martes, 30 de enero de 2018
negro
De un lado estaban las suaves caricias que quieren curar el dolor. La respiración firme y constante, y el amor incondicional. Y del otro... el desastre. El quilombo, el dolor, la oscuridad que llama y atrae. Esa que puede absorberte en un instante. Que te consume, te arrastra, te tira, te golpea y te revuelca.
Cuando no sabes cual de los dos es real, y estás en ese limbo sin saber a donde ir. Cuando los fantasmas viejos y oxidados vuelven a abrazarte, elegí abrir los ojos. Yo elegí abrir los ojos y encontrarme con los suyos.
No podrían entender porqué lo amo ni en un millón de años, porque sólo yo puedo sentirlo. Sólo yo sé lo que fue estar en ese limbo tanto tiempo, rodeada por mi propia oscuridad. Sólo yo sé lo que es ver los ojos de Jero y sentirme a salvo otra vez.
No, el quilombo no volvió. Ya no me rodea la oscuridad. No estoy en el limbo.
Fue sólo una pesadilla. Una de esas recurrentes que van a acompañarme para siempre.
Ojalá también sean para siempre las caricias que logran despertarme y hacerme ver que no todo está tan mal.
miércoles, 17 de enero de 2018
Ellos que saben
No deben existir atardeceres más lindos que los de pozo salado. Diría que es una playa que roza lo mágico, y por eso me gusta tanto. Kilómetros de arena sin comercializar, un mar tan azul que duelen los ojos de verlo y un cielo que deslumbra con sus atardeceres, sus estrellas y su luna. Todo es tan único que parece que fuera propio de este lugar. Como si fuera un pedazito de espacio separado del mundo real, donde la señal de celular tampoco funciona y no hay luz electrica ni agua corriente.
Estoy en el medio de la nada, sentada en un médano, escuchando el mar y observando el sol mientras se va. Son las nueve de la noche, y tengo la campera puesta porque el viento sopla fuerte. La noche pinta para hermosa, pero la tarde fue compleja. Estuvo nublado desde temprano, y tuvimos que irnos a las carpas porque una tormenta apareció y se robó la diversión. Pero a veces las cosas hermosas también tienen sus ratos nublados, y hoy descubrí que eso es parte de su belleza.
Me harté de escuchar gente diciendo que tengo un potencial muy grande para lastimar. Para lastimarlo. Me dolían un poco esas voces, pero lo que más me dolía era que yo en el fondo también lo creía. Siempre me sentí un tanto destructiva, siempre me pesó tener el poder de hacer daño a quienes amo. Pero amar significa un poco eso, no? Dar la posibilidad de lastimarte a alguien y confiar en que no lo va a hacer.
Siempre respondí "ellos que saben", con la duda adentro, con esa parte de mí gritando que quizá no se equivocaban. Que estoy loca, que capaz mañana me despierto cruzada y al irme dejo un corazón desecho. Y hoy entendí que nunca estuve más lejos de esa realidad.
Vine a uno de mis lugares favoritos en el mundo pensando solo en que quería que una persona me acompañara. Vine todo el camino pensando en cada una de sus reacciones, en como sería cuando viera la playa o los tamariscos. Como sería dormir a su lado con el ruido del mar de fondo. Vine todo el camino pensando en que ya no tengo ganas de hacer las cosas sola nunca más, que ahora todo lo quiero compartir. Y que justamente eso dice más de mi que cientos de "te amo" juntos. Llegué a ese punto que siempre me dio tanto miedo. Ese momento en el que soy consciente de que puedo hacer lo que sea sola, pero de todas maneras prefiero hacerlo acompañada.
Nunca sentí un amor tan pacífico, tan sutil, tan imperceptible. Pero a la vez tan arrollador. Se llevó todo lo malo, y trajo otra vez la felicidad.
Dicen que el amor va a destruirte y hacerte sentir completo todas las veces que se lo permitas. Y yo no puedo dejar de pensar porque me estuve resistiendo tanto a lo que siento, si es de las mejores cosas que me pasaron.
((15/01/18))
viernes, 29 de diciembre de 2017
lunes, 25 de diciembre de 2017
Es raro como las cosas suceden, como llegan, como transcurren. Es raro como siempre llego tarde a todas conclusiones sencillas que no debería ni plantearme, pero si no la hago difícil no sería yo, ¿no? Nos abrazamos con el atardecer a nuestra espalda y tuve que hacer un esfuerzo enorme para retener una pregunta imbécil que hubiera sido inútil hacerle.
La respuesta no la sabe él, ni yo, ni nadie, porque tal respuesta simplemente no existe, es incierta.
Pero da tanto miedo.
Quizá también por eso retuve en mí la pregunta. Me da miedo la respuesta. Me da miedo que no sea la que espero.
La llevé al fondo de mi garganta, y lo abracé tan fuerte como puedo. Tan fuerte como me lo permiten mis brazos, pero que nunca es suficiente. Nunca es suficiente, siempre siento que lo quiero tener todavía más cerca, más apretado, más juntos.
El miedo constante que tengo es equivalente a lo feliz que me siento. Y me hace tener ganas de llorar a cada rato. Pero es un llanto extraño, es esa mezcla de sentimientos hermosos y horribles a la vez. Es ser tan feliz que no lo puedo creer, tan feliz que desborda, tan feliz que da miedo. Da miedo que todo se venga abajo y esa felicidad desaparezca. Que él desaparezca, y me quede sola otra vez. Por eso ni el abrazo más fuerte es suficiente, porque por más de que nos quedaramos pegados, no podría hacer callar esa voz que me grita a cada rato que todo se puede arruinar en un segundo.
Este fin de semana me di cuenta que lo amo mucho más de lo que soy capaz de poner en palabras. Más de lo que soy capaz de demostrar.
Me di cuenta que haría lo que sea por verlo feliz, y que también lo defendería de lo que sea que intentara hacerle mal. Incluso de mi misma. Lo cuidaría hasta de mí, y eso es más de lo que nunca pensé que llegaría a sentir.
Lo amo y no entiendo porqué me costó tanto darme cuenta.
Ojalá la respuesta nunca llegue.
O mejor todavía,
ojalá nunca más tenga la necesidad de hacer la pregunta.
domingo, 17 de diciembre de 2017
de amores
Tuve muchos, y algunos dolieron. Tuve de esos aire volados que van y vienen, que no van a ningún lugar, con los que nunca se sabe, pero con los que te sentís libre. También tuve su contrario, con esos amores tierra que te ponen los pies en la tierra y te obligan a caminar, a reaccionar, a madurar. Pero que te encierran en su constancia. Es curioso, la tierra siempre me pareció aburrida. Quizá por su forma tan lisa y constante. Sin altibajos, sin cambios. Sin emociones fuertes.
Pero de todos, los peores fueron fuego. Es inquietante como siempre obedecen (y obedezco) a un mismo patrón. El fuego es calidez, es energía, es diversión, es intensidad pero si te acercas demasiado, te podes quemar. Tengo marcas por todo el cuerpo de esas quemaduras que deja el amor. La piel chamuscada es señal de que efectivamente me arriesgué a la montaña rusa de esos amores que te arrastran sin rumbo a todo eso que te puede destruir. Yo pensaba que eran los únicos, que no existía algo más hermoso y feroz. Que los amores para ser increíbles, tenían que ser destructivos. Que la destrucción total era el precio que pagabas por sentirte tan única previamente.
Entonces conocí un amor agua. Antes pensaba que era como la tierra, lo que lo volvía aburrido. Pero resulta que se parece más al fuego de lo que creía. Sufren de la misma intensidad, pero de forma distinta. Y digo sufren por que esos amores son tan sensibles que parece que solo conocen eso: sufrimiento. La diferencia es que mientras el fuego quema, el agua limpia. Sana, revitaliza. Y su único peligro es que posiblemente te deje sin oxígeno por querer cubrirte completo, por querer salvarte entero. Nunca pensé que alguien pudiera quererme más de lo que me quiero a mi misma, pero me equivoqué. Nunca pensé que alguien sería capaz de destruirse a si mismo con tal de mantenerme completa.
Supongo que todos somos el fuego de alguien, y el agua de algún otro. Todos alguna vez fuimos aire y pasamos solo una vez para traer vientos de cambio. Tal vez también fuimos tierra y dimos esa cacheta a tiempo que te vuelve a la realidad. Tal vez no solo somos algo, no siempre somos lo mismo, no siempre sentimos igual ni actuamos en consecuencia. Seguro somos dependiendo quien tenemos en frente.
jueves, 7 de diciembre de 2017
Draco
Tampoco tu mochila, tus jeans, menos lo que tengan tus bolsillos.
Pueden ser dos pelusas, o tres. Van a darme igual.
Puede que me guste tu sonrisa, pero solo si sé que es señal de que sos feliz.
Porque tampoco va a importarme el color de tus ojos, lo que me gusta de ellos es que reflejan lo que llevas adentro.
Dejá de estresarte corazón, que lo que me importa no es tu exterior.
Dejá de pensar que bailar bien, tener uno o dos centímetros más de altura o unas orejas más normales te harían mejor para mí.
Porque para mí te convertiste en lo mejor el día que me devolviste las ganas de sonreír.
Te juro que el mundo era gris y caíste vos con lapices de colores. Y no me dejaste rendirme al dolor que sentía.
Ni tu cara, ni tu cuerpo, ni lo que tengas o no tengas. Lo que te vuelve diferente es lo que sos.
Lo que sos conmigo, todo lo que haces por mí con o sin intención.
Y ya sé que te va a parecer poco, pero a veces una sonrisa genuina vale más que cualquier cosa en este mundo.
Hacía rato que yo no sonreía genuinamente. Ni me divertía, ni disfrutaba de las cosas chiquitas del mundo.
Tenía todo roto adentro, y ahora siento que de a poco cada parte vuelve a su lugar.
Me armaste otra vez. Me seguís armando todos los días.
Dejá de sentirte menos. Dejá de pensar que me voy a ir en cuanto alguien mejor aparezca.
Me ayudaste a levantarme, ¿cómo se te ocurre pensar que me voy a querer ir con otro a disfrutar del sentirme mejor?
Te mereces todo lo bueno que pueda darte, porque te quedaste cuando todo era bastante malo.
Gracias.
Gracias por atajarme cada vez que derrapo.
Gracias por darme la estructura que me falta.
Por ordenarme un poco en el quilombo que soy y recordarme que puedo y que merezco ser feliz.
Gracias porque me pones los pies en la tierra cuando todo es un desastre.
Porque me recordás que la gente buena todavía existe.
Gracias porque me recordaste que el amor es algo lindo que vale la pena vivir.
martes, 5 de diciembre de 2017
domingo, 3 de diciembre de 2017
Extraterrestre
lunes, 27 de noviembre de 2017
El fin de algo.
Y el comienzo de algo nuevo.
Porque la vida es un ciclo, y la mayoría de las veces que algo termina da lugar a que algo nuevo comience. Como ese 23 de septiembre que todo terminó y se llevó una parte de mí con él, una parte que ya no me servía ni gustaba.
Claro está que cambios tan grandes no se dan en un día. Tampoco en dos. No es cosa de un fín de semana. Quizá es cosas de meses y meses de proceso. De día a día ir formulando mejor esa idea que te está dando vueltas. Pero lo que es cierto es que un día te despertás y todo se materializa. Ese día, no fue el día que todo llegó a su fín, sino el día en el que te diste cuenta que hacía rato que las cosas habían terminado.
Y para empezar es lo mismo, para arreglar, para aceptar, para perdonar. Para enamorarse. Nada sucede en un solo día, pero si existe ese glorioso día en qué te das cuenta, te cae la ficha y ya no hay vuelta atrás.
Fin de semana, comienzo de vacaciones, alegría hermosa.
Sol. Pileta. Amigos. Volver a ser los de antes, y recuperar el grupo hermoso que eramos y que creía que había desaparecido.
Cama. Tele. Chocolate. Amor. Dormirme abrazada, despertarme con un beso. Sentir su respiración en mi nuca.
Este fin de semana me devolvió todo lo que pensé que había perdido este año. La sonrisa, y la felicidad. O capaz no, capaz es algo que fue volviendo de a poco desde ese día que puse fín a todo lo que me hacía mal, y en este finde se hizo visible.
Soy feliz. Así, sin peros. Sin vueltas. Sin culpas.
Soy feliz y lo quiero gritar.
lunes, 20 de noviembre de 2017
el mundo sabrá que te quiero, tengo que gritarlo otra vez.
Estoy tan llena de sentimientos lindos que no parece haber lugar para las dudas y los miedos. No me lo puedo creer. Me siento tan bien, tan feliz, tan llena de energía que lo quiero gritar a los cuatro vientos y que todos se enteren. Y a la vez, no necesito hacerlo. Me alcanza con sentirlo.
Hace dos meses el mundo se me venía abajo. Hoy siento que día a día lo reconstruyo un poco más. Porque efectivamente se me vino abajo, y no me quedó nada. O en realidad creo que yo fui quien decidió que quería derrumbarlo.
No me gustaba donde me encontraba, todo lo que tenía alrededor se había teñido de un color oscuro que me hacía doler. Un día me cansé y lo tiré abajo. Todavía no entiendo de donde saqué el valor para hacer semejante cosa, pero me alegra mucho haberlo hecho. Me quedé en la nada, en el polvo, en cenizas. Y pensé que no iba a sobrevivir, pero acá estoy. Quién diría, ¿no?
Quien diría que iba a lograr sentirme así, que iba a poder limpiar los escombros y volver a poner ladrillo sobre ladrillo de un nuevo mundo. Uno que me hace feliz.
jueves, 16 de noviembre de 2017
miércoles, 15 de noviembre de 2017
Desde que conozco Casi Normales, la amo. No sólo me parece un musical de la puta madre, no sólo me gustan sus canciones, no sólo trasmite buenos mensajes. Desde que lo conozco me siento identificada. Me hizo llorar tanto pero tanto. Cada vez que sus canciones aparecen lloro porque me da una cachetada atrás de la otra, me vuelve a la realidad. Me llena de todo eso que me niego a ver.
Desde la primera vez que la vi me sentí identificada con la que sufre, la que se siente incomprendida, la que no puede más. Y hoy cuando volví a escucharla cantar me di cuenta que en realidad siempre fuí quien está parado en frente de ella. Ese que aguanta, soporta, el que sigue aunque no sabe bien porqué, el que prometió y sigue ahí firme creyendo que puede ahorrarle dolor a los demás. El que se niega a ver, el que dice "está todo bien", el que se muere porque todo esté bien. Pero que siempre está por fuera, porque no puede solucionar nada, porque el problema escapa a su alcance.
Lloré.
Me di cuenta que dejé de ser él. Dejé de serlo el día que decidí que no quería estar triste nunca más. Lloré porque sigo luchando contra todo eso que me quiere empujar al pozo, pero también lloré porque me siento más fuerte que nunca. Porque sé que puedo. Porque más allá de todo ya no me ciego, ya no digo está todo bien, ya no le esquivo al dolor. Lo miré de frente y le juré (me juré) que lo iba a sanar. Que iba a sanar porque me merezco sanar. Y porque no quiero estar triste nunca más.
Lloré porque me hice cargo de todo eso que estaba evitando hace tanto, y hoy me siento más lista que nunca. Hoy por fín me siento bien. Y hacia tanto que todo se sentía tan mal.
Y no puedo asegurar que la tristeza se fue. Pero sí que estoy mejor. Cada día. Todos los días. De a poco, pero siendo constante.
Algún día lo voy a lograr.
Uno de estos días me voy a despertar y todo va a dejar de doler. Y va a ser gracias a mí, a lo que luché para estar mejor. Y voy a estar orgullosa, y feliz. (al fín voy a ser feliz otra vez).
jueves, 9 de noviembre de 2017
para envenenar de a poco mis recuerdos
para quererme un poquito y así quererte como quiero
para desintoxicarme del pasado.
Y si se apagan las luces
y si se enciende el infierno
y si me siento perdido se que tú estarás conmigo
con un beso de rescate.
Hoy tuve un día hermoso. Y ayer y antes de ayer también. Y no porque hayan sido perfectos, sino porque me demostraron que a pesar del kilombo, todavía me quedan razones para sonreír. Siempre hay razones para seguir, gracias al cielo.
lunes, 6 de noviembre de 2017
Se trata siempre de empezar, si todo tiene su final.
La verdad es que no sé muy bien cuando me convertí en estoy que soy hoy, pero no me gusta ni un poco. Por eso ando enojada la mitad del tiempo, porque me da bronca (mucha bronca) no poder salir de esta rueda que me tiene atrapada hace tanto. Me cansé, quiero salir. Quiero dejar de creer que las heridas se curan con litros de alcohol. Quiero dejar de llorar por pavadas, quiero dejar de pensar que todo está mal. A la mierda con todo y todos, merezco lo mejor. Pero tengo que ir a buscarlo, ya lo sé. Porque la vida es así de conchuda (o sabia) y te obliga a ir a luchar por lo que querés.
Estaba cómoda diciendo "estoy mal" y llorando por los rincones. Porque tomar hasta perder la noción hace que te olvides de todo por un rato, pero la resaca después es peor. Y no hablo de la resaca que deja el alcohol, sino de la otra, la que te queda en la cabeza. El kilombo mental de no saber para donde ir. Me cansé de ser la que soy. Quiero volver a la entusiasta, divertida y simpática.
La que hace chistes a cada rato, se ríe a carcajadas y todos le dicen "loca". La que estando en pedo, es graciosa, y no triste. A la que no le importa nada. Quiero mi versión vieja, esa que no estaba rota. Y hoy me di cuenta que repetí tantas veces que lo estoy, que me la terminé creyendo. Lo repetí incansablemente, pero sin hacer nada para cambiarlo. A la mierda con la mierda. Merezco más que esto. Merezco mucho más.
Quiero volver a brillar. Pero por mí misma, porque lo valgo, porque lo merezco y porque lo necesito. Y porque sé que puedo. Puedo con todo, y más.
que nada está perdido si se tiene
por fín el valor de proclamar
que todo está perdido,
y hay que volver a empezar.
domingo, 29 de octubre de 2017
No te convengo
O quizá sea mi mejor virtud.
A esta altura solo sé que sos de frágil cristal en manos de una torpe cobarde.
Tengo así como manos de manteca, y siento que si doy un paso en falso te voy a partir en mil pedazos.
Es que cuando abrazas a alguien roto, solo tenes dos opciones: o lo arreglas, o te cortás. Y no estoy segura de querer que me des el poder de hacerte sangrar.
Algo de ego se debe esconder en eso, lo sé.
Me gusta más pensar que es inseguridad. Mereces más. Mereces aunque sea alguien que pueda darte el 100 porciento de lo que tiene. Alguien que no esté tan lleno de miedo.
Estoy llena de miedo. Porque sé mejor que nadie lo que duele un corazón roto, y de solo pensarte en mi lugar, doliendo lo que me duele a mí estar así, se me destroza el alma.
Solo mereces amor. Alguien que te haga reir, y esté ahí para vos cuando lo necesitás. Alguien que te cuide, no alguien a quien cuidar.
Quiero que me dejes de cuidar. Que dejes de ser tan incondicional, de darme tanto, de ser tan especial. Necesito que dejes de serlo, porque yo no puedo serlo para vos. Y eso me parte en dos.
No te convengo. Tengo tanto kilombo adentro que siento que nunca va a estar resuelto de todo. Lloro, me pierdo, me desgarro, me lastimo. Cuando es conmigo no pasa nada, pero ¿y si te desgarro, te lastimo a vos?
No me lo podría perdonar.
No me ames. No te enamores. No me cuides.
Salí corriendo antes de que sea tarde. Corré y ponete a salvo. (eso es lo que haría yo si pudiera escaparme de mí)
jueves, 26 de octubre de 2017
Corazón, es tan fácil quererte
Se lo explicaría mil veces, pero creo que nunca va a entenderlo, porque en su cabeza la pelotudes de que no es alguien interesante, tiene lógica. Que nada de lo que dice tiene importancia como para ser escuchado. ¿Quien le hizo creer eso? Yo quiero escucharlo todo, cada cosa que se le ocurre, cada cosa que analiza.
Porque tiene una sonrisa hermosa (con diente partido y todo) pero la parte más linda es lo que no se ve, o lo que cuesta un poco más ver. Porque es un poco cerrado, reservado, difícil de llegar. Pero cuando llegas, terminas atrapado por un mundo increíble, en el que te sentís entre algodones, porque no te deja recibir ni un rasguño, pero a la vez sos un super héroe que se lleva el mundo por delante, porque logra hacerte sentir fuerte. Muy fuerte.
Tiene ideas marcadas (quizá muy marcadas. Demasiado a veces) y aunque le cuesta un poco sacarlas a la luz, cuando lo hace es tan claro y seguro que parece mentira que sea tan poca su autoestima. Tiene ideales libres; cree en la igualdad, siempre está ahí para escucharte y ayudar. Te sostiene. Y da consejos que no son órdenes, sino reflexiones. Consejos que te dejan evaluando tus opciones para resolver lo que te pasa vos solito, pero con él al lado. Al pie del cañón.
Podría quedarme escuchandolo mil años sin aburrirme. Abrazada a su espalda, acariciandole el pelo. Viendo como le brillan los ojos cuando está demasiado distraído para acordarse del miedo, de sus dudas, de que se tiene que cerrar para protegerse.
Entonces me interrumpe:
- ¿En qué pensás? - dice
- Nada - le respondo. Y sonrío. Me convierto en él en un segundo, no por miedo, tampoco por inseguridad. Mi silencio tiene más que ver con que no lo entendería aunque se lo dijera mil veces. Porque no cree que es lindo, o no se da cuenta. Y una parte de que lo sea radica justamente en ese punto: no tiene idea de lo valioso que es.
miércoles, 25 de octubre de 2017
sábado, 21 de octubre de 2017
Contradictorio
Vi volar a la moto, y a una persona. Un chico.
La moto no era roja. El chico no era rubio. Y no estábamos en 7 y 524. Pero algo dentro mío volvió a quebrarse sin ruido, pero con estruendo. ¿Porqué? ¿Porqué tuve que ver algo como eso?
Me da mucha bronca, pero cada vez me acostumbro más a la idea de que esto va a dolerme para siempre, que no voy a poder subirme una moto nunca más a pesar de que me encantaban. Que voy a tener miedo cada vez que alguien me diga que vuelve a casa en una, que el hueco que dejó en mi vida nunca se va a llenar. Que voy a estar rota para siempre.
Me duele el cuerpo. La cabeza, la espalda, el cuello. Me duele todo, me duele el alma. Me duele el tiempo que corre y frena. Me duele no poder cambiar lo que me pasó. Lo que le pasó. Porque cambiaría el haberlo conocido por que nunca le hubiera pasado esto. Por que preferiría verlo desde lejos pero sano y salvo.
Siento que adentro mio tironean dos fuerzas que no sé como callar. Dos fuerzas que sé nunca se van a callar. Que siempre van a gritar que hubiera pasado si... que hubiera pasado si nada pasaba. Quien sería yo, quien sería él, dónde estaríamos. ¿Estaríamos juntos?
Me duele todo, pero más que nada el tener que seguir adelante con mi vida. Porque sé que lo merezco, pero ¿cuanto valor se necesita? Peleo todos los días contra las ganas de rendirme al dolor que tengo. Rendirme al pozo oscuro. Quedarme tirada en el fondo hecha un ovillo, y que la vida pase. Que me pase de largo, que me ignore, que me deje en paz. Que todo siga girando sin mí porque yo no tengo fuerzas para seguir.
No quiero estar con él. Puede que a veces lo extrañe, pero es más una melancolía. Y aún así no me deja de doler ese maldito accidente. Ese maldito 16 de agosto que me cambió tanto. A mi, a mi mundo, a mi vida.
Siento a cada rato que no lo voy a lograr, pero agacho la cabeza y sigo. Aguanto el tirón, el dolor, el desgarre. Aguanto, soporto y sigo. Porque no me enseñaron de otra forma, porque no lo sé hacer de otra manera. Porque aunque quisiera nunca sería capaz de rendirme. Pero duele a cada rato. Duele mucho. Por dios, quiero que me deje de doler.
.si no me rompo es solo porque pongo empeño.
jueves, 19 de octubre de 2017
lunes, 16 de octubre de 2017
'cause i see sparks fly whenever you smile
Yo me pregunto, ¿a quién no le gustaría la tuya?
La primera vez que nos vimos volví a mi casa con una canción en la cabeza que tuve la necesidad de twittear. Fue loco, porque no pude dejar de cantarla una y otra vez, y ahora esa canción le pertenece porque cada vez que la escucho no puedo pensar en otra persona.
Nos cuesta creer en lo bueno, o al menos a mi me cuesta bastante. Porque nunca antes me pasó, y es difícil creer en eso que no viviste. Y a mi cuesta creer que por fin alguien bueno se cruzó en mi camino. Y que me gusta, me encanta como es.
Me pasaría todo el día con él, hablando de esas cosas que a casi nadie le interesa. Perdiéndonos en discusiones sin sentido sobre temas universales sin llegar a ninguna parte. Lo abrazaría hasta cansarme (aunque creo que nunca me voy a cansar). Los abrazos siempre me parecieron incómodos, difíciles. Los suyos tienen una mezcla rara y hermosa entre suaves y fuertes, sutiles y llenos de valor.
Creo que me está gustando demasiado pasar todo mi tiempo juntos. Con su pelo platinado, sus hoyuelos y su diente apenas partido. Con todo eso que lo hace ser él, y que por eso me gusta. Porque estoy casi segura que el pelo platinado no le quedaría bien a nadie más.
Y un poco de bronca me da que no vea todo lo que yo veo en él. Porque al fin y al cabo, estamos en la misma. Viendo en el otro todo eso que nos gusta, todo eso que nos da miedo, todo eso que no podemos creer que sea verdad.
Nos falta relajarnos. Relajarnos y disfrutar de lo que nos está pasando. Dejar de pensar en la edad, las circunstancias, en el miedo. Dejar de pensar en todo y ser felices.
miércoles, 11 de octubre de 2017
Infierno de Inestabilidades
Soy un desastre de emociones, porque no las sé controlar. O bueno, no. En realidad lo que no sé controlar es mi cabeza, y todos los quilombos que arma al rededor de algo que es en realidad muy simple. Capaz por eso me cuesta tanto disfrutar sinceramente. Capaz por eso también me gustan tanto esos momentos en que la risa genuina se me escapa.
Soy como una montaña rusa. Hoy arriba, mañana en lo más abajo. Con todos los condimentos que existen. Lágrimas, drama, miedo. Mucho pero mucho miedo.
Puedo decir que tengo miedo a sufrir y eso es todo. Pero en realidad el mayor de todos es el miedo a que lo bueno termine. ¿Que miedo idiota, no? Pero estamos acostumbrados a eso, a que lo lindo siempre tiene final, que no es para siempre. Y quizá si nos relajáramos a disfrutar, si podría dudar. Vivimos tensos esperando la caída. Eso que la va a cagar. Y si nada la caga, vos mismo te ocupas de arruinarlo con tanto miedo.
Miedo, miedo, miedo. Que palabra de mierda. O no, en realidad es sólo una palabra. Lo que es una mierda es sentirlo, sufrirlo. Yo casi siempre corro en círculos cuando me ataca. En mi cabeza, obvio. Grito, pataleo, me quiero arrancar todo el pelo. Y por fuera, quien me ve, es testigo de un auténtico zombie. Una mirada ausente, que en realidad está mirando para adentro, buscando en algún lugar una solución que nunca está ahí. Porque adentro todo es miedo.
Pese a eso, siempre logro sobreponerme. Las tormentas aclaran el mundo como el llanto la vista. Y yo nunca salgo igual de una tormenta. Porque te revuelca por el piso, pero te enseña a levantarte. Y con la vista más clara, descubro que la salida siempre estuvo ahí, frente a mis ojos. Sólo tenía que estar lista para verla.
¿Qué? ¿Porqué te digo todo esto? a modo de advertencia, supongo. Porque soy un infierno de inestabilidades. Porque no siempre soy la chica linda, simpática y divertida. Me pierdo a cada rato y a veces me cuesta mucho encontrarme. Y en el medio, sin darme cuenta, puedo destruir todo a mi paso.
Quiero advertírtelo porque tengo un miedo terrible a que te vayas, a que me dejes, a tener que arreglármelas sola. Y voy empujarte mil veces a vos cuando en realidad lo que quiero alejar es el miedo que me da darte el poder de lastimarme.
Pero también te advierto otra cosa: empujar a los que quiero, es un método horrible, pero práctico. Es un filtro. Porque a quienes elijen quedarse a pesar de que hago todo para que se vayan, a esos no los suelto nunca más.
Perdón, soy una cagada. Pero si logras sobrevivir conmigo a mis tormentas, también vas disfrutar conmigo de mis primaveras.
lunes, 9 de octubre de 2017
Cuando estoy con vos me olvido que estoy triste. Y fueron sólo dos semanas, y es justamente eso lo que me impidió decirlo. Es eso a lo que me refería cuando dije "que loco, no?".
No debes tener idea (o capaz sí, porque a mí me cuesta un poco disimular cuando estoy con vos), pero me devolviste la sonrisa. La genuina. En este tiempo de mierda en el que me conociste, me la pasé obligándome a sonreír, y mentirle a casi todos sólo para no tener que explicar los porqué del llanto. Porque me cuesta ser genuina, y porque no me gusta hablar cuando estoy mal. Pero vos en dos semanas lograste que mis filtros desaparecieran, y no sé bien porqué pero siento que te puedo decir cualquier cosa.
Me devolviste las ganas de estar abrazada a alguien todo el día. De caminar de la mano, reír a carcajadas, mostrarme como soy. Me diste el apoyo que necesitaba para llevar a cabo esa decisión que había tomado hace tanto pero que no me anima a enfrentar. Y desde que lo hice todo es medio un quilombo de emociones encontradas de tristeza y felicidad, pero siento como me ayudas a sostenerme y el peso del mundo en realidad no es tan pesado.
Todavía no puedo entender como hiciste todo en dos semanas, pero me cabe igual. No entiendo como fue tan rápido, tan real, tan lindo. Siento que cuento con vos pese a todo, y no hay cosa más linda.
Esto es un gracias enorme y con letras brillantes. Me devolviste las ganas de sonreír. Y para alguien como yo que lloró por tanto tiempo, creeme que no hay cosa mejor.
viernes, 6 de octubre de 2017
I'll do what it takes till I touch the sky [haré lo que sea para poder tocar el cielo]
And I'll make a wish, take a chance, make a change [pediré un deseo, me arriesgaré, haré un cambio]
And breakaway [y escaparé]
Out of the darkness and into the sun [fuera de la oscuridad, y dentro del sol]
But, I won't forget all the ones that I love [pero sin olvidar a los que amo]
I'll take a risk, take a chance, make a change [tomaré el riesgo, me arriesgaré, haré un cambio]
And breakaway [Y ESCAPARÉ]
jueves, 5 de octubre de 2017
¿Que es el amor? ¿Qué es verdad y qué no?
domingo, 1 de octubre de 2017
Solo quedarán los buenos momentos de ayer
Capaz, (y seguro) la inventé yo, porque a veces lo que me pasa adentro es tanto que no hay palabra que lo defina del todo.
Lamentablemente soy de las que espera lo peor de todos, no pensando mal pero sí siendo cautelosa. (O por lo menos hoy que es un domingo de lluvia y resaca lo siento así).
Me lastimaron mucho, tanto que la manera de protegerme fue dejar de ofrecer mi confianza a cualquiera. Conservando una cierta distancia que solo unos pocos (y con mucho esfuerzo) logran pasar. Y quienes la pasan no se deben dar ni cuenta, pero yo espero lo peor para no decepcionarme, porque mi corazón ya no resistiría una sola decepción más. Prefiero pensar que era obvio que esa persona iba a actuar así, antes que pensar bien y llevarme un mal trago.
Pero cuando se queda a bancarte alguien que no esperabas. Cuando te abraza en medio del caos total, algo cambia.
Porque me abrazaste? Los peores desastres naturales deben haber empezado así. Mis peores desastres naturales siempre empiezan así. Terremotos, tsunamis, huracánes.
Decepción al revés. Sorprenderte de que alguien del que no esperabas nada, tenga un gesto lindo.
Y que se quede hasta las 9 am escuchando tus mambos por mas de que está despierto desde temprano y tiene sueño.
Y repetir 40 veces que no somos nada, porque hay que aclararlo para no confundir. Porque el mundo está tan lleno de gente de mierda o indiferente, y si alguien te da una mano ya interpretamos otra cosa.
O capaz sólo lo repetimos tanto para convencernos a nosotros mismos de que no nos gustamos, que fueron un par de besos, que no significó nada. No??
No somos nada. Una y otra vez. Marcando que estoy, que te banco, que contas conmigo, pero sin involucrarnos.
Mis peores desastres naturales siempre empiezan igual, ya sé reconocerlos. No somos nada.
Yo sólo sé que lo que rescato de mi noche de anoche es un abrazo y un "todo pasa" que llegaron en el momento justo y calmaron el quilombo que se me estaba armando adentro. Y lo demás es historia y anécdota de una noche bizarra. Y ya veremos como sigue, como avanza o como queda estancada. Pero, que importa? Seguro sólo fue culpa de las 24 hs que pasamos juntos viernes y sábado. Del estrés, el compañerismo, el alcohol. Fue culpa de todo menos de que nos gustemos. Porque no nos gustamos tanto, no? No somos nada. (y aunque no lo seas, podes contar conmigo).
martes, 26 de septiembre de 2017
Que caros son los precios del amor
Y sé que fue mi decisión y sé también que esa es la parte difícil de sostener. Yo lo dejé, y aunque me esté muriendo por correr a buscarlo, sé que esto es lo mejor. Que lo necesitamos.
Tengo demasiado miedo de perderlo, de que este tiempo lejos lo ayude a olvidarse de mi, a darse cuenta que sin mi está mejor, de que no me quiere. Pero más miedo me da perdernos por quedarnos juntos y que lo nuestro se vuelva una nueva forma de sufrir.
Cada vez que el mundo se me venía encima el que me sacaba a flote era él. Perdí mi salvavidas y siento que me hundo cada vez más.
Esto es una mierda. Todo es una mierda. Sólo quiero desaparecer, hacerme aire, flotar y dejar de llorar en cada rincón que encuentro. Quiero que seamos libres y felices otra vez. Como antes.
domingo, 17 de septiembre de 2017
No tiene cura
Podría decir que el pronostico es horroroso. Que tengo un presente complicado, triste y un futuro que parece bastante desfavorable. Complicado es, no voy a negarlo. Por momentos tengo el cuerpo y la mente cansadas del desgaste constante que es tener que repetir lo que digo varias veces, explicar también repetidas veces cosas que quizá alguien entendería en un segundo.
Sin embargo anoche se despertó sobresaltado en el instante en que empecé a llorar. Y quizá no comprendió realmente el porqué de mi llanto, pero me abrazó fuerte y me trajo un vaso de agua. Me dormí con sus caricias y me desperté con sus besos.
Hizo mate y jugo exprimido para desayunar, jugamos al UNO y tuve un inicio de domingo tan lindo. Gracias a Pablo tengo una vida linda, feliz, llena de paz. Puede que no entienda del todo las palabras, pero entiende a la perfección lo que es cuidar a alguien.
Y me pregunto si algún día podrán curarse esos idiotas que están con mis amigas. Si se puede erradicar esa enfermedad del egoísmo total. Si algún día van a aprender a cuidar a alguien tanto como Pablo me cuida a mi, como cuida lo que sea que somos. Porque quizá a los sentimientos le sobren las palabras que a Pablo todavía le faltan aprender. Y porque estoy segura de preferir explicar palabras a tener que soportar el dolor de alguien que no te sabe valorar.
Hoy miré a mi alrededor y me dí cuenta que la afasia no es tan mala, que hay cosas peores que puede nunca se lleguen a curar.
Estoy tan orgullosa de quien tengo al lado, que quiero que todos vean en él lo que yo veo. No me importa repetir 20 veces ciertas palabras, si eso significa ser tan feliz como lo soy con Pablo. (miamor)
jueves, 14 de septiembre de 2017
lunes, 11 de septiembre de 2017
Ayer otra vez los celos te cegaron, y me lastimaste. Con cada momento de mierda que paso, me lastimas un poco más. Y lo peor es que esta vez siento que va más allá. Porque muchas veces antes en medio del quilombo pensé "no te quiero ver más". Ayer, en medio del enojo, también te lo grité. Pero eso no es lo peor, porque repito, muchas veces antes también lo hice. El problema es que hoy, una vez que el enojo y las lagrimas ya pasaron, lo sigo evaluando como una posibilidad.
Te amo, y no es algo que se me vaya a pasar en un rato. (Si hasta creo que no se me va a pasar nunca). Pero te juro que no puedo más contra vos. Porque así lo siento cada vez que te enojas, gritas y te cegas: siento que estoy luchando contra vos. Contra lo que sos, lo que siempre fuiste, lo que está en tu esencia. No puedo más, y creo que necesito un descanso, puede que sea un tiempo, o quizá más. Pero necesito parar. Poner un freno justo acá para no derrapar.
jueves, 7 de septiembre de 2017
Frágil
Pegame, ninguneame, humillame.
Repetime incansablemente que no sirvo para nada.
No voy a reaccionar, te juro que no. Puede que llore un poco, que explote estando sola y necesite desahogar todo el veneno, pero nunca te vas a enterar. Porque soy demasiado orgullosa como para mostrarme débil, porque estoy segura de lo que quiero y de lo que valgo aunque a veces me pierda. Retomo el camino enseguida.
Tirá a matar, dale. Estoy segura de que no lo vas a lograr. Te juro que no vas a poder.
No porque no tengas la capacidad, sino porque no me voy a rendir. No vas a ganar. Conmigo en frente, no. Porque soy de las que sigue aunque no pueda más, soy de las que agachan la cabeza y dan pelea, asi que dale, te desafío a intentar derribarme.
Me voy a tambalear un par de veces, vas a creer que ganaste, pero no festejes antes de tiempo Lucifer.
Conmigo no vas a poder, te lo prometo. Te lo juro. Me lo juro.
Nada que me pueda detener. Regla numero uno: no hay nada que me pueda detener.
sábado, 2 de septiembre de 2017
estabilidad
Despertarte en la casa del chico que amas después de haber cenado con sus papás la noche anterior me parecía irrealizable. Bañarme, desayunar y compartir cosas cotidianas, utópico. Nunca había llegado al punto de compartir el día a día con alguien (con lo lindo que es). Pensé que para cuando llegara a ese punto, ya iba a estar aburrida, monótona, con ganas de volar para otro lado. Y aunque me lo hubieran explicado, no habría entendido. Porque siempre es mejor vivirlo, y descubrir que lo cotidiano, la rutina, eso que haces sin darte cuenta repetidamente, es una de las cosas mas lindas para compartir. La confianza, la comodidad, el entendimiento. Poder estar despeinada y recién levantada, y que no lo importe. Verlo en bóxer, con medias y pantuflas mientras te prepara el mate. Saber que no importa, que esa simpleza de todos los días es ideal con la persona adecuada.
Nunca pensé que se disfrutaba tanto de la cotidianidad. Nunca creí que la estabilidad era lo mío. Creo que sólo necesitaba conocer a Pablo y darme cuenta que la normalidad es lo único que anhelo para nosotros.
miércoles, 30 de agosto de 2017
pasado
Hoy otra vez estoy enfrente de una pantalla escribiendo sobre ese que pensé que no iba a escribir nunca más. Pero cuando algo te marca tanto, cuando deja tanta huella, es difícil no recordarlo con cada paso que das.
Lo lindo (y lo diferente) es desde que lugar escribo en esta oportunidad. Hubo tantas veces de tristeza, enojo, decepción y dolor, que hacerlo hoy desde esta ¿plenitud? ¿superación? es algo hermoso.
Hace un tiempo que una de mis amigas sufre por un imbécil al que no puede (o no quiere) dejar. Hace un tiempo también que me encuentro dando consejos a quien sé no está preparada para escucharlos. No por que no quiera, o capaz sí, pero también porque no está lista para entenderlos. Porque las frases hechas suenan lindo, y son ciertas, pero cuesta mucho MUCHO comprenderlas, verlas, aplicarlas. Sobre todo aplicarlas.
Porque a veces para terminar con eso que te hace mal necesitas tocar fondo, darte cuenta que después de eso ya no hay nada más.
Me acordé de él porque yo necesité tocar fondo, desgarrarme y perderme a mi misma para entender que no me merecía. Sufrí tanto por culpa de un idiota que nunca me valoró que hoy lo único que tengo para decir es gracias. Gracias, eternas gracias.
Me enseñaste todo lo que no tengo que permitirle a alguien que me haga. Me mostraste todas las cosas malas que pueden pasar cuando no te pones primero, cuando no te queres, cuando no te valoras. Me humillaste tanto, que me quedé sin dignidad alguna, teniendo que reconstruirla de cero. Me pisoteaste tanto que tuve que volver mis pisadas mucho más firmes de lo que eran. Me destruí tanto, y te dí tantas de mis partes que tuve que crearme otra vez.
Y no debes tener ni idea, pero cuesta muchísimo armarse después de que alguien se lleva todas tus ganas de vivir. Pero gracias, porque tener que encontrarme otra vez en medio de la oscuridad total me enseñó a no perderme nunca más. Ahora conozco los caminos de dolor (porque ya los anduve), y sé por donde nadie nunca va a volverme a llevar.
Me hiciste dudar tanto de mí, que hoy estoy muy segura de lo que soy, de lo que merezco, de lo que no voy a aceptar.
Me perdí por vos, pero eso me enseño a encontrarme. Y hoy cuando me acordé de todo el dolor, lloré otra vez. Lloré, con esa mezcla rara de tristeza y felicidad. Porque esa que fui por vos, hoy está muy lejos. Porque hoy tengo alguien al lado que me cuida tanto que a veces me siento de frágil cristal. Porque hoy soy muy feliz. Y esa felicidad la construí yo solita, y estoy tan orgullosa de mí.
Gracias Matias, por que si no me hubiera perdido por vos, si no me hubiera desgarrado, si no hubiera tocado fondo, nunca me hubiera convertido en esta que soy hoy. Fuerte, segura y feliz.
martes, 29 de agosto de 2017
sábado, 19 de agosto de 2017
Creo que lo que estoy sintiendo nunca antes lo sentí en mi vida, y lloro. Pero no de tristeza, de emoción, porque realmente no puedo creer que esto sea real. Les juro que no me puedo creer lo que estoy sintiendo, cuanto lo amo, cuan feliz soy. No me la puedo creer, no termino de entender en qué momento la vida se volvió tan linda, tan simple, tan feliz. Soy muy feliz.
Me encuentro a cada rato con la mirada perdida por ahí, pensando en lo lindo que es todo lo que me pasa. En lo lindo que es (después de haber sufrido tanto) sentir algo que nadie antes te hizo sentir. Estoy estrenando sentimientos, y yo pensé que eso solo pasaba cuando te enamorabas por primera vez. Sentirlo hoy, después
de haber caminado tanto, roza lo imposible.
No me quiero olvidar de esto nunca, no quiero perderme ni un detalle de mi vida porque es tan perfecta que la quiero guardar en una cajita de cristal. Soy tan feliz que quiero recordar cada segundo de cada día.
Y quiero que mi vida entera se trate de esto, de mi, de Pablo, de ser feliz, de no poder creer lo feliz que soy.
Soy una eterna agradecida al que sea que maneja el destino que hizo que Pablo se cruzara en el mio.
miércoles, 16 de agosto de 2017
Suerte que te vi
Hoy no se cumple un año, sino dos. Dos. ¿Cuando carajo pasaron dos años? Si miro para atrás es increíble lo mucho que cambiamos. Lejos muy lejos está la chiquilina que sólo lloraba y se quejaba, que no dormía, que se la pasaba preguntando porqué.
A diferencia de lo que había sido el primer año después de que todo pasó, a puro llanto y quilombo, este fue más duro pero menos ruidoso. Increíblemente, la pasé peor. El tiempo pareció más lento, y más pesado. Por varios meses no podíamos vernos, y era una tortura que no le deseo a nadie. Porque la parte linda era que Pablo quería verme las 24 hs del día, la parte fea era que destruía todo a su paso cuando me iba. Puertas, sillas, vidrios y creo que hasta un plasma. Hoy vemos las fotos que me mandaba posando al lado de los destrozos y nos reímos juntos, pero en aquel momento la pasábamos bastante mal. Él realmente sufría cada vez que la hora de que me fuera llegaba, y yo volvía a mi casa llorando cada vez, porque verlo llorar a él me partía al medio.
Pero un buen día su mamá me dijo "probemos a ver que pasa". Y casi nos frustramos, porque la secuencia de siempre volvió a repetirse y hubo corridas, llantos, enojos y portazos. Pero las ganas ganaron "Si te la bancas, mañana probamos otra vez".
Con paciencia, despacito, explicando de a poco y con mucho amor, las despedidas comenzaron a ser menos traumáticas. Y aprendí que aprender es un proceso largo y difícil, pero posible si se tiene en frente a personas que todos los días te explican y acompañan.
A partir de ahí, el verano empezó a ser capitulo aparte. Si no nos veíamos todos los días, pegaba en el palo. Tardes de pileta, sol y calor. Y también de playa, arena y churros. Tardes de compartir, tardes como esa en la que nos metimos al mar y una ola me revolcó. Pablo se asustó tanto que cuando la próxima ola se acercaba se posicionó adelante mio intentando frenarla con su cuerpo. Pretendía frenar la fuerza del mar con su cuerpo sólo para que no me cayera. Hubiera sido más fácil intentar sostenerme a mí, pero Pablo es así, deja todo por los que quiere sin importar que tanto se pueda dañar él.
Despertarme y ver sus ojos era mi parte favorita, ni hablar de su "buen día mi amor". Sus buenas noches absolutamente todas las noches, y sus abrazos que me levantaban por los aires.
Las siestas, los chocolates a cualquier hora, el cine, los pochoclos acaramelados y el teatro. Las cenas en familia, sus "te amo" inesperados.
Hace un año escribía sobre lo difícil que había sido, sobre cuantas veces me había perdido en el medio, y sobre cómo pesar de todo, siempre había encontrado el valor que no me permitía dejar de pelearla.
Hoy ya no me pierdo tanto, porque sé que no se trata de llegar a una meta, sino de disfrutar el camino que recorremos, y disfruto tanto pero tanto que quejarme sería idiota. Pablo se ríe a carcajadas, me abraza y yo ya sé de donde saco mi fuerza y mi valor. De él.
Fue tan duro que parece mentira que hoy todo brille tanto. No me deja de sorprender la increíble la forma que tiene la vida de darte una cacheta y ponerte en el lugar en el que necesitás estar.
Antes de Pablo todo me daba igual. Corría de un lugar a otro en busca de algo que me diera ganas de vivir sin poder encontrarlo en realidad. Pero un día un idiota medio en pedo empezó a discutir con otro imbécil en la misma fila de boliche en la que yo estaba y todo simplemente cambió.
A veces pienso en que hubiera pasado si no nos conocíamos y lo que me imagino es todavía más triste que lo que nos pasó. Porque lo que nos pasó nunca va a ser solo una historia triste. Porque no es lo que te pasa, es lo que haces con lo que te pasa. Y nosotros construimos un sol en medio de la terrible tormenta. Corrimos las nubes, y hoy todo por fín brilla. Y costó mucho esfuerzo, muchas ganas y también muchas lágrimas. Pero lo logramos, y sabes qué? Es lo único que me importa.
Hoy me dice linda otra vez. Lindita también. Zaqui. Te amo. Te extraño. Vení a dormir. Y yo no sé como hicimos, pero estoy tan orgullosa de nosotros. Desde ese domingo el mundo sigue dado vuelta, pero es mejor. Porque no sé como estaría si no se hubiera dado vuelta, y así como está me gusta bastante. Tengo alguien al lado que me agarra de la mano y frena en cada esquina para comprobar que no viene ningún auto que me pueda pasar por arriba. Que me abraza y me hace reir a carcajadas. Alguien al que yo me propongo cuidar, pero que irónicamente me cuida con su vida. Alguien para el que pretendo ser su fuerza, pero que día a día se convierte en la mía.
Lo esperaría la vida entera si esperar significa ser tan feliz como lo soy justo ahora. Pero resultó que no se trataba de esperar, sino acompañar. Codo a codo como le prometí hace dos años. Como lo haría siempre.
(Dos? Mil años no son nada.)
lunes, 14 de agosto de 2017
jueves, 3 de agosto de 2017
Si seguís pensando tanto un día te va a explotar el cerebro.
Hace rato que no tengo ganas de nada, ni de levantarme de la cama Me duele la cabeza y tengo náuseas a cada rato y como no creo mucho en que lo que le pasa al cuerpo sea algo puramente físico, hace rato también que creo que mi vida no me gusta tal y como está y que todo eso que me duele o molesta son en realidad todas las cosas que no me gustan pero que no me animo a cambiar.
Y podría ser sólo miedo, pero en realidad tampoco sé del todo que es lo que no me gusta. ¿Mi carrera? ¿Los que me rodean? ¿Lo que hago? No sé como hacer para estar mejor, ni tengo idea de qué es lo que quiero cambiar pero cada vez que la idea llega se materializa en mi mente una sola imagen: El Bolsón. Quiero viajar, de eso estoy segura. Quiero irme lejos de todo y tirarme abajo de un árbol a ver como el viento mueve las hojas. Y tirarme al mar, nadar, saltar, jugar. Que las olas me revuelquen. Quiero rasparme los codos, quemarme con el sol y que me arda todo. Quiero que el viento me sorprenda cuando esté cayendo la tarde y me haga tiritar. Quiero gritar, quiero saltar en caída libre y abrazarme a mi misma. Quiero sentir. Más que nada en este mundo quiero sentir como lo hacía hace dos años. Con la fuerza de un huracán, con el corazón en la mano, con tanto adentro que era dificil de llevar. Quiero que sea demasiado, quiero que me arrace, me tumbe, me mueva, me cambie. Quiero reirme a carcajadas hasta que me duela la panza y llorar desconsoladamente. Quiero esos sentimiento genuinos que no te dejan pensar. Que te hacen salir corriendo a la terapia intensiva de un hospital sin pensar en que quizá ese pequeño acto te cambie la vida para siempre. Quiero dejar de pensar, quiero sentir. Quiero vivir al filo del abismo como lo hacía ese año, en el que todo era un kilombo, pero era hermoso. Era una cagada, y era lo mejor al mismo tiempo. Porque abrir la puerta a los sentimientos de tristeza abre también la puerta a los que te hacen llorar de emoción.
Quiero volver al momento en que todo era genuino, puro, espontáneo. Cuando no dudaba, cuando actuaba siguiendo lo que me pasaba sin importar. Sin importarme nada. Me gustaría abandonar otra vez mi faceta de fría calculadora, y abrazarme a la que lleva el corazón tan cerca de la piel que todos los sentimientos están al alcance de la mano.
Hoy los tengo que buscar a cada rato. Tengo que hacer un esfuerzo descomunal por apagar el cerebro y no dejar que se interponga en lo que realmente tengo ganas de hacer. Tengo ganas otra vez de que la locura de ir por todo aunque me pueda quedar en nada me atrape y me obligue a no escuchar las voces que repiten incansablemente no te arriesgues, algo puede salir mal. No vale la pena, estás bien así como estás. ¿Te vas a complicar la vida, justo ahora que estás bien? Te puede lastimar. Eso que querés te puede romper el corazón. ¿Otra vez querés llorar?
Por favor, basta. Me duele la cabeza de tanto pensar.
martes, 25 de julio de 2017
para vos
(Y como siempre sentí un poco que nadie merece estar conmigo, termino alejando a todos.)
Desde que tengo memoria me sentí como la peor del mundo. Y capaz (y seguro) que no es tan así, porque no soy mal intencionada, lo juro. No voy por la vida intentando lastimar gente, pero me da mucho miedo hacerlo. Sumado a que le tengo un terror inmenso a sufrir... es mejor dejar las cosas como están, ¿no? ¿Para qué involucrarse? Tanto yo, como ese otro que elija estar conmigo, puede salir lastimado.
Y acá está la parte en la que me siento la peor mierda del mundo: prefiero romperle corazón a ese otro que tengo enfrente, que romper el mio. Así que posiblemente en el micro segundo en el que me sienta vulnerable voy a hacer todo lo posible para salvarme, pasando por arriba a cualquiera que se interponga en mi camino.
No estoy segura de si escribo esto a modo de advertencia o justificación pero no sé como se hacen las cosas, sigo aprendiendo. Un día me desperté de la siesta y resulta que un accidente de moto me había cambiado la vida para siempre, y aprendo todos los días como mierda manejar toda esta mierda. Y me la mando a cada rato. La embarro, me doy cuenta, aprendo y procuro volver a empezar pero esta vez mejor.
Hace mucho mi vida no es ni una cosa ni la otra. Hace mucho que me siento a la mitad. A la mitad de todo, con un pie acá y otro vaya a saber uno donde. Hace mucho que me propongo pero no puedo salir de ahí, porque me da mucho miedo jugármela completa por alguno de los dos lados. No quiero pasarla mal, no quiero llorar más. Seguro nadie puedo ni imaginárselo, porque hasta yo creía que era imposible llorar tanto, pero cuando logré dejar hacerlo vino algo mucho peor. Estar triste y no poder llorar, estar rota. Estoy rota hace tanto que ya no sé lo que es estar completa... pero que se yo, sobrevivo. Y en el medio a veces me río a carcajadas. (Y procuro disfrutar de ese mísero instante lo más posible, porque no abundan)
Y sé que todo parece una cagada, pero no es tan así. También un poco ya aprendí, acepté y no sé, me lo tomé desde otro lado. Porque cuando no podes cambiar una situación te encontras en el desafío de cambiarte a vos mismo. Y te juro que si tener que aceptar que no podes estar con la persona que más amas en la tierra a pesar de tenerla enfrente y que te abrece no te cambia, no sé que lo haría.
Sigo a la mitad de algo intentando ser todos los días algo completo. Y todavía no me sale, pero lo intento, con cada poro de mi piel. Y me lastimo, lloro y grito porque sigo sin lograr que me salga. Pero solo hay una forma de que las cosas salgan bien y es haciéndolas. Una y otra vez.
Perdón, no es tu culpa que esté tan rota, tan a la deriva, tan sin saber a donde quiero ir ni que quiero hacer. Pero soy esto, y no voy a luchar contra lo que es una realidad.
Perdón, pero no sé lo que quiero y no te puedo prometer nada. A penas sé lo que voy a hacer hoy, por lo que te imaginarás que no tengo idea de como me voy a despertar mañana.
Y no sé porqué, pero necesité escribirlo. Soy más historia de terror que cuento de hadas, así que procurá estar seguro de qué es lo que estás buscando.
domingo, 16 de julio de 2017
hogar
Por favor, nunca te alejes que se me derrumba el mundo. Pero no puedo, quizá porque más que solo decirlas, quiero que él las entienda. Y que me responda nunca y siempre.
Nunca me voy a alejar (pero si algún día lo hago) siempre voy a volver.
Hoy me siento vulnerable otra vez, por un estúpido sueño.
Soñar puede ser hermoso pero también horripilante. Y ahora que ya son las 00:02 am y tengo que volver a dormir, desearía con todo mi ser que él durmiera en la misma cama que yo, sólo para abrazarme mientras lloro. Pero ¿por qué llorar? no sé. Creo que sólo porque hoy me puse a pensar en lo horrible y triste que sería mi vida sin él. En lo difícil y tortuosa, hasta imposible. Quizá porque sentí otra vez lo que siento siempre que conozco a un nuevo chico: que ninguno es él. Que ninguno me entiende, cuida y hace reír como él. Que ninguno ni en un millón de años va a hacerme sentir tan completa. Y el miedo a perderlo ataca, y aunque no haya verdaderas razones, lloro porque con imaginarlo lejos me alcanza. Aunque lo tenga al lado abrazándome, el miedo a que otra vez se vaya y me deje nunca desaparece. Ya pasó demasiado tiempo sin él, y hasta creo que no podría soportar más. Necesito llorar en su abrazo. Llorar mi miedo, sintiéndolo respirar pegado a mí. Sintiendo que él es real y está conmigo, mientras el miedo sólo está en mi cabeza.
domingo, 2 de julio de 2017
Si pudiera volver a nacer, te vería cada día amanecer. Sonriendo como cada vez, sonriendo como aquella vez.
Nunca una palabra me dio tanto miedo como la que pronunciaste el viernes. Y a la vez, nunca deseé tanto que alguien me la dijera. Es un encuentro de sentimientos contradictorios que solo puede entender quién alguna vez los sufrió (o disfrutó, porqué no?).
Yo tengo días en que los padezco, otros en los que realmente los ansío. Porque son sentimientos que logran partirte el bocho en dos, y hacerte dar cuenta de que estás vivo. La puta madre, estas vivO! Y qué mejor que eso? Saber, sentir, que te corre sangre por las venas.
((Porque al menos para mí, estar vivo no es sólo respirar)).
El logra hacer que me sienta viva. Y de la manera linda, que no es poco. Porque muchos antes también lo lograron, claro está. Otros antes, me hicieron sufrir tanto, me hicieron sentir tan desgarrada, que logré comprender que de haber estado muerta, hubiera sido imposible sangrar tanto.
Pero cuando los pulmones se te llenan de aire fresco, y el sol te pega en la cara y te hace cerrar fuerte los ojos. Cuando te hacen cosquillas y no podes evitar reirte a carcajadas, cuando de tanto reirte te duele la panza y se te caen las lagrimas, ahí también estás vivo. Más vivo que nunca.
Y eso, justo eso que se siente en ese instante, es lo que él provoca.
Y no necesitó ser forro, ni ignorarme, ni hacerme creer que enamorarse es sinónimo de pasarla mal. Porque antes sí, antes yo creía que enamorarme era posible si, y sólo si, se trataba de alguien que no podía tener, por el que estaba siempre al borde del abismo.
Los altibajos siempre están, (y siempre un poco mal la pasás, porque cuando están involucrados los sentimientos, es algo medio inevitable). Pero cuando ese poquito de mal que la pasas no es provocado a propósito y es meramente producto de lo externo, cuando tenés alguien en frente que deja todo por cuidarte, justo ahí llegaste a destino.
Nunca me sentí tan viva como hoy. Nunca me sentí tan querida y tan cuidada.
Los sentimientos no necesitan palabras, pero a mi me gusta ponérselas.
Quiero estar a tu lado
quiero mirarte y sentir
quiero perderme esperando
yo quiero quererte o morir
(porque morir puede implicar seguir respirando,
latiendo el corazón, sin que nadie te haga sentir viva)

