en la que te estás manteniendo enfocado, totalmente concentrado, y la cosa más tonta te hace tropezar. Un par te cordones desatados, una rama, una piedrita insignificante que tiró abajo no sólo tu cuerpo, sino todo ese esfuerzo. Todo a la basura, la carrera ya la perdiste y todo lo anterior se siente... en vano.
   Me esfuerzo porque normalmente no me doy cuenta de las cosas más obvias, porque muchas (por no decir todas) las veces necesito que me digan qué está pasando. Qué está mal. Que se siente pesado. Que estoy haciendo para cagarla. Porque la cago, eso no tiene discusión pero nunca es con verdadera intención. Vivo tan al revés. Voy siempre tan a la contraria que supongo que muchas veces no sé como funcionan los demás. Y cuando algo sale mal, intento comprender, ponerme en otros zapatos. Y termino cagandola peor. Debería cerrar la boca.
   ¿Vieron que siempre estoy, permanezco, termino sola? Es triste darme cuenta que quizá sea porque no sé funcionar con alguien más. Es tal vez simplemente que me acostumbré tanto a ser solo yo que incluir a un otro puede traer daños colaterales. Daños que no quiero causar. Daños que causa todo ese tiempo que no tuve que pensar en nadie más que en mí. Es que a eso te lleva un corazón roto muchas veces: pensar solo en vos.
   Pasé por tanto yo sola. Solita, conmigo y mi corazón, que aprendí a arreglarmelas así. Aprendí a no depender de nadie más, a poder con todo sin quejarme, sin echar culpas. Y eso no está mal, creo. Pero la peor consecuencia es que al día de hoy sólo soy capaz de pensar en mí. En mí dolor, mís angustias, mís problemas. Me cuesta tanto pero tanto incluir a alguien más. Darme cuenta que casi siempre sólo está queriendo ayudarme, que aunque pueda sola quizá sea mejor aceptar la mano que se me ofrece para levantarme.
   Me cuesta medir las consecuencias de mis acciones, porque estando sola lo que sea que hagas no tiene onda expansiva que dañe, porque no hay nadie cerca a quién dañar.
    Me cuesta aceptar que alguien depende de mí. Que dependo de alguien.
    Me cuesta dejarme querer.
    Me cuesta creer que ya no tengo que estar sola nunca más. Que la pesadilla terminó.
    Me cuesta aceptar que puede que el sueño por fín comenzó.
    Que ya no hay que pasar por nada más solas.

  Ya no se trata de sobrevivir, sino de dejarse llevar y ser feliz.

lunes, 26 de marzo de 2018

 Como la torta que en apariencia parece deliciosa, pero en realidad contiene sal en vez de azúcar. Como el día soleado de Invierno que te invita a salir, hasta que caes en la cuenta de que hace demasiado frío. Como el agua caliente cuando tenés demasiada sed. Como la comida que odias cuando tenés muchísima hambre. Así se siente mi vida. Como algo perfecto de lo que no soy capaz de disfrutar.
  Siempre me costó relajarme y ser feliz, pero justo ahora me parece demasiado. La mayoría de los momentos agradables que vivo desencadenan sin remedio en un llanto desgarrador que no puedo explicarme ni a mi misma. ¿Tristeza? No estoy segura.
  No sé que es lo que me pasa adentro, y eso me angustia todavía más. No sé que hacer para sentirme mejor. No es tristeza absoluta, ni tampoco felicidad plena. No es ni una cosa ni la otra. Mi vida es una mezcla extraña de momentos felices que no me permito disfrutar completamente. Como si fuera el castigo, la cuota que tengo que pagar: después de un instante feliz, al menos 10 minutos de llanto. 
  Ni siquiera lo puedo controlar, y creo que se trata de que ser feliz me da muchísima culpa. Ponerme primero me hace sentir como la persona más cruel del universo. Ponerme primero en mi cabeza equivale a destruir a ese otro que me necesita.
  Me gustaría poder cortar de raíz este sentimiento. Me gustaría poder arrancarme lo que siento cada vez que pienso que puede que me necesite y no estoy ahí para él. Me gustaría no sentirme tan responsable por su dolor, pero dediqué dos años de mi vida a intentar ahorrárselo y ahora no estoy ahí para seguir haciéndolo. Me alejé para empezar a ahorrarme dolor a mi misma, y la culpa solo está logrando que ese dolor sea todavía peor.
  ¿Cuando se va a terminar esta pesadilla? Me quiero despertar.
  O perder la memoria. Olvidarme hasta de quien soy. Olvidar el dolor. Olvidar todo.
  Olvidarlo. Dejar de sentirme responsable. Dejar de castigarme por ser feliz.


viernes, 16 de marzo de 2018

Magia

  Te vas a romper en mil pedazos y vas a rogar a quien sea que maneja los sentimientos, que por favor apague los tuyos porque ya no vas a poder soportarlos.
  El dolor es silencioso, y a veces el silencio se vuelve insoportable. Vas a llorar hasta desgarrarte. Vas a enojarte con todo el mundo por estupideces porque en realidad estas enojado con el mundo, con la vida, con las circunstancias, con el dolor. Vas a querer salir todos los dias o vas a querer quedarte en casa solo y aislado. Vas a desear nunca haberte enamorado. Vas a desear perder la memoria. Vas a enloquecer y quemar todos los recuerdos. Y vas a llorar cuando te des cuenta que destruiste lo último que te quedaba de ese amor. Vas a odiar. A esa persona, a sus amigos, a su gusto musical, su equipo de fútbol y a todas esas cosas que te hagan acordar el dolor que llevas clavado en el pecho.
  Pero un buen día también te vas a levantar y vas a sentir una clase de alivio extraño, que aparece cuando el cielo aclara. La tormenta ya pasó, y sobreviviste. Todo parece en orden otra vez. Ya no lloras, ni te enojas por cualquier cosa. Ya no sentis el remolino de sentimientos. Ya no sufris, ni odias. Todo permanece en calma, pero quiero contarte que por más de que ya no duela, esta es la peor parte.
  Sanaste. Te sentís como nuevo otra vez, y eso se convierte en la peor parte porque no querés que nadie lo arruine. No querés arruinarlo. Te costó tanto. Tanto esfuerzo, tanto dolor, tantas noches y tantos dias.
  Llegó la peor parte porque volver a confiar se hace una tarea casi imposible. Porque volver a dejar entrar a alguien significa dar pase libre a que destruyan otra vez todo eso que tanto te costó volver a construir.
  Resulta que ahora no solo cargas con las heridas, sino también con los miedos que estas dejaron. Y te sentís atacado cada vez que alguien pretende acercarse demasiado. Ves fantasmas donde no los hay. Espejismos pasados que vuelven, que te recuerdan lo que puede pasar si te volvés a entregar. Pero dejame contarte un secreto, sólo una cosa puede pasar si volvés a confiar: magia.
  La magia de amar a pesar de que pueda fallar. La locura de sentir que es para siempre aunque pueda terminar. La hermosura de enamorarse y amar aunque pueda doler. Porque estoy segura que duele más quedarse quieto sin sentir por miedo.
  Porque el amor nunca trae algo bueno. El amor siempre trae algo mejor.

sábado, 10 de marzo de 2018

creo estar segura

  Hoy (como todos los días) volvía a mi casa en micro totalmente distraída escuchando música desde Spotify. Es una app bastante buena, pero la tengo en su versión pobre por lo que solo puedo apretar la opción "aleatoria" y esperar una canción que más o menos me guste aparezca. El hecho de no poder elegir es lo que la vuelve mágica a veces.
   Hoy volví en el micro escuchando una canción que resumía bastante bien lo que había sentido todo el día. Por primera vez en mi vida tengo un amor puro y desinteresado por alguien. Un amor totalmente real, común y corriente que me llena el alma como ninguno antes. Un amor que puedo jurar (aunque sea mentira) que será para siempre. Y es que el mundo vive en completo cambio, y no puedo asegurar que esto vaya a durar tanto tiempo, pero así lo siento. No puedo dejar de sentirlo.
  Y eso es lo lindo de el amor, ¿no? Sentir que es para siempre aunque pueda fallar.
   Hoy entendí lo que hace meses quiero expresar en palabras sin llegar a lograrlo. Hoy entendí que es esto que siento que nunca antes sentí. Hoy entendí que por primera vez en mi vida tengo un amor que construí. Y no hay nada más sano, puro y lindo que eso. Porque amé antes de él, pero nunca como a él. Es increíble como todos los demás amores se vuelven tóxicos en cuanto pienso en el día de hoy.
  Entendí que el amor, pero sobre todo las relaciones, se construyen día a día y con esfuerzo. Que estar enamorado no alcanza, que el amor es también un montón de otras cosas hermosas que no tienen que ver con lo que sale en las películas.
  El amor es también todo eso cotidiano que nadie te enseña, que aprendés a los tropiezos, pero que te deja marca para siempre.
  Estuve toda mi vida deseando un compañero. Era lo que respondía cada vez que alguien me preguntaba que esperaba de una relación. Toda mi vida también me sentí muy sola aunque estuviera rodeada de muchisima gente. Y hoy, por primera vez sé que no lo estoy. Ya no me siento sola, y es el mejor regalo que alguien puede darme.
  Tengo una relación llena de amor, respeto, apoyo y compañerismo. Compartimos, disfrutamos, nos bancamos en malas y buenas. Sé que puedo con todo si lo tengo al lado. Ni por delante, ni por detrás. Uno por uno, hombro con hombro, quiero caminar toda la vida con él a mi costado.



(Jump then fall traducida)

martes, 27 de febrero de 2018

Para Agus

Hay un tiempo en él que te preguntás: ¿voy a llegar? ¿a donde voy? ¿que estoy haciendo?
  Y esas preguntas son una mierda, pero necesarias. Como con todo lo malo: lamentablemente es necesario. Porque conocemos por contraste. Sabemos qué es el calor, porque sufrimos en algún momento el frío.
  Por eso nunca me quejé de mis quilombos. Los necesito para crecer. Siempre intenté transitar mis tormentas con buena actitud y abierta a los cambios. Porque los quilombos siempre traen eso, cambios. Por eso asustan tanto, porque el mundo entero se te da vuelta y empieza a temblar. Y fácil no es. Te caes, te desgarrás, sangrás y deseas nunca haber llegado a sentir. Deseas apagarlo todo. Que los sentimientos se esfumen para siempre. Pero sin tristeza no sabríamos qué es la felicidad. Y ahí entendés todo.
  Te das cuenta que morir puede (y tiene) que significar renacer. Te das cuenta que una fuerte sacudida no es el fin del mundo, sino el inicio de uno nuevo. Uno mejor, porque ya no sos el mismo. Porque el dolor te marcó y aprendiste. Creciste.
  Esto es para vos que todavia estas en el medio de la tormenta: esto va a pasar. Te juro que sí. Y un día te vas a despertar agradeciendo que todo haya pasado así. Vas a agradecer el dolor que te permitió saber lo que vale la felicidad. Y ese día vas a entender a que me refería cuando decía que merecias más.
  [TODO (siempre) VA A ESTAR BIEN]
  Porque gracias al cielo siempre amanece después de la noche oscura. Siempre hay un nuevo día. Una nueva vida. Una nueva vos que renace de las cenizas más fuerte que antes.

lunes, 19 de febrero de 2018

calambres en el alma

Tomar una cerveza (o dos). Reír a carcajadas. Caminar por ahí a las tres de la tarde o a las tres de la mañana. Mirar una película, o no mirarla y comernos a besos. Abrazarnos en la calle, la vereda, la cama. A la luz del sol o en la oscuridad.
  Cenar en un restauran, en un barcito mas o menos o comer arroz en el medio del campo. Vernos días completos o 10 minutos. Charlar de cosas insignificantes, o colgarnos en flashes filosóficos interminables. Discutir por estupideces, por cosas sin sentido, por ver quien tiene razón. Y reirnos de los resultados.
  Coger hasta hartarnos. A la mañana, a la tarde, a la noche. En cama, el baño, el piso. Dormir muy apretados, muy abrazados, o muy lejos por el calor. De buen o mal humor, cuando no quiero que nadie me hable, cuando me queres matar por mis malas contestaciones.
  Para una guerra de cosquillas o un abrazo que seque lagrimas. Para todo.
 
  Giro la cabeza y te veo sentado al lado mio en el kiosco. Venís a el que seguro es el lugar más caluroso y aburrido de la ciudad. Y venis igual. Mis horas de trabajo de repente se vuelven más livianas, más rápidas, más llevaderas. Giro a mirarte y agradezco al cielo en mis adentros. Agradezco haberte encontrado, y que me encontraras. Lo agradezco a cada rato. Todos los días. Cada vez que te veo sonreír. Cada vez que caigo en la cuenta de que te tengo para todo. Y que me tenes de igual manera.
 No importa si es para reírnos o llorar. Si es para charlar horas o solo quedarnos en silencio.
Quiero compartirlo todo. Incluirte en cada plan, en cada momento, en cada cosa de mi vida. Quiero que seas parte de todo mi mundo.
  Sentir que no necesito más. Sentir que es para siempre aunque pueda fallar. Sentir que cuento con vos para todo, sea bueno o malo, es lo mejor que puedo llegar a sentir.
 

jueves, 15 de febrero de 2018

Estupidez

  Me gusta molestarte.
  Te molesto diciendo que sos demasiado cursi y disfruto de ver cómo te indignas. Me decis que soy mala. Soreta, fría, témpano de hielo.
   Me río a carcajadas haciendo chistes de que no vamos a durar mucho. Que no me duran las relaciones. Que en un rato me aburro.
    Me divierte la cara que pones cuando te digo denso, pesado, intenso. Cuando me abrazas fuerte y te digo "salí que hace calor".
   Es muy divertido cuando me amenazas diciendo que no me vas a decir más cosas lindas y al rato me bañas en dulce de leche empalagoso otra vez.
   Es divertido porque sos mi opuesto totalmente y resulta que más que un corazón helado tengo uno que lo razona todo y para decir cosas lindas necesita lápiz y papel. O una compu y un blog.
    Adoro escribir. Y adoro escribir(te). Me gusta poner los sentimientos en palabras porque me ayuda a entenderlos. Y sí, ya se que no hay que entender sino que sentir, pero no se puede ir contra uno mismo, no?
    Amo tu cursilería. Que me empalagues y dejes sin oxígeno en un abrazo (aunque nos quedemos pegados por el calor). Amo que me digas cosas lindas, y te amo a vos. Pero si no es a través de palabras todas juntas en una carta no me sale demostrarlo.
   Lo bueno es que tenes muchos puntos a favor. Porque resulta que cuando me río mucho con alguien no quiero irme de al lado suyo nunca.
   Me divierto molestandote porque responder a tu cursileria con algo tierno me pone un poco incómoda, en terreno no explorado donde no sé como actuar ni que decir. Prefiero reír. Eso siempre se me dio fácil. Molestarte y reirme, cortar con la dulzura para guardarmela adentro junto con todas las otras cosas lindas que siempre me decis y que tan bien me hacen. 
    No dejes nunca de decirme cosas lindas. Yo te prometo que nunca voy a dejar de molestarte. (Porque resulta que molestar es mi forma de reir. Y para mi la risa es lo más parecido al amor que existe.)

martes, 13 de febrero de 2018

+

  Hace unos siete meses yo escribia en este mismo blog que mi vida no era ni una cosa, ni la otra. Que me sentía a la mitad, que hacía rato nada era completo. Hace siete meses nunca me hubiera imaginado que hoy escribiría lo que pretendo.
  Siempre fui fiel creyente de las buenas razones. Cada vez que necesito hacer algo o simplemente tengo que hacerlo me pregunto si tengo una buena razón para llevarlo a cabo. Quedarme, irme, saltar o arriesgar, todo necesita una buena razón que lo sustente, una que haga que no pese y se vuelva algo que no me importe soportar.
   Y acá está la disyuntiva: ya no encuentro buenas razones.
   Si me cuesta escribirlo, no me imagino tener que decirlo en voz alta. Y es que necesité mucho valor para dejar de negar lo evidente y hacerme cargo de que ya no siento lo mismo que antes. Que no quiero las mismas cosas, y que mis buenas razones cambiaron de dirección.
   Me sigo sintiendo a la mitad de algo, pero esta vez no por no poder decidirme por uno de los lados, sino porque una parte de mí quiere correr y la otra me retiene para que me quede sentada. 
¿Existe algo que pese y moleste más que la culpa?
  Hay un lazo en mi vida que no me atrevo a cortar, pero que ya no tengo buenas razones para sostener. ¿Entonces? ¿Cómo se hace? ¿Cómo hago para explicarle a mi parte honrada que no somos las malas por elegirnos primero? Por ponernos por delante y decir fuerte y firme hasta acá.
  Estar lejos ya no me lastima, y estar cerca se volvió un tanto… difícil. ¿Desde cuando? Si estar cerca era lo más sencillo, simple y placentero. Desde que perdí mis buenas razones para quedarme, supongo. Estar cerca me genera esa incomodidad de alguien que te pide a gritos amor cuando solo estas dispuesto a ofrecer una amistad. ¿Cómo se lo explico? ¿Cómo le digo que ya no es mutuo? ¿Cómo hago para dejar de sentirme mal por decir lo real? Lo que siento, lo que me pasa, lo que intento reprimir para no dañar y por tanto me lastima a mi. No estoy segura de cuando fue que todo cambió tanto, pero ya no puedo seguir haciéndome la tonta nunca más.
   No sé como hacer para alejarme sin sentirme mal, pero quedarme es mentir. Mentirme. Mentirle. Y dañarnos todavía más. Yo por la culpa que me da haberme enamorado de alguien más, él por seguir firme alimentando esperanzas de algo que no va a volver.
   Ya no sé que tan buena idea es seguir estando ahí para él, si ya no puedo ofrecer lo que quiere. Si lo lastimo cada vez que lo reclama y respondo no. Creo que aunque pueda parecer duro al principio quizá lo mejor sea soltarnos de una buena vez.
  No quiero seguir lastimándome, fingiendo, pensando en irme cuando recién llegué.
  No quiero seguir lastimándolo cada vez que le respondo “amigos” cuando pregunta qué somos.

  Y no debería pedir perdón por ser feliz, pero de todas formas espero que algún día pueda perdonarme. Espero algún día no sentirme mal por ponerme primero y elegir lo que me hace bien. Bien de verdad. 

sábado, 10 de febrero de 2018

  A veces me cuesta dormir. Bueno en realidad siempre me cuesta dormir, pero hay noches en las que directamente no lo logro. Dar vueltas hasta consiliar el sueño es molesto, pero despertarte al otro día con dolor de cabeza porque tu cerebro decidió no descansar pese a estar dormido, es mucho peor.
  Ayer hacía tres noches que no dormía. Adjuntaría a esta entrada la foto que me saqué, pero la cara de loca psiquiátrica prefiero reservarla para los pocos conocidos que no se asustan al verla. La cabeza se me partía en dos para cuando llegamos a su casa. Ya hasta me molestaba la luz en los ojos, y tenía nauseas. Quien haya sufrido migrañas va a entender de lo que hablo. Pero él había querido ir tantas veces a esa cervecería que... "me acuesto un ratito y se me pasa".
  Realmente quería que se me pasara. Cerré los ojos y respiré pausado. Apareció con un ibupirac y un vaso de agua. "Estás pálida, no vamos nada. Nos quedamos". 
   Ya se me pasa. Ya se me pasa. Ya se me pasa. Por favor que se me pase.
   Cerré los ojos otra vez. Y escuché los diálogos de una peli que hacía mucho tenía ganas de ver. Los abrí de golpe. "Esa es 27 bodas, ¿la viste ya?", "No, la puse porque te gusta". De no haberme sentido tan mal hubiera saltado de alegría. Cerré los ojos otra vez y se acostó al lado mío. Me acarició el pelo, y me quedé dormida pensando en que nunca nadie me había cuidado tanto. Las caricias (o el ibupirac) hicieron efecto, y para cuando me desperté unos 20 minutos después, parecía nunca haber existido el dolor.
  Así me hace sentir Jero, como si nunca hubiera sufrido en mi vida. Como si todo lo que pasé antes fuera tan lejano que a penas puedo verlo. Como si el dolor pasado, presente y futuro, no existiera. Mientras él está cerca me siento como si nada pudiera salir mal.
   Fuimos a tomar cerveza, comer pizza y reírnos a carcajadas. Y se sintió tan bien. Volvimos, y por fín después de tres noches pude dormir. Descansé tranquila y relajada. Y el quilombo de miedos y dudas que no dejaba a mi cerebro en paz hacía tres noches, desapareció una vez que Jero me abrazó y me dio un beso en la frente. Todos los desastres desaparecen cuando él está cerca.
  Ojalá todos algún día encuentren en alguien todo lo que yo encontré. Todo lo que veo, todo lo que siento, todo lo feliz que soy.
   Ya no me asustan las tormentas, porque resulta que tengo con quién enfrentarlas. O no, porque conociéndome voy a seguir queriendo enfrentarlas sola, a las mías, a las suyas, a todas. Porque eso es lo que mejor me sale: luchar. Luchar a morir por la persona que amo. Pero ahora tengo quien me calma y cuida cuando el mundo me pasa por encima. Ya no estoy sola. Ya no me siento sola.
  Encontré eso que venía deseando hacía tantos años, un compañero. ()



viernes, 9 de febrero de 2018

Y mi café favorito siempre va a ser el de tus ojos

  No me puedo dormir, el insomnio me atacó por la espalda. O no, en realidad es pura ansiedad. Hace por lo menos 3 dias que dormir es lo mismo que estar conectada a 220. No puedo calmar mis nervios. Es que cuando esperas algo por tanto tiempo, es imposible quedarse calmada.
  Me cuesta un poco expresarme cuando se trata de buenos sentimientos. De puros, sinceros. De los que no duelen. Porque cuando algo duele en el arrebato de querer sacarlo todo afuera, las palabras hacen de canal.
  El problema es que esto que siento no me lo quiero sacar. Ni perder, ni dejar. Lo quiero tener para siempre conmigo. Quiero sentirme así por mucho tiempo más.
  ¿Alguna vez sintieron la certeza del amor? Certeza quiere decir algo así como verdad. Una certeza es algo cierto, seguro, verdadero. La certeza del amor.
  Se me caen las lágrimas y no estoy llorando. O sí, pero de felicidad. De la felicidad que me da haberme cruzado con alguien que me hace tanto bien. Que me ama y cuida, y para el que soy tan importante. Resulta que soy la persona menos demostrativa del mundo pero de no serlo me pasaria la vida pegada a él. Sentada sobre sus piernas acariciandole el pelo. Aunque estuviéramos rodeados de un millón de personas. Aunque todos estuvieran mirando. Si yo dejara de lado el frío y el hielo, le daria un beso cada vez que respira. Y le diría te amo cada vez que sonríe. Le respondería con un abrazo apretado a cada pregunta. Y con mil caricias cuando no haya respuesta.
  Le daría todo lo que tengo, y lo que no lo conseguiría. Haria lo que sea por verlo feliz. Porque verlo feliz me hace feliz. Porque solo tenerlo cerca me hace feliz. Charlando de todo, de nada, de estupideces sin sentido. Peleando, abrazados o a mil kilómetros diciéndonos "te extraño".
  Lo amo tanto que a veces creo que me va a explotar el pecho solo para que pueda entrar más amor. Así me siento, llena de amor. Del bueno. Y es hermoso.
   Si yo fuera más demostrativa y menos orgullosa, estoy segura de que no me alcanzaría el tiempo para hacer otra cosa que no fuera estar pegados. Porque hay personas intensas para afuera y otras que lo somos para adentro. Y cada dia me cuesta más dominar lo que siento para no salir corriendo cada vez que lo veo llegar.
  Puede que algún dia me gane el sentir y me vuelva la más densa del mundo. Algún dia voy a ser capaz de expresar lo que siento por otro medio que no sean las palabras. Pero por ahora, te escribo. Y te amo. (Siempre te amo)

lunes, 5 de febrero de 2018

tic tac (escrito el 05/02/18)

¿Cuantas buenas razones se necesitan para romper en llanto?
A mi con no saber lo que quiero me alcanza.
Tuve un día de mierda, sin ofender a la mierda que es bastante mejor de lo que fue mi día. Últimamente me siento enredada en un limbo del que no logro salir porque todo gira muy rápido.
 Una mitad del tiempo tengo ganas de destrozar cosas, la otra de llorar. Y como no hago ninguna de las dos termino encerrada en mí. En mi casa, en mi cama, en una serie que logre distraer a mi cerebro por un rato.
  Hoy empecé una nueva, y ya voy por la mitad. Porque sueño como para dormir no tengo, y necesito encontrar algo que me distraiga hasta que no pueda más y necesite descansar. Cosa que en realidad no hago hace días porque hasta cuando duermo mi cerebro parece estar a mil. Y me levanto mareada y contracturada. ¿Y sabes cual es la peor de las torturas? No tengo ni idea de cual es el problema. Si lo supiera, y si maquinara sobre eso… por lo menos sabría por donde empezar a resolver, ¿no? Pero ni siquiera cuento con esa suerte.
   Tengo la inteligencia emocional de un nene de 5 años. Y eso es ofender a los nenes de 5 años.
  No se llorar, no logro expresarme y cuando lo hago, la cago. Siempre la cago. Cuando quiero lograr contención, recibo portazos. Gritos, quilombo y enojos. Termino por sentirme una idiota, así que renuncio a las demostraciones y me quedo callada en mi limbo. Porque prefiero enredarme sola antes que recibir todo eso de los de afuera.
  Duele bastante cuando te esforzas por comprender a todo el mundo pero nadie de esos a los que recurris lo hace por vos.
 (O sí, resulta que hay una sola persona que lo logra. Que no me juzga ni se enoja, y que me banca. Debe ser que nos entendemos en el quilombo de sentir mucho y decir poco. Y vivo diciéndole desquiciada. Já)
  Hace días que no sé ni lo que siento, ni lo que quiero, ni a donde pretendo llegar. No como, no duermo, y no tengo idea de como sobrevivo sin prender fuego todo a mi alrededor, pero es lo que siempre hago. Y ya me acostumbre. Porque el quilombo en realidad soy yo. Soy una bomba de tiempo haciendo tic tac, amenazando con volar todo en pedazos en un segundo.
  Soy destructiva. Rompo todo lo que toco, porque la que está rota soy yo.
  Sé que va a desear no haberme conocido. Va a rogar con cada centímetro de su piel que yo nunca hubiera aparecido, porque soy un infierno. Y el tiempo va a darme la razón.
  ¿Alguna vez tuviste ganas de morirte? Pero ganas en serio. Nunca se lo dije a nadie pero yo fantaseo con mi muerte desde aquel día. En un choque, ahogándome, con un disparo en medio de un robo.
   Los días que estoy más positiva fantaseo con perder la memoria. Olvidarme de todo. Y me alivio el alma por un rato imaginando lo hermoso que sería perder el peso del dolor que llevo. Me imagino despertando en un hospital sin saber quien soy, y empezando una vida nueva. Una en la que no estuviera tan jodida. Estoy jodida. Para siempre. Se me jodió la vida para siempre.
  Por eso había apagado los sentimientos. A veces el dolor es tanto que solo deseas que se detenga, que lo apaguen, que bajen el maldito interruptor. A veces solo deseo dejar de sentir. Desaparecer. Fugarme hasta de mí.
  A veces fantaseo con que estoy bien. Y sonrío. Y se lo hago creer a los demás. Tanto, que hasta me lo creo yo misma. Y ando por ahí reprimiendo inconscientemente las ganas de llorar. Hasta que llega una noche como la de hoy y todo sale a chorros. Y ya no hay tiempo para detenerlo. Todo eso que estuve aguantando sale libre y destruye todo a su paso.
  No esta bien, pero no sé hacerlo de otra manera. Por eso es que estoy jodida para siempre, porque esto nunca va a sanar. Y yo siempre voy a sentir en el fondo de mí estas ganas de morirme. Morirme para que deje de doler. Para que se baje el interruptor. Por dios, alguien que lo baje. No puedo más. No doy más. No quiero fingir más.
  Voy a estar jodida para siempre y por eso siempre prefiero arreglármelas sola. Tener a alguien muy cerca puede significar que termine igual de roto que yo. Y no puedo darme ese lujo.
  ¿Algún día voy a ser mejor que esto?

Pedacito de amor delirante

  Tengo novio.
  Y no sos vos.
  Y no te imaginas lo que duele.
  Me duele ser feliz.
  Me duele aceptar que me enamoré. Que me enamoré de alguien que no sos vos.
  Que me encantan sus abrazos, y que me río a carcajadas. Que soy feliz la puta madre, soy feliz al lado suyo. Y me duele. Me da culpa. Me da ganas de tirar todo al carajo porque no dejo de sentir que te estoy fallando. Que me convertí en todo eso que prometí nunca iba a ser.
   No puedo dejar de sentir que te abandoné. Que te estoy dejando solo. Yo, la que te prometió nunca dejarte solo. Ni a sol ni a sombra.
   Pero te amo, de eso estoy segura. Sos de esos amores que nunca mueren, que siempre quedan vivos en algún lugar. Porque nos unen muchas cosas. Porque podríamos haber sido cualquier pareja de adolescentes pero resulta que la vida se cruzó en el medio, y nos convirtió en mucho más que eso. Nos une el dolor, ese que vivimos y sufrimos juntos. Vi lo peor de vos, y me ayudaste a ver lo peor de mí. Y por más de que odie tus manías, y no soportes mis caprichos siempre vamos a ser un buen equipo. Si se trata de pelearla a morir, somos invencibles. Codo a codo. Uno por uno. Te sostengo, me enderezas. Puede que nos cueste un poco convivir, pero si llegué a entenderte solo con una mirada tan mal no nos iba.
  Me duele lo que te pasó. Me duele no habérmela bancado. Perdón, sé que te hubiera gustado seguir intentándolo juntos. Y la realidad es que en este tiempo lejos entendí que capaz así tenían que ser las cosas. Que hicimos hasta donde pudimos. (Hice hasta donde pude).
   Siempre vas a ser mi favorito. Lograbas ponerme los pelos de punta, pero también eras lo único que me calmaba cuando el mundo entero ardía en llamas.
   Fuiste mi fuerza y fui la tuya. Y siempre se trató de lucharla. Por eso me duele tanto todo. El cuerpo pasa factura cuando cargas con tanto peso. Sólo quería alivianarte el paso. Quería cargar con todo para que sólo tuvieras que preocuparte en recuperarte. Y fallé.
  Me duele ser feliz lejos tuyo porque aquel día en esa terapia intensiva te prometí que ibas a volver a ser feliz. No me importaba que recuperaras el habla, o que pudieras caminar, o cualquier cosa. O sí, si me importaba pero me parecía mucho más importante que fueras feliz. Que volvieras a sonreír. Y cuando las lagrimas se me empezaron a caer, me apretaste la mano y sonreíste.
  Sos la persona que más amé en el mundo. Y cuando el dolor por fin desaparezca espero poder verte a los ojos otra vez y no sentirme tan desecha. Espero cruzarte un día por casualidad y que me cuentes que tu vida es hermosa, y está llena de cosas buenas.
   Espero que hagas uso de esa valentía que tanto admiré siempre de vos, y te comas el mundo.
   Sólo espero que seas feliz a pesar del dolor que nos tocó, porque es lo que yo intento todos los días.


Soy una mujer en el mundo que hizo todo lo que pudo. 
No te olvides ni un segundo que eres lo que más eh querido. 
En la vida lo que más eh querido. 

martes, 30 de enero de 2018

negro

  Siempre estuve semidespierta. Como cuando sos consciente de tu alrededor, pero en realidad no podés (o no querés) despertar. Es difícil de explicar, pero sencillo de comprender. Los mundos, sus realidades y sucesos se mezclan, y ambos parecen reales. Y a la vez ninguno lo es. O sí, uno de ellos si lo es. Pero, ¿cual? ¿cual es la realidad y cual el sueño? o peor... la pesadilla. 
   De un lado estaban las suaves caricias que quieren curar el dolor. La respiración firme y constante, y el amor incondicional. Y del otro... el desastre. El quilombo, el dolor, la oscuridad que llama y atrae. Esa que puede absorberte en un instante. Que te consume, te arrastra, te tira, te golpea y te revuelca. 
   Cuando no sabes cual de los dos es real, y estás en ese limbo sin saber a donde ir. Cuando los fantasmas viejos y oxidados vuelven a abrazarte, elegí abrir los ojos. Yo elegí abrir los ojos y encontrarme con los suyos. 
  No podrían entender porqué lo amo ni en un millón de años, porque sólo yo puedo sentirlo. Sólo yo sé lo que fue estar en ese limbo tanto tiempo, rodeada por mi propia oscuridad. Sólo yo sé lo que es ver los ojos de Jero y sentirme a salvo otra vez. 
  No, el quilombo no volvió. Ya no me rodea la oscuridad. No estoy en el limbo. 
  Fue sólo una pesadilla. Una de esas recurrentes que van a acompañarme para siempre. 
  Ojalá también sean para siempre las caricias que logran despertarme y hacerme ver que no todo está tan mal.

miércoles, 17 de enero de 2018

Ellos que saben

  No deben existir atardeceres más lindos que los de pozo salado. Diría que es una playa que roza lo mágico, y por eso me gusta tanto. Kilómetros de arena sin comercializar, un mar tan azul que duelen los ojos de verlo y un cielo que deslumbra con sus atardeceres, sus estrellas y su luna. Todo es tan único que parece que fuera propio de este lugar. Como si fuera un pedazito de espacio separado del mundo real, donde la señal de celular tampoco funciona y no hay luz electrica ni agua corriente.
  Estoy en el medio de la nada, sentada en un médano, escuchando el mar y observando el sol mientras se va. Son las nueve de la noche, y tengo la campera puesta porque el viento sopla fuerte. La noche pinta para hermosa, pero la tarde fue compleja. Estuvo nublado desde temprano, y tuvimos que irnos a las carpas porque una tormenta apareció y se robó la diversión. Pero a veces las cosas hermosas también tienen sus ratos nublados, y hoy descubrí que eso es parte de su belleza.
  Me harté de escuchar gente diciendo que tengo un potencial muy grande para lastimar. Para lastimarlo. Me dolían un poco esas voces, pero lo que más me dolía era que yo en el fondo también lo creía. Siempre me sentí un tanto destructiva, siempre me pesó tener el poder de hacer daño a quienes amo. Pero amar significa un poco eso, no? Dar la posibilidad de lastimarte a alguien y confiar en que no lo va a hacer.
  Siempre respondí "ellos que saben", con la duda adentro, con esa parte de mí gritando que quizá no se equivocaban. Que estoy loca, que capaz mañana me despierto cruzada y al irme dejo un corazón desecho. Y hoy entendí que nunca estuve más lejos de esa realidad.
  Vine a uno de mis lugares favoritos en el mundo pensando solo en que quería que una persona me acompañara. Vine todo el camino pensando en cada una de sus reacciones, en como sería cuando viera la playa o los tamariscos. Como sería dormir a su lado con el ruido del mar de fondo. Vine todo el camino pensando en que ya no tengo ganas de hacer las cosas sola nunca más, que ahora todo lo quiero compartir. Y que justamente eso dice más de mi que cientos de "te amo" juntos. Llegué a ese punto que siempre me dio tanto miedo. Ese momento en el que soy consciente de que puedo hacer lo que sea sola, pero de todas maneras prefiero hacerlo acompañada.
  Nunca sentí un amor tan pacífico, tan sutil, tan imperceptible. Pero a la vez tan arrollador. Se llevó todo lo malo, y trajo otra vez la felicidad.
 Dicen que el amor va a destruirte y hacerte sentir completo todas las veces que se lo permitas. Y yo no puedo dejar de pensar porque me estuve resistiendo tanto a lo que siento, si es de las mejores cosas que me pasaron.
((15/01/18))

lunes, 25 de diciembre de 2017

  Abrír los ojos y encontrar los suyos es de mis cosas favoritas en el mundo. Nos fuimos un fin de semana al medio de la nada, y resultó que era perfecto porque yo sólo necesitaba una cosa y era a él.
  Es raro como las cosas suceden, como llegan, como transcurren. Es raro como siempre llego tarde a todas conclusiones sencillas que no debería ni plantearme, pero si no la hago difícil no sería yo, ¿no? Nos abrazamos con el atardecer a nuestra espalda y tuve que hacer un esfuerzo enorme para retener una pregunta imbécil que hubiera sido inútil hacerle.
  La respuesta no la sabe él, ni yo, ni nadie, porque tal respuesta simplemente no existe, es incierta.
  Pero da tanto miedo.
  Quizá también por eso retuve en mí la pregunta. Me da miedo la respuesta. Me da miedo que no sea la que espero.
   La llevé al fondo de mi garganta, y lo abracé tan fuerte como puedo. Tan fuerte como me lo permiten mis brazos, pero que nunca es suficiente. Nunca es suficiente, siempre siento que lo quiero tener todavía más cerca, más apretado, más juntos.
  El miedo constante que tengo es equivalente a lo feliz que me siento. Y me hace tener ganas de llorar a cada rato. Pero es un llanto extraño, es esa mezcla de sentimientos hermosos y horribles a la vez. Es ser tan feliz que no lo puedo creer, tan feliz que desborda, tan feliz que da miedo. Da miedo que todo se venga abajo y esa felicidad desaparezca. Que él desaparezca, y me quede sola otra vez. Por eso ni el abrazo más fuerte es suficiente, porque por más de que nos quedaramos pegados, no podría hacer callar esa voz que me grita a cada rato que todo se puede arruinar en un segundo.
  Este fin de semana me di cuenta que lo amo mucho más de lo que soy capaz de poner en palabras. Más de lo que soy capaz de demostrar.
  Me di cuenta que haría lo que sea por verlo feliz, y que también lo defendería de lo que sea que intentara hacerle mal. Incluso de mi misma. Lo cuidaría hasta de mí, y eso es más de lo que nunca pensé que llegaría a sentir.
  Lo amo y no entiendo porqué me costó tanto darme cuenta.
  Ojalá la respuesta nunca llegue.
  O mejor todavía,
  ojalá nunca más tenga la necesidad de hacer la pregunta.
 

domingo, 17 de diciembre de 2017

de amores

  Hay amores fuego, amores tierra, amores aire, amores agua. Hay amores interminables aunque terminen. Hay amores que nunca empiezan aunque nunca lleguen a su fin.
  Tuve muchos, y algunos dolieron. Tuve de esos aire volados que van y vienen, que no van a ningún lugar, con los que nunca se sabe, pero con los que te sentís libre. También tuve su contrario, con esos amores tierra que te ponen los pies en la tierra y te obligan a caminar, a reaccionar, a madurar. Pero que te encierran en su constancia. Es curioso, la tierra siempre me pareció aburrida. Quizá por su forma tan lisa y constante. Sin altibajos, sin cambios. Sin emociones fuertes.
  Pero de todos, los peores fueron fuego. Es inquietante como siempre obedecen (y obedezco) a un mismo patrón. El fuego es calidez, es energía, es diversión, es intensidad pero si te acercas demasiado, te podes quemar. Tengo marcas por todo el cuerpo de esas quemaduras que deja el amor. La piel chamuscada es señal de que efectivamente me arriesgué a la montaña rusa de esos amores que te arrastran sin rumbo a todo eso que te puede destruir. Yo pensaba que eran los únicos, que no existía algo más hermoso y feroz. Que los amores para ser increíbles, tenían que ser destructivos. Que la destrucción total era el precio que pagabas por sentirte tan única previamente.
  Entonces conocí un amor agua. Antes pensaba que era como la tierra, lo que lo volvía aburrido. Pero resulta que se parece más al fuego de lo que creía. Sufren de la misma intensidad, pero de forma distinta. Y digo sufren por que esos amores son tan sensibles que parece que solo conocen eso: sufrimiento. La diferencia es que mientras el fuego quema, el agua limpia. Sana, revitaliza. Y su único peligro es que posiblemente te deje sin oxígeno por querer cubrirte completo, por querer salvarte entero. Nunca pensé que alguien pudiera quererme más de lo que me quiero a mi misma, pero me equivoqué. Nunca pensé que alguien sería capaz de destruirse a si mismo con tal de mantenerme completa.
  Supongo que todos somos el fuego de alguien, y el agua de algún otro. Todos alguna vez fuimos aire y pasamos solo una vez para traer vientos de cambio. Tal vez también fuimos tierra y dimos esa cacheta a tiempo que te vuelve a la realidad. Tal vez no solo somos algo, no siempre somos lo mismo, no siempre sentimos igual ni actuamos en consecuencia. Seguro somos dependiendo quien tenemos en frente.

jueves, 7 de diciembre de 2017

Draco

Ni tus zapatillas, ni tus camisas.
Tampoco tu mochila, tus jeans, menos lo que tengan tus bolsillos.
Pueden ser dos pelusas, o tres. Van a darme igual.
Puede que me guste tu sonrisa, pero solo si sé que es señal de que sos feliz.
Porque tampoco va a importarme el color de tus ojos, lo que me gusta de ellos es que reflejan lo que llevas adentro.
Dejá de estresarte corazón, que lo que me importa no es tu exterior.
Dejá de pensar que bailar bien, tener uno o dos centímetros más de altura o unas orejas más normales te harían mejor para mí.
Porque para mí te convertiste en lo mejor el día que me devolviste las ganas de sonreír.
Te juro que el mundo era gris y caíste vos con lapices de colores. Y no me dejaste rendirme al dolor que sentía.
Ni tu cara, ni tu cuerpo, ni lo que tengas o no tengas. Lo que te vuelve diferente es lo que sos.
Lo que sos conmigo, todo lo que haces por mí con o sin intención.
Y ya sé que te va a parecer poco, pero a veces una sonrisa genuina vale más que cualquier cosa en este mundo.
Hacía rato que yo no sonreía genuinamente. Ni me divertía, ni disfrutaba de las cosas chiquitas del mundo.
Tenía todo roto adentro, y ahora siento que de a poco cada parte vuelve a su lugar.
Me armaste otra vez. Me seguís armando todos los días.
Dejá de sentirte menos. Dejá de pensar que me voy a ir en cuanto alguien mejor aparezca.
Me ayudaste a levantarme, ¿cómo se te ocurre pensar que me voy a querer ir con otro a disfrutar del sentirme mejor?
Te mereces todo lo bueno que pueda darte, porque te quedaste cuando todo era bastante malo.
Gracias.
Gracias por atajarme cada vez que derrapo.
Gracias por darme la estructura que me falta.
Por ordenarme un poco en el quilombo que soy y recordarme que puedo y que merezco ser feliz.
Gracias porque me pones los pies en la tierra cuando todo es un desastre.
Porque me recordás que la gente buena todavía existe.
Gracias porque me recordaste que el amor es algo lindo que vale la pena vivir.

martes, 5 de diciembre de 2017

Te deseo, 
un deseo, 
mi deseo, 
deseando té. 
Té en la mañana, 
té al mediodía, 
lléname las noches, 
lléname la vida, 
mi vida.

domingo, 3 de diciembre de 2017

Extraterrestre

  Me considero una persona versátil. ¿Está bien dicho? A cualquier lugar que voy, logro adaptarme. Tengo una increíble (por no decir despreciable) capacidad para adaptarme a todo. Al lugar, a las personas, a las circunstancias. Soy flexible, y bailo al ritmo que suene en ese momento. Me acomodo, le busco la vuelta. No me cuesta ni un poquito. 
  Poder adaptarme a cualquier lugar es también una forma de no pertenecer a ninguno de ellos. Toda la vida sentí que no encajo, que soy la pieza perdida de algún rompecabezas que nadie reclamó. Y a mi alrededor, la gente que me quiere, no deja de remarcarme lo hermoso de lo diferente que me siento (y que soy). Lo hermoso de que nunca se sabe para donde voy a arrancar. Y con sus palabras y el brillo de sus ojos al hablar así de mí, un poco me sanan. Sanan esa sensación de estar perdida constantemente. Porque si aprendí a adaptarme es justamente porque nunca sé para donde voy. Pero igual voy, y en el medio si no me adapto, me pierdo aún más.
  Toda la vida me dolió no pertenecer. No parecerme a nadie, no encontrar una persona, un grupo, alguien por el que pueda decir "es como yo". 
  Hace unas semanas mi mamá me dijo extraterrestre. Por mucho tiempo me sentí así. Y no es que ahora haya dejado de sentirlo, sino que ya no me parece algo tan negativo. 
  "Con Jaqueline nunca se sabe" dice siempre, también. Quizá porque ni yo misma sé. Dejé de intentar entenderme hace años. Y hace años también que empecé a aceptarme así. Flotando sin rumbo. 
  "Sos muy libre para este mundo, hija" me dijo un día cuando llorando le decía que me sentía fuera del universo. Tenía 14 años, y entendí que quizá ella tenía razón, y nunca iba a sentirme parte. Y no tenía porqué ser algo malo. 
   De vez en cuando sigo sufriendo un poco decir blanco cuando todos gritan negro, pero la mayoría del tiempo disfruto de mirar todo de lejos y sonreír por poder ver la vida desde otra perspectiva. Esta perspectiva que me permite estar en todos lados por un rato (y solo por un rato) porque enseguida necesito salir volando para otro lugar. Porque me gusta flotar. Y conocer. Y andar sin rumbo, adaptándome a la circunstancias, a los miedos, a la vida misma. 
  No encajo. ¿Y qué? creo que es mejor así. Sin estructuras. Sin casillas. 
  Que sabia mi mamá, siempre supo que no era de este mundo, y siempre me amó sin importarle lo diferentes que somos. Porque el amor debe ser eso. 
  Por eso la debo amar tanto a pesar de sus estructuras y casillas. 
  Por eso me deben gustar tanto las personas con estructuras y casillas. Me recuerdan que no pertenezco a este mundo, pero que hay personas en él que me aman a pesar de no ser como ellos. 

lunes, 27 de noviembre de 2017

Fin de semana. 
El fin de algo.
Y el comienzo de algo nuevo.

  Porque la vida es un ciclo, y la mayoría de las veces que algo termina da lugar a que algo nuevo comience. Como ese 23 de septiembre que todo terminó y se llevó una parte de mí con él, una parte que ya no me servía ni gustaba.
  Claro está que cambios tan grandes no se dan en un día. Tampoco en dos. No es cosa de un fín de semana. Quizá es cosas de meses y meses de proceso. De día a día ir formulando mejor esa idea que te está dando vueltas. Pero lo que es cierto es que un día te despertás y todo se materializa. Ese día, no fue el día que todo llegó a su fín, sino el día en el que te diste cuenta que hacía rato que las cosas habían terminado.
  Y para empezar es lo mismo, para arreglar, para aceptar, para perdonar. Para enamorarse. Nada sucede en un solo día, pero si existe ese glorioso día en qué te das cuenta, te cae la ficha y ya no hay vuelta atrás.
  Fin de semana, comienzo de vacaciones, alegría hermosa.
  Sol. Pileta. Amigos. Volver a ser los de antes, y recuperar el grupo hermoso que eramos y que creía que había desaparecido.
  Cama. Tele. Chocolate. Amor. Dormirme abrazada, despertarme con un beso. Sentir su respiración en mi nuca.
   Este fin de semana me devolvió todo lo que pensé que había perdido este año. La sonrisa, y la felicidad. O capaz no, capaz es algo que fue volviendo de a poco desde ese día que puse fín a todo lo que me hacía mal, y en este finde se hizo visible.
  Soy feliz. Así, sin peros. Sin vueltas. Sin culpas.
  Soy feliz y lo quiero gritar.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Y lo quiero intentar aunque deba llorarte después
el mundo sabrá que te quiero, tengo que gritarlo otra vez. 

  Estoy tan llena de sentimientos lindos que no parece haber lugar para las dudas y los miedos. No me lo puedo creer. Me siento tan bien, tan feliz, tan llena de energía que lo quiero gritar a los cuatro vientos y que todos se enteren. Y a la vez, no necesito hacerlo. Me alcanza con sentirlo.
  Hace dos meses el mundo se me venía abajo. Hoy siento que día a día lo reconstruyo un poco más. Porque efectivamente se me vino abajo, y no me quedó nada. O en realidad creo que yo fui quien decidió que quería derrumbarlo.
  No me gustaba donde me encontraba, todo lo que tenía alrededor se había teñido de un color oscuro que me hacía doler. Un día me cansé y lo tiré abajo. Todavía no entiendo de donde saqué el valor para hacer semejante cosa, pero me alegra mucho haberlo hecho. Me quedé en la nada, en el polvo, en cenizas. Y pensé que no iba a sobrevivir, pero acá estoy. Quién diría, ¿no?
  Quien diría que iba a lograr sentirme así, que iba a poder limpiar los escombros y volver a poner ladrillo sobre ladrillo de un nuevo mundo. Uno que me hace feliz.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Tal vez yo no sepa donde ir. 
Pero si pudiera una mañana 
abrir los ojos y ver los tuyos, 
sabría donde quedarme.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

  Estoy llorando otra vez.
  Desde que conozco Casi Normales, la amo. No sólo me parece un musical de la puta madre, no sólo me gustan sus canciones, no sólo trasmite buenos mensajes. Desde que lo conozco me siento identificada. Me hizo llorar tanto pero tanto. Cada vez que sus canciones aparecen lloro porque me da una cachetada atrás de la otra, me vuelve a la realidad. Me llena de todo eso que me niego a ver.
  Desde la primera vez que la vi me sentí identificada con la que sufre, la que se siente incomprendida, la que no puede más. Y hoy cuando volví a escucharla cantar me di cuenta que en realidad siempre fuí quien está parado en frente de ella. Ese que aguanta, soporta, el que sigue aunque no sabe bien porqué, el que prometió y sigue ahí firme creyendo que puede ahorrarle dolor a los demás. El que se niega a ver, el que dice "está todo bien", el que se muere porque todo esté bien. Pero que siempre está por fuera, porque no puede solucionar nada, porque el problema escapa a su alcance.
  Lloré.
  Me di cuenta que dejé de ser él. Dejé de serlo el día que decidí que no quería estar triste nunca más. Lloré porque sigo luchando contra todo eso que me quiere empujar al pozo, pero también lloré porque me siento más fuerte que nunca. Porque sé que puedo. Porque más allá de todo ya no me ciego, ya no digo está todo bien, ya no le esquivo al dolor. Lo miré de frente y le juré (me juré) que lo iba a sanar. Que iba a sanar porque me merezco sanar. Y porque no quiero estar triste nunca más.
  Lloré porque me hice cargo de todo eso que estaba evitando hace tanto, y hoy me siento más lista que nunca. Hoy por fín me siento bien. Y hacia tanto que todo se sentía tan mal.
  Y no puedo asegurar que la tristeza se fue. Pero sí que estoy mejor. Cada día. Todos los días. De a poco, pero siendo constante.
   Algún día lo voy a lograr.
  Uno de estos días me voy a despertar y todo va a dejar de doler. Y va a ser gracias a mí, a lo que luché para estar mejor. Y voy a estar orgullosa, y feliz. (al fín voy a ser feliz otra vez).

  

jueves, 9 de noviembre de 2017

Para calibrar mis miedos
para envenenar de a poco mis recuerdos
para quererme un poquito y así quererte como quiero
para desintoxicarme del pasado. 
Y si se apagan las luces
y si se enciende el infierno
y si me siento perdido se que tú estarás conmigo
con un beso de rescate. 

  Hoy tuve un día hermoso. Y ayer y antes de ayer también. Y no porque hayan sido perfectos, sino porque me demostraron que a pesar del kilombo, todavía me quedan razones para sonreír. Siempre hay razones para seguir, gracias al cielo. 

lunes, 6 de noviembre de 2017

Se trata siempre de empezar, si todo tiene su final.

  Quiero dejar de ser la chica triste que soy.
  La verdad es que no sé muy bien cuando me convertí en estoy que soy hoy, pero no me gusta ni un poco. Por eso ando enojada la mitad del tiempo, porque me da bronca (mucha bronca) no poder salir de esta rueda que me tiene atrapada hace tanto. Me cansé, quiero salir. Quiero dejar de creer que las heridas se curan con litros de alcohol. Quiero dejar de llorar por pavadas, quiero dejar de pensar que todo está mal. A la mierda con todo y todos, merezco lo mejor. Pero tengo que ir a buscarlo, ya lo sé. Porque la vida es así de conchuda (o sabia) y te obliga a ir a luchar por lo que querés.
  Estaba cómoda diciendo "estoy mal" y llorando por los rincones. Porque tomar hasta perder la noción hace que te olvides de todo por un rato, pero la resaca después es peor. Y no hablo de la resaca que deja el alcohol, sino de la otra, la que te queda en la cabeza. El kilombo mental de no saber para donde ir. Me cansé de ser la que soy. Quiero volver a la entusiasta, divertida y simpática.
  La que hace chistes a cada rato, se ríe a carcajadas y todos le dicen "loca". La que estando en pedo, es graciosa, y no triste. A la que no le importa nada. Quiero mi versión vieja, esa que no estaba rota. Y hoy me di cuenta que repetí tantas veces que lo estoy, que me la terminé creyendo. Lo repetí incansablemente, pero sin hacer nada para cambiarlo. A la mierda con la mierda. Merezco más que esto. Merezco mucho más.
  Quiero volver a brillar. Pero por mí misma, porque lo valgo, porque lo merezco y porque lo necesito. Y porque sé que puedo. Puedo con todo, y más.
 
  que nada está perdido si se tiene 
  por fín el valor de proclamar 
  que todo está perdido, 
  y hay que volver a empezar. 

domingo, 29 de octubre de 2017


¿Qué es lo que está pasándome? Es que no lo entiendo.

No te convengo

 Mi peor defecto es que puedo ser lo mejor y lo peor con la misma facilidad.
 O quizá sea mi mejor virtud.
 A esta altura solo sé que sos de frágil cristal en manos de una torpe cobarde.
 Tengo así como manos de manteca, y siento que si doy un paso en falso te voy a partir en mil pedazos.
 Es que cuando abrazas a alguien roto, solo tenes dos opciones: o lo arreglas, o te cortás. Y no estoy segura de querer que me des el poder de hacerte sangrar.
 Algo de ego se debe esconder en eso, lo sé.
 Me gusta más pensar que es inseguridad. Mereces más. Mereces aunque sea alguien que pueda darte el 100 porciento de lo que tiene. Alguien que no esté tan lleno de miedo.
 Estoy llena de miedo. Porque sé mejor que nadie lo que duele un corazón roto, y de solo pensarte en mi lugar, doliendo lo que me duele a mí estar así, se me destroza el alma.
 Solo mereces amor. Alguien que te haga reir, y esté ahí para vos cuando lo necesitás. Alguien que te cuide, no alguien a quien cuidar.
 Quiero que me dejes de cuidar. Que dejes de ser tan incondicional, de darme tanto, de ser tan especial. Necesito que dejes de serlo, porque yo no puedo serlo para vos. Y eso me parte en dos.
 No te convengo. Tengo tanto kilombo adentro que siento que nunca va a estar resuelto de todo. Lloro, me pierdo, me desgarro, me lastimo. Cuando es conmigo no pasa nada, pero ¿y si te desgarro, te lastimo a vos?
 No me lo podría perdonar.
 No me ames. No te enamores. No me cuides.
 Salí corriendo antes de que sea tarde. Corré y ponete a salvo. (eso es lo que haría yo si pudiera escaparme de mí)

jueves, 26 de octubre de 2017

Corazón, es tan fácil quererte

Lo miro y no lo puedo creer. Bueno, en realidad yo sí, yo estoy segura; el que no está seguro es él. Y un poco de bronca me da porque si se viera con mis ojos dejaría de dudar. De preguntarse que vi en él.
  Se lo explicaría mil veces, pero creo que nunca va a entenderlo, porque en su cabeza la pelotudes de que no es alguien interesante, tiene lógica. Que nada de lo que dice tiene importancia como para ser escuchado. ¿Quien le hizo creer eso? Yo quiero escucharlo todo, cada cosa que se le ocurre, cada cosa que analiza.
  Porque tiene una sonrisa hermosa (con diente partido y todo) pero la parte más linda es lo que no se ve, o lo que cuesta un poco más ver. Porque es un poco cerrado, reservado, difícil de llegar. Pero cuando llegas, terminas atrapado por un mundo increíble, en el que te sentís entre algodones, porque no te deja recibir ni un rasguño, pero a la vez sos un super héroe que se lleva el mundo por delante, porque logra hacerte sentir fuerte. Muy fuerte.
  Tiene ideas marcadas (quizá muy marcadas. Demasiado a veces) y aunque le cuesta un poco sacarlas a la luz, cuando lo hace es tan claro y seguro que parece mentira que sea tan poca su autoestima. Tiene ideales libres; cree en la igualdad, siempre está ahí para escucharte y ayudar. Te sostiene. Y da consejos que no son órdenes, sino reflexiones. Consejos que te dejan evaluando tus opciones para resolver lo que te pasa vos solito, pero con él al lado. Al pie del cañón.
  Podría quedarme escuchandolo mil años sin aburrirme. Abrazada a su espalda, acariciandole el pelo. Viendo como le brillan los ojos cuando está demasiado distraído para acordarse del miedo, de sus dudas, de que se tiene que cerrar para protegerse.
  Entonces me interrumpe:
  - ¿En qué pensás? - dice
  - Nada - le respondo. Y sonrío. Me convierto en él en un segundo, no por miedo, tampoco por inseguridad. Mi silencio tiene más que ver con que no lo entendería aunque se lo dijera mil veces. Porque no cree que es lindo, o no se da cuenta. Y una parte de que lo sea radica justamente en ese punto: no tiene idea de lo valioso que es.

miércoles, 25 de octubre de 2017

"Ella es tranquila pero sabe lo que es ponerse brava. Rompe todo si tocan a las personas que ama. Si la necesitan no hace falta nada, aparece con fuego en la mirada y entre sonrisas revuelve cenizas ajenas para encender una nueva llama. Ella no sueña solo en la cama, y se caga en quien la quiere sin ganas, en la quien la deja para mañana. Ella ríe a carcajadas, pero también llora por pavadas, y arruina madrugadas pensando en cosas malas. A veces no logra ver sus alas, pero sabe siempre que la vida puede ser mejor que un cuento de hadas. Que no vale la pena rendirse por nadie, ni por nada. Ella es linda hasta con el alma rota, solo hay verdades en su boca. Es real, no busca ser como otras. De lejos parece normal pero de cerca está completamente loca. Se ilusiona sin barreras, y amá de mil maneras. Sabe que puede doler, pero igual se entrega entera." 
- Nicolás Andreoli

sábado, 21 de octubre de 2017

Contradictorio

  Ayer estaba volviendo a mi casa a eso de las 6 am. Había salido con amigos y solo quería llegar a dormir. Estaba cansada, pero manejar siempre me mantiene atenta. Llegue a una esquina peligrosa en la que los semáforos no andaban y frené por inercia, como lo hago siempre para poder ver que no viene nadie. Pero venía. Una moto cruzó a una velocidad muy rápida, y a mi izquierda pasó una camioneta a una velocidad todavía más rápida. No puedo describir muy bien lo que sentí.
  Vi volar a la moto, y a una persona. Un chico.
   La moto no era roja. El chico no era rubio. Y no estábamos en 7 y 524. Pero algo dentro mío volvió a quebrarse sin ruido, pero con estruendo. ¿Porqué? ¿Porqué tuve que ver algo como eso?
   Me da mucha bronca, pero cada vez me acostumbro más a la idea de que esto va a dolerme para siempre, que no voy a poder subirme una moto nunca más a pesar de que me encantaban. Que voy a tener miedo cada vez que alguien me diga que vuelve a casa en una, que el hueco que dejó en mi vida nunca se va a llenar. Que voy a estar rota para siempre.
  Me duele el cuerpo. La cabeza, la espalda, el cuello. Me duele todo, me duele el alma. Me duele el tiempo que corre y frena. Me duele no poder cambiar lo que me pasó. Lo que le pasó. Porque cambiaría el haberlo conocido por que nunca le hubiera pasado esto. Por que preferiría verlo desde lejos pero sano y salvo.
  Siento que adentro mio tironean dos fuerzas que no sé como callar. Dos fuerzas que sé nunca se van a callar. Que siempre van a gritar que hubiera pasado si... que hubiera pasado si nada pasaba. Quien sería yo, quien sería él, dónde estaríamos. ¿Estaríamos juntos?
  Me duele todo, pero más que nada el tener que seguir adelante con mi vida. Porque sé que lo merezco, pero ¿cuanto valor se necesita? Peleo todos los días contra las ganas de rendirme al dolor que tengo. Rendirme al pozo oscuro. Quedarme tirada en el fondo hecha un ovillo, y que la vida pase. Que me pase de largo, que me ignore, que me deje en paz. Que todo siga girando sin mí porque yo no tengo fuerzas para seguir.
  No quiero estar con él. Puede que a veces lo extrañe, pero es más una melancolía. Y aún así no me deja de doler ese maldito accidente. Ese maldito 16 de agosto que me cambió tanto. A mi, a mi mundo, a mi vida.
  Siento a cada rato que no lo voy a lograr, pero agacho la cabeza y sigo. Aguanto el tirón, el dolor, el desgarre. Aguanto, soporto y sigo. Porque no me enseñaron de otra forma, porque no lo sé hacer de otra manera. Porque aunque quisiera nunca sería capaz de rendirme. Pero duele a cada rato. Duele mucho. Por dios, quiero que me deje de doler.

  .si no me rompo es solo porque pongo empeño. 

jueves, 19 de octubre de 2017

lunes, 16 de octubre de 2017

'cause i see sparks fly whenever you smile

  "Porque sí, ¿a quien no le gustaría esa sonrisa?" 
   Yo me pregunto, ¿a quién no le gustaría la tuya?
   La primera vez que nos vimos volví a mi casa con una canción en la cabeza que tuve la necesidad de twittear. Fue loco, porque no pude dejar de cantarla una y otra vez, y ahora esa canción le pertenece porque cada vez que la escucho no puedo pensar en otra persona.
  Nos cuesta creer en lo bueno, o al menos a mi me cuesta bastante. Porque nunca antes me pasó, y es difícil creer en eso que no viviste. Y a mi cuesta creer que por fin alguien bueno se cruzó en mi camino. Y que me gusta, me encanta como es.
  Me pasaría todo el día con él, hablando de esas cosas que a casi nadie le interesa. Perdiéndonos en discusiones sin sentido sobre temas universales sin llegar a ninguna parte. Lo abrazaría hasta cansarme (aunque creo que nunca me voy a cansar). Los abrazos siempre me parecieron incómodos, difíciles. Los suyos tienen una mezcla rara y hermosa entre suaves y fuertes, sutiles y llenos de valor.
  Creo que me está gustando demasiado pasar todo mi tiempo juntos. Con su pelo platinado, sus hoyuelos y su diente apenas partido. Con todo eso que lo hace ser él, y que por eso me gusta. Porque estoy casi segura que el pelo platinado no le quedaría bien a nadie más.
  Y un poco de bronca me da que no vea todo lo que yo veo en él. Porque al fin y al cabo, estamos en la misma. Viendo en el otro todo eso que nos gusta, todo eso que nos da miedo, todo eso que no podemos creer que sea verdad.
  Nos falta relajarnos. Relajarnos y disfrutar de lo que nos está pasando. Dejar de pensar en la edad, las circunstancias, en el miedo. Dejar de pensar en todo y ser felices.


miércoles, 11 de octubre de 2017

Infierno de Inestabilidades

  "A veces los sentimientos nublan la razón y las decisiones, y al mismo tiempo, la razón arruina los sentimientos que hacen que la vida valga la pena." Sense8

   Soy un desastre de emociones, porque no las sé controlar. O bueno, no. En realidad lo que no sé controlar es mi cabeza, y todos los quilombos que arma al rededor de algo que es en realidad muy simple. Capaz por eso me cuesta tanto disfrutar sinceramente. Capaz por eso también me gustan tanto esos momentos en que la risa genuina se me escapa.
  Soy como una montaña rusa. Hoy arriba, mañana en lo más abajo. Con todos los condimentos que existen. Lágrimas, drama, miedo. Mucho pero mucho miedo.
  Puedo decir que tengo miedo a sufrir y eso es todo. Pero en realidad el mayor de todos es el miedo a que lo bueno termine. ¿Que miedo idiota, no? Pero estamos acostumbrados a eso, a que lo lindo siempre tiene final, que no es para siempre. Y quizá si nos relajáramos a disfrutar, si podría dudar. Vivimos tensos esperando la caída. Eso que la va a cagar. Y si nada la caga, vos mismo te ocupas de arruinarlo con tanto miedo.
  Miedo, miedo, miedo. Que palabra de mierda. O no, en realidad es sólo una palabra. Lo que es una mierda es sentirlo, sufrirlo. Yo casi siempre corro en círculos cuando me ataca. En mi cabeza, obvio. Grito, pataleo, me quiero arrancar todo el pelo. Y por fuera, quien me ve, es testigo de un auténtico zombie. Una mirada ausente, que en realidad está mirando para adentro, buscando en algún lugar una solución que nunca está ahí. Porque adentro todo es miedo.
  Pese a eso, siempre logro sobreponerme. Las tormentas aclaran el mundo como el llanto la vista. Y yo nunca salgo igual de una tormenta. Porque te revuelca por el piso, pero te enseña a levantarte. Y con la vista más clara, descubro que la salida siempre estuvo ahí, frente a mis ojos. Sólo tenía que estar lista para verla.
  ¿Qué? ¿Porqué te digo todo esto? a modo de advertencia, supongo. Porque soy un infierno de inestabilidades. Porque no siempre soy la chica linda, simpática y divertida. Me pierdo a cada rato y a veces me cuesta mucho encontrarme. Y en el medio, sin darme cuenta, puedo destruir todo a mi paso.
  Quiero advertírtelo porque tengo un miedo terrible a que te vayas, a que me dejes, a tener que arreglármelas sola. Y voy empujarte mil veces a vos cuando en realidad lo que quiero alejar es el miedo que me da darte el poder de lastimarme.
  Pero también te advierto otra cosa: empujar a los que quiero, es un método horrible, pero práctico. Es un filtro. Porque a quienes elijen quedarse a pesar de que hago todo para que se vayan, a esos no los suelto nunca más.
  Perdón, soy una cagada. Pero si logras sobrevivir conmigo a mis tormentas, también vas disfrutar conmigo de mis primaveras.

lunes, 9 de octubre de 2017

Hoy cuando te dije que hacía dos semanas estaba como el orto, me preguntaste "¿ahora no estas como el orto?" y te respondí que no. Y no te mentí, pero si omití lo que seguía en esa oración.
  Cuando estoy con vos me olvido que estoy triste. Y fueron sólo dos semanas, y es justamente eso lo que me impidió decirlo. Es eso a lo que me refería cuando dije "que loco, no?".
  No debes tener idea (o capaz sí, porque a mí me cuesta un poco disimular cuando estoy con vos), pero me devolviste la sonrisa. La genuina. En este tiempo de mierda en el que me conociste, me la pasé obligándome a sonreír, y mentirle a casi todos sólo para no tener que explicar los porqué del llanto. Porque me cuesta ser genuina, y porque no me gusta hablar cuando estoy mal. Pero vos en dos semanas lograste que mis filtros desaparecieran, y no sé bien porqué pero siento que te puedo decir cualquier cosa.
  Me devolviste las ganas de estar abrazada a alguien todo el día. De caminar de la mano, reír a carcajadas, mostrarme como soy. Me diste el apoyo que necesitaba para llevar a cabo esa decisión que había tomado hace tanto pero que no me anima a enfrentar. Y desde que lo hice todo es medio un quilombo de emociones encontradas de tristeza y felicidad, pero siento como me ayudas a sostenerme y el peso del mundo en realidad no es tan pesado.
  Todavía no puedo entender como hiciste todo en dos semanas, pero me cabe igual. No entiendo como fue tan rápido, tan real, tan lindo. Siento que cuento con vos pese a todo, y no hay cosa más linda.
  Esto es un gracias enorme y con letras brillantes. Me devolviste las ganas de sonreír. Y para alguien como yo que lloró por tanto tiempo, creeme que no hay cosa mejor.


viernes, 6 de octubre de 2017



I'll spread my wings and I'll learn how to fly [extenderé mis alas, y aprenderé a volar]
I'll do what it takes till I touch the sky [haré lo que sea para poder tocar el cielo]
And I'll make a wish, take a chance, make a change [pediré un deseo, me arriesgaré, haré un cambio]
And breakaway [y escaparé]
Out of the darkness and into the sun [fuera de la oscuridad, y dentro del sol]
But, I won't forget all the ones that I love [pero sin olvidar a los que amo]
I'll take a risk, take a chance, make a change [tomaré el riesgo, me arriesgaré, haré un cambio]
And breakaway [Y ESCAPARÉ]

jueves, 5 de octubre de 2017

  Estoy segura de que el tiempo no existe.
  ¿Que es el amor? ¿Qué es verdad y qué no?
  Yo ya no creo
 La parte que nadie entendería es que necesitaba (todavía necesito) vaciarme completamente. Del llanto, del rencor, los enojos y el dolor. Limpiar todo, sacarlo afuera. Y que fue una semana complicada, pero con final feliz. Como con todo. Porque todo estará bien al final. [y si no lo está es porque aún no es el final] 
  no creo en el azar
  Acabo de tener un dejà vú en el que me veía escribiendo sobre esto. Sobre que aunque me cuesta decirlo en voz alta, la parte de mí en la que vos estás, se fue con esa limpieza. Con esta semana complicada. Y aunque sé que todos los días de vida que me restan voy a seguir depurando con amor eso que dejaste en mi, por primera vez en todo este tiempo siento que ya no hay más. No hay más que esto. Tenemos que soltarnos, corazón. Ya no somos tal para cual. 
   ((nada más todo esto tenía que pasar))
  Me quedo con lo lindo. Con tu risa, tus abrazos, tus caras locas, tus chistes y tu hermosa manera de terminar los enojos con risas. Fuiste lo mejor, y te estoy tan agradecida. Me cambiaste la vida. Me cambiaste entera. Tuve que llenarme de fuerza por vos, tuve que salir a pelearla a capa y espada, y no me arrepiento de nada. 
    Aprendí lo que es dar todo por amor. Aprendí lo que es amar más allá de todo, del mundo, del qué dirán, del maldito futuro, de los malos pronósticos. Más allá de la palabra siempre. Porque te voy a amar para siempre aunque justo ahora no siga eligiendo un camino con vos. Porque para mí el amor no tiene tiempo, y esto es desde siempre y para siempre. 
  Lamento mucho de lo que nos pasó, mucho en lo que nos equivocamos. Pero me quedo tranquila porque eso nos hizo lo que somos hoy. Ojalá sonrías tanto como lo hago yo cuando pienso en vos. Cuando me acuerdo que fuiste mi compañero codo a codo en tus peores momentos. Ojalá te llenes de orgullo como lo hago yo cuando pienso en que tenías todas para perder e igual elegiste seguir. 
  No me arrepiento de nada. Fuimos amor puro, y eso no se olvida, queda en la piel. 
  Seguiremos codo a codo el tiempo que me lo permitas, porque en esta estamos juntos hasta el final, pero ahora nos toca desde otro lado. Hoy me toca a mi desde otro lugar, porque somos cambio, y yo estoy cambiando de rumbo. Ojalá algún día lo entiendas. 
  Te amo para siempre, mi amor loco, intenso, gede y único. 
  Quizá el tiempo nos cure, o quizá siempre andemos medio rotos, pensando en que podría haber sido si nada pasaba. Hoy siento que sólo esto nos podía pasar, porque los dos necesitábamos crecer. Y llevarnos adentro esta historia a medio terminar de amor y dolor. Gracias otra vez, y perdón si sentis que te estoy fallando. (Pero creo que el tiempo va a darme la razón). 

domingo, 1 de octubre de 2017

Solo quedarán los buenos momentos de ayer

  Decepción al revés. Existe?
  Capaz, (y seguro) la inventé yo, porque a veces lo que me pasa adentro es tanto que no hay palabra que lo defina del todo.
  Lamentablemente soy de las que espera lo peor de todos, no pensando mal pero sí siendo cautelosa. (O por lo menos hoy que es un domingo de lluvia y resaca lo siento así).
  Me lastimaron mucho, tanto que la manera de protegerme fue dejar de ofrecer mi confianza a cualquiera. Conservando una cierta distancia que solo unos pocos (y con mucho esfuerzo) logran pasar. Y quienes la pasan no se deben dar ni cuenta, pero yo espero lo peor para no decepcionarme, porque mi corazón ya no resistiría una sola decepción más. Prefiero pensar que era obvio que esa persona iba a actuar así, antes que pensar bien y llevarme un mal trago.
 Pero cuando se queda a bancarte alguien que no esperabas. Cuando te abraza en medio del caos total,  algo cambia.
  Porque me abrazaste? Los peores desastres naturales deben haber empezado así. Mis peores desastres naturales siempre empiezan así. Terremotos, tsunamis, huracánes.
  Decepción al revés. Sorprenderte de que alguien del que no esperabas nada, tenga un gesto lindo.
  Y que se quede hasta las 9 am escuchando tus mambos por mas de que está despierto desde temprano y tiene sueño.
  Y repetir 40 veces que no somos nada, porque hay que aclararlo para no confundir. Porque el mundo está tan lleno de gente de mierda o indiferente, y si alguien te da una mano ya interpretamos otra cosa.
 O capaz sólo lo repetimos tanto para convencernos a nosotros mismos de que no nos gustamos, que fueron un par de besos, que no significó nada. No??
  No somos nada. Una y otra vez. Marcando que estoy, que te banco, que contas conmigo, pero sin involucrarnos.
  Mis peores desastres naturales siempre empiezan igual, ya sé reconocerlos. No somos nada.
  Yo sólo sé que lo que rescato de mi noche de anoche es un abrazo y un "todo pasa" que llegaron en el momento justo y calmaron el quilombo que se me estaba armando adentro. Y lo demás es historia y anécdota de una noche bizarra. Y ya veremos como sigue, como avanza o como queda estancada. Pero, que importa? Seguro sólo fue culpa de las 24 hs que pasamos juntos viernes y sábado. Del estrés, el compañerismo, el alcohol. Fue culpa de todo menos de que nos gustemos. Porque no nos gustamos tanto, no? No somos nada. (y aunque no lo seas, podes contar conmigo).


((sentado en el suelo sin pensar que puedes contar conmigo))