Pisoteame, destruime, haceme creer que soy lo peor que hay.
Pegame, ninguneame, humillame.
Repetime incansablemente que no sirvo para nada.
No voy a reaccionar, te juro que no. Puede que llore un poco, que explote estando sola y necesite desahogar todo el veneno, pero nunca te vas a enterar. Porque soy demasiado orgullosa como para mostrarme débil, porque estoy segura de lo que quiero y de lo que valgo aunque a veces me pierda. Retomo el camino enseguida.
Tirá a matar, dale. Estoy segura de que no lo vas a lograr. Te juro que no vas a poder.
No porque no tengas la capacidad, sino porque no me voy a rendir. No vas a ganar. Conmigo en frente, no. Porque soy de las que sigue aunque no pueda más, soy de las que agachan la cabeza y dan pelea, asi que dale, te desafío a intentar derribarme.
Me voy a tambalear un par de veces, vas a creer que ganaste, pero no festejes antes de tiempo Lucifer.
Conmigo no vas a poder, te lo prometo. Te lo juro. Me lo juro.
Nada que me pueda detener. Regla numero uno: no hay nada que me pueda detener.
jueves, 7 de septiembre de 2017
sábado, 2 de septiembre de 2017
estabilidad
Despertarte en la casa del chico que amas después de haber cenado con sus papás la noche anterior me parecía irrealizable. Bañarme, desayunar y compartir cosas cotidianas, utópico. Nunca había llegado al punto de compartir el día a día con alguien (con lo lindo que es). Pensé que para cuando llegara a ese punto, ya iba a estar aburrida, monótona, con ganas de volar para otro lado. Y aunque me lo hubieran explicado, no habría entendido. Porque siempre es mejor vivirlo, y descubrir que lo cotidiano, la rutina, eso que haces sin darte cuenta repetidamente, es una de las cosas mas lindas para compartir. La confianza, la comodidad, el entendimiento. Poder estar despeinada y recién levantada, y que no lo importe. Verlo en bóxer, con medias y pantuflas mientras te prepara el mate. Saber que no importa, que esa simpleza de todos los días es ideal con la persona adecuada.
Nunca pensé que se disfrutaba tanto de la cotidianidad. Nunca creí que la estabilidad era lo mío. Creo que sólo necesitaba conocer a Pablo y darme cuenta que la normalidad es lo único que anhelo para nosotros.
miércoles, 30 de agosto de 2017
pasado
"No te destruyas para intentar mantener completo a alguien más"
Hoy otra vez estoy enfrente de una pantalla escribiendo sobre ese que pensé que no iba a escribir nunca más. Pero cuando algo te marca tanto, cuando deja tanta huella, es difícil no recordarlo con cada paso que das.
Lo lindo (y lo diferente) es desde que lugar escribo en esta oportunidad. Hubo tantas veces de tristeza, enojo, decepción y dolor, que hacerlo hoy desde esta ¿plenitud? ¿superación? es algo hermoso.
Hace un tiempo que una de mis amigas sufre por un imbécil al que no puede (o no quiere) dejar. Hace un tiempo también que me encuentro dando consejos a quien sé no está preparada para escucharlos. No por que no quiera, o capaz sí, pero también porque no está lista para entenderlos. Porque las frases hechas suenan lindo, y son ciertas, pero cuesta mucho MUCHO comprenderlas, verlas, aplicarlas. Sobre todo aplicarlas.
Porque a veces para terminar con eso que te hace mal necesitas tocar fondo, darte cuenta que después de eso ya no hay nada más.
Me acordé de él porque yo necesité tocar fondo, desgarrarme y perderme a mi misma para entender que no me merecía. Sufrí tanto por culpa de un idiota que nunca me valoró que hoy lo único que tengo para decir es gracias. Gracias, eternas gracias.
Me enseñaste todo lo que no tengo que permitirle a alguien que me haga. Me mostraste todas las cosas malas que pueden pasar cuando no te pones primero, cuando no te queres, cuando no te valoras. Me humillaste tanto, que me quedé sin dignidad alguna, teniendo que reconstruirla de cero. Me pisoteaste tanto que tuve que volver mis pisadas mucho más firmes de lo que eran. Me destruí tanto, y te dí tantas de mis partes que tuve que crearme otra vez.
Y no debes tener ni idea, pero cuesta muchísimo armarse después de que alguien se lleva todas tus ganas de vivir. Pero gracias, porque tener que encontrarme otra vez en medio de la oscuridad total me enseñó a no perderme nunca más. Ahora conozco los caminos de dolor (porque ya los anduve), y sé por donde nadie nunca va a volverme a llevar.
Me hiciste dudar tanto de mí, que hoy estoy muy segura de lo que soy, de lo que merezco, de lo que no voy a aceptar.
Me perdí por vos, pero eso me enseño a encontrarme. Y hoy cuando me acordé de todo el dolor, lloré otra vez. Lloré, con esa mezcla rara de tristeza y felicidad. Porque esa que fui por vos, hoy está muy lejos. Porque hoy tengo alguien al lado que me cuida tanto que a veces me siento de frágil cristal. Porque hoy soy muy feliz. Y esa felicidad la construí yo solita, y estoy tan orgullosa de mí.
Gracias Matias, por que si no me hubiera perdido por vos, si no me hubiera desgarrado, si no hubiera tocado fondo, nunca me hubiera convertido en esta que soy hoy. Fuerte, segura y feliz.
martes, 29 de agosto de 2017
sábado, 19 de agosto de 2017
Me da mucho miedo que la memoria no me alcance. A cada rato pienso en que inevitablemente de algo siempre me voy a olvidar, que por más que quiera, si no presto mucha atención ciertas cosas se me van a pasar de largo y mañana van a ir a para al olvido. Por eso lo miro tanto, porque en realidad estoy memorizando internamente cada parte, cada gesto, cada centímetro de su piel. Quiero recordar con exactitud que largo tienen sus pestañas, de que lado se le forma el hoyuelo cuando sonríe y que tan azul son sus ojos. Quiero acordarme de todo. De cada corte de pelo que se haga, de cada manera de moverse que tenga, de su risa, de su enojo, de voz, de la forma en que sus cejas se juntan cuando no entiende de qué le estoy hablando. Sus manos, entrelazadas con las mías, sus brazos levantándome por los aires, su nariz y su olor.
Creo que lo que estoy sintiendo nunca antes lo sentí en mi vida, y lloro. Pero no de tristeza, de emoción, porque realmente no puedo creer que esto sea real. Les juro que no me puedo creer lo que estoy sintiendo, cuanto lo amo, cuan feliz soy. No me la puedo creer, no termino de entender en qué momento la vida se volvió tan linda, tan simple, tan feliz. Soy muy feliz.
Me encuentro a cada rato con la mirada perdida por ahí, pensando en lo lindo que es todo lo que me pasa. En lo lindo que es (después de haber sufrido tanto) sentir algo que nadie antes te hizo sentir. Estoy estrenando sentimientos, y yo pensé que eso solo pasaba cuando te enamorabas por primera vez. Sentirlo hoy, después
de haber caminado tanto, roza lo imposible.
No me quiero olvidar de esto nunca, no quiero perderme ni un detalle de mi vida porque es tan perfecta que la quiero guardar en una cajita de cristal. Soy tan feliz que quiero recordar cada segundo de cada día.
Y quiero que mi vida entera se trate de esto, de mi, de Pablo, de ser feliz, de no poder creer lo feliz que soy.
Soy una eterna agradecida al que sea que maneja el destino que hizo que Pablo se cruzara en el mio.
Creo que lo que estoy sintiendo nunca antes lo sentí en mi vida, y lloro. Pero no de tristeza, de emoción, porque realmente no puedo creer que esto sea real. Les juro que no me puedo creer lo que estoy sintiendo, cuanto lo amo, cuan feliz soy. No me la puedo creer, no termino de entender en qué momento la vida se volvió tan linda, tan simple, tan feliz. Soy muy feliz.
Me encuentro a cada rato con la mirada perdida por ahí, pensando en lo lindo que es todo lo que me pasa. En lo lindo que es (después de haber sufrido tanto) sentir algo que nadie antes te hizo sentir. Estoy estrenando sentimientos, y yo pensé que eso solo pasaba cuando te enamorabas por primera vez. Sentirlo hoy, después
de haber caminado tanto, roza lo imposible.
No me quiero olvidar de esto nunca, no quiero perderme ni un detalle de mi vida porque es tan perfecta que la quiero guardar en una cajita de cristal. Soy tan feliz que quiero recordar cada segundo de cada día.
Y quiero que mi vida entera se trate de esto, de mi, de Pablo, de ser feliz, de no poder creer lo feliz que soy.
Soy una eterna agradecida al que sea que maneja el destino que hizo que Pablo se cruzara en el mio.
miércoles, 16 de agosto de 2017
Suerte que te vi
Una tarde de domingo me desperté de la siesta y el mundo se había dado vuelta para siempre. Y a veces creo que fue lo peor que me pasó, a veces lo mejor.
Hoy no se cumple un año, sino dos. Dos. ¿Cuando carajo pasaron dos años? Si miro para atrás es increíble lo mucho que cambiamos. Lejos muy lejos está la chiquilina que sólo lloraba y se quejaba, que no dormía, que se la pasaba preguntando porqué.
A diferencia de lo que había sido el primer año después de que todo pasó, a puro llanto y quilombo, este fue más duro pero menos ruidoso. Increíblemente, la pasé peor. El tiempo pareció más lento, y más pesado. Por varios meses no podíamos vernos, y era una tortura que no le deseo a nadie. Porque la parte linda era que Pablo quería verme las 24 hs del día, la parte fea era que destruía todo a su paso cuando me iba. Puertas, sillas, vidrios y creo que hasta un plasma. Hoy vemos las fotos que me mandaba posando al lado de los destrozos y nos reímos juntos, pero en aquel momento la pasábamos bastante mal. Él realmente sufría cada vez que la hora de que me fuera llegaba, y yo volvía a mi casa llorando cada vez, porque verlo llorar a él me partía al medio.
Pero un buen día su mamá me dijo "probemos a ver que pasa". Y casi nos frustramos, porque la secuencia de siempre volvió a repetirse y hubo corridas, llantos, enojos y portazos. Pero las ganas ganaron "Si te la bancas, mañana probamos otra vez".
Con paciencia, despacito, explicando de a poco y con mucho amor, las despedidas comenzaron a ser menos traumáticas. Y aprendí que aprender es un proceso largo y difícil, pero posible si se tiene en frente a personas que todos los días te explican y acompañan.
A partir de ahí, el verano empezó a ser capitulo aparte. Si no nos veíamos todos los días, pegaba en el palo. Tardes de pileta, sol y calor. Y también de playa, arena y churros. Tardes de compartir, tardes como esa en la que nos metimos al mar y una ola me revolcó. Pablo se asustó tanto que cuando la próxima ola se acercaba se posicionó adelante mio intentando frenarla con su cuerpo. Pretendía frenar la fuerza del mar con su cuerpo sólo para que no me cayera. Hubiera sido más fácil intentar sostenerme a mí, pero Pablo es así, deja todo por los que quiere sin importar que tanto se pueda dañar él.
Despertarme y ver sus ojos era mi parte favorita, ni hablar de su "buen día mi amor". Sus buenas noches absolutamente todas las noches, y sus abrazos que me levantaban por los aires.
Las siestas, los chocolates a cualquier hora, el cine, los pochoclos acaramelados y el teatro. Las cenas en familia, sus "te amo" inesperados.
Hace un año escribía sobre lo difícil que había sido, sobre cuantas veces me había perdido en el medio, y sobre cómo pesar de todo, siempre había encontrado el valor que no me permitía dejar de pelearla.
Hoy ya no me pierdo tanto, porque sé que no se trata de llegar a una meta, sino de disfrutar el camino que recorremos, y disfruto tanto pero tanto que quejarme sería idiota. Pablo se ríe a carcajadas, me abraza y yo ya sé de donde saco mi fuerza y mi valor. De él.
Fue tan duro que parece mentira que hoy todo brille tanto. No me deja de sorprender la increíble la forma que tiene la vida de darte una cacheta y ponerte en el lugar en el que necesitás estar.
Antes de Pablo todo me daba igual. Corría de un lugar a otro en busca de algo que me diera ganas de vivir sin poder encontrarlo en realidad. Pero un día un idiota medio en pedo empezó a discutir con otro imbécil en la misma fila de boliche en la que yo estaba y todo simplemente cambió.
A veces pienso en que hubiera pasado si no nos conocíamos y lo que me imagino es todavía más triste que lo que nos pasó. Porque lo que nos pasó nunca va a ser solo una historia triste. Porque no es lo que te pasa, es lo que haces con lo que te pasa. Y nosotros construimos un sol en medio de la terrible tormenta. Corrimos las nubes, y hoy todo por fín brilla. Y costó mucho esfuerzo, muchas ganas y también muchas lágrimas. Pero lo logramos, y sabes qué? Es lo único que me importa.
Hoy me dice linda otra vez. Lindita también. Zaqui. Te amo. Te extraño. Vení a dormir. Y yo no sé como hicimos, pero estoy tan orgullosa de nosotros. Desde ese domingo el mundo sigue dado vuelta, pero es mejor. Porque no sé como estaría si no se hubiera dado vuelta, y así como está me gusta bastante. Tengo alguien al lado que me agarra de la mano y frena en cada esquina para comprobar que no viene ningún auto que me pueda pasar por arriba. Que me abraza y me hace reir a carcajadas. Alguien al que yo me propongo cuidar, pero que irónicamente me cuida con su vida. Alguien para el que pretendo ser su fuerza, pero que día a día se convierte en la mía.
Lo esperaría la vida entera si esperar significa ser tan feliz como lo soy justo ahora. Pero resultó que no se trataba de esperar, sino acompañar. Codo a codo como le prometí hace dos años. Como lo haría siempre.
(Dos? Mil años no son nada.)
Hoy no se cumple un año, sino dos. Dos. ¿Cuando carajo pasaron dos años? Si miro para atrás es increíble lo mucho que cambiamos. Lejos muy lejos está la chiquilina que sólo lloraba y se quejaba, que no dormía, que se la pasaba preguntando porqué.
A diferencia de lo que había sido el primer año después de que todo pasó, a puro llanto y quilombo, este fue más duro pero menos ruidoso. Increíblemente, la pasé peor. El tiempo pareció más lento, y más pesado. Por varios meses no podíamos vernos, y era una tortura que no le deseo a nadie. Porque la parte linda era que Pablo quería verme las 24 hs del día, la parte fea era que destruía todo a su paso cuando me iba. Puertas, sillas, vidrios y creo que hasta un plasma. Hoy vemos las fotos que me mandaba posando al lado de los destrozos y nos reímos juntos, pero en aquel momento la pasábamos bastante mal. Él realmente sufría cada vez que la hora de que me fuera llegaba, y yo volvía a mi casa llorando cada vez, porque verlo llorar a él me partía al medio.
Pero un buen día su mamá me dijo "probemos a ver que pasa". Y casi nos frustramos, porque la secuencia de siempre volvió a repetirse y hubo corridas, llantos, enojos y portazos. Pero las ganas ganaron "Si te la bancas, mañana probamos otra vez".
Con paciencia, despacito, explicando de a poco y con mucho amor, las despedidas comenzaron a ser menos traumáticas. Y aprendí que aprender es un proceso largo y difícil, pero posible si se tiene en frente a personas que todos los días te explican y acompañan.
A partir de ahí, el verano empezó a ser capitulo aparte. Si no nos veíamos todos los días, pegaba en el palo. Tardes de pileta, sol y calor. Y también de playa, arena y churros. Tardes de compartir, tardes como esa en la que nos metimos al mar y una ola me revolcó. Pablo se asustó tanto que cuando la próxima ola se acercaba se posicionó adelante mio intentando frenarla con su cuerpo. Pretendía frenar la fuerza del mar con su cuerpo sólo para que no me cayera. Hubiera sido más fácil intentar sostenerme a mí, pero Pablo es así, deja todo por los que quiere sin importar que tanto se pueda dañar él.
Despertarme y ver sus ojos era mi parte favorita, ni hablar de su "buen día mi amor". Sus buenas noches absolutamente todas las noches, y sus abrazos que me levantaban por los aires.
Las siestas, los chocolates a cualquier hora, el cine, los pochoclos acaramelados y el teatro. Las cenas en familia, sus "te amo" inesperados.
Hace un año escribía sobre lo difícil que había sido, sobre cuantas veces me había perdido en el medio, y sobre cómo pesar de todo, siempre había encontrado el valor que no me permitía dejar de pelearla.
Hoy ya no me pierdo tanto, porque sé que no se trata de llegar a una meta, sino de disfrutar el camino que recorremos, y disfruto tanto pero tanto que quejarme sería idiota. Pablo se ríe a carcajadas, me abraza y yo ya sé de donde saco mi fuerza y mi valor. De él.
Fue tan duro que parece mentira que hoy todo brille tanto. No me deja de sorprender la increíble la forma que tiene la vida de darte una cacheta y ponerte en el lugar en el que necesitás estar.
Antes de Pablo todo me daba igual. Corría de un lugar a otro en busca de algo que me diera ganas de vivir sin poder encontrarlo en realidad. Pero un día un idiota medio en pedo empezó a discutir con otro imbécil en la misma fila de boliche en la que yo estaba y todo simplemente cambió.
A veces pienso en que hubiera pasado si no nos conocíamos y lo que me imagino es todavía más triste que lo que nos pasó. Porque lo que nos pasó nunca va a ser solo una historia triste. Porque no es lo que te pasa, es lo que haces con lo que te pasa. Y nosotros construimos un sol en medio de la terrible tormenta. Corrimos las nubes, y hoy todo por fín brilla. Y costó mucho esfuerzo, muchas ganas y también muchas lágrimas. Pero lo logramos, y sabes qué? Es lo único que me importa.
Hoy me dice linda otra vez. Lindita también. Zaqui. Te amo. Te extraño. Vení a dormir. Y yo no sé como hicimos, pero estoy tan orgullosa de nosotros. Desde ese domingo el mundo sigue dado vuelta, pero es mejor. Porque no sé como estaría si no se hubiera dado vuelta, y así como está me gusta bastante. Tengo alguien al lado que me agarra de la mano y frena en cada esquina para comprobar que no viene ningún auto que me pueda pasar por arriba. Que me abraza y me hace reir a carcajadas. Alguien al que yo me propongo cuidar, pero que irónicamente me cuida con su vida. Alguien para el que pretendo ser su fuerza, pero que día a día se convierte en la mía.
Lo esperaría la vida entera si esperar significa ser tan feliz como lo soy justo ahora. Pero resultó que no se trataba de esperar, sino acompañar. Codo a codo como le prometí hace dos años. Como lo haría siempre.
(Dos? Mil años no son nada.)
lunes, 14 de agosto de 2017
So she said: what's the problem baby?
What's the problem? I don't know
Well maybe I'm in love (love)
Think about it every time, i think about it, can't stop thinking 'bout it
How much longer will it take to cure this
Just to cure it cause I can't ignore it if it's love (love)
Makes me want to turn around and face me but
I don't know nothing 'bout love
Come on, come on
Turn a little faster
Come on, come on
The world will follow after
Come on, come on
'Cause everybody's after love
Ayer soñé algo bastante horrible, y me desperté con una presión en el pecho y las lágrimas rodando sin que me hubiera dado cuenta. Había estado llorado dormida durante no sé cuanto tiempo, pero despertar fue alguna extraña forma de alivio: no era real, nada de lo que habia soñado era real.
Hace rato que me gusta mucho como es mi vida. O no, mentira. En realidad hace solo un par de semanas que siento todo tan ideal que no quiero que nada lo arruine. Hace un par de semanas empecé a disfrutar realmente de mi vida, y la última vez que todo se sintió así... ufff.
Soñé que Pablo tenía un accidente, otra vez. Pero esta vez yo estaba presente y lo veía todo sin poder evitarlo. Corridas, gritos, llanto y una desesperación que nunca antes había sentido. No fue real. Respiro y me repito que no es real. Que la felicidad que siento hoy no va a ser truncada por un estúpido accidente nunca más. Da tanto miedo la felicidad. Porque siempre esperamos lo peor, porque da mucho miedo confiarse, relajarse y disfrutar, porque eso se puede terminar de un momento a otro. Como me pasó a mi, como nunca más quiero que me pase. No fue real. Gracias al cielo.
A la mierda la mierda, aunque me muera de miedo porque puede terminarse, interrumpirse o lastimarme voy a entregarme y disfrutar tanto que no me va a quedar tiempo para pensar en el miedo.
jueves, 3 de agosto de 2017
Si seguís pensando tanto un día te va a explotar el cerebro.
Yo debería estar leyendo Teorías del Arte y resumiendo fotocopias aburridas y pesadas para armar un parcial domiciliario para aprobar el puto cuatrimestre. Pero no tengo ganas.
Hace rato que no tengo ganas de nada, ni de levantarme de la cama Me duele la cabeza y tengo náuseas a cada rato y como no creo mucho en que lo que le pasa al cuerpo sea algo puramente físico, hace rato también que creo que mi vida no me gusta tal y como está y que todo eso que me duele o molesta son en realidad todas las cosas que no me gustan pero que no me animo a cambiar.
Y podría ser sólo miedo, pero en realidad tampoco sé del todo que es lo que no me gusta. ¿Mi carrera? ¿Los que me rodean? ¿Lo que hago? No sé como hacer para estar mejor, ni tengo idea de qué es lo que quiero cambiar pero cada vez que la idea llega se materializa en mi mente una sola imagen: El Bolsón. Quiero viajar, de eso estoy segura. Quiero irme lejos de todo y tirarme abajo de un árbol a ver como el viento mueve las hojas. Y tirarme al mar, nadar, saltar, jugar. Que las olas me revuelquen. Quiero rasparme los codos, quemarme con el sol y que me arda todo. Quiero que el viento me sorprenda cuando esté cayendo la tarde y me haga tiritar. Quiero gritar, quiero saltar en caída libre y abrazarme a mi misma. Quiero sentir. Más que nada en este mundo quiero sentir como lo hacía hace dos años. Con la fuerza de un huracán, con el corazón en la mano, con tanto adentro que era dificil de llevar. Quiero que sea demasiado, quiero que me arrace, me tumbe, me mueva, me cambie. Quiero reirme a carcajadas hasta que me duela la panza y llorar desconsoladamente. Quiero esos sentimiento genuinos que no te dejan pensar. Que te hacen salir corriendo a la terapia intensiva de un hospital sin pensar en que quizá ese pequeño acto te cambie la vida para siempre. Quiero dejar de pensar, quiero sentir. Quiero vivir al filo del abismo como lo hacía ese año, en el que todo era un kilombo, pero era hermoso. Era una cagada, y era lo mejor al mismo tiempo. Porque abrir la puerta a los sentimientos de tristeza abre también la puerta a los que te hacen llorar de emoción.
Quiero volver al momento en que todo era genuino, puro, espontáneo. Cuando no dudaba, cuando actuaba siguiendo lo que me pasaba sin importar. Sin importarme nada. Me gustaría abandonar otra vez mi faceta de fría calculadora, y abrazarme a la que lleva el corazón tan cerca de la piel que todos los sentimientos están al alcance de la mano.
Hoy los tengo que buscar a cada rato. Tengo que hacer un esfuerzo descomunal por apagar el cerebro y no dejar que se interponga en lo que realmente tengo ganas de hacer. Tengo ganas otra vez de que la locura de ir por todo aunque me pueda quedar en nada me atrape y me obligue a no escuchar las voces que repiten incansablemente no te arriesgues, algo puede salir mal. No vale la pena, estás bien así como estás. ¿Te vas a complicar la vida, justo ahora que estás bien? Te puede lastimar. Eso que querés te puede romper el corazón. ¿Otra vez querés llorar?
Por favor, basta. Me duele la cabeza de tanto pensar.
Hace rato que no tengo ganas de nada, ni de levantarme de la cama Me duele la cabeza y tengo náuseas a cada rato y como no creo mucho en que lo que le pasa al cuerpo sea algo puramente físico, hace rato también que creo que mi vida no me gusta tal y como está y que todo eso que me duele o molesta son en realidad todas las cosas que no me gustan pero que no me animo a cambiar.
Y podría ser sólo miedo, pero en realidad tampoco sé del todo que es lo que no me gusta. ¿Mi carrera? ¿Los que me rodean? ¿Lo que hago? No sé como hacer para estar mejor, ni tengo idea de qué es lo que quiero cambiar pero cada vez que la idea llega se materializa en mi mente una sola imagen: El Bolsón. Quiero viajar, de eso estoy segura. Quiero irme lejos de todo y tirarme abajo de un árbol a ver como el viento mueve las hojas. Y tirarme al mar, nadar, saltar, jugar. Que las olas me revuelquen. Quiero rasparme los codos, quemarme con el sol y que me arda todo. Quiero que el viento me sorprenda cuando esté cayendo la tarde y me haga tiritar. Quiero gritar, quiero saltar en caída libre y abrazarme a mi misma. Quiero sentir. Más que nada en este mundo quiero sentir como lo hacía hace dos años. Con la fuerza de un huracán, con el corazón en la mano, con tanto adentro que era dificil de llevar. Quiero que sea demasiado, quiero que me arrace, me tumbe, me mueva, me cambie. Quiero reirme a carcajadas hasta que me duela la panza y llorar desconsoladamente. Quiero esos sentimiento genuinos que no te dejan pensar. Que te hacen salir corriendo a la terapia intensiva de un hospital sin pensar en que quizá ese pequeño acto te cambie la vida para siempre. Quiero dejar de pensar, quiero sentir. Quiero vivir al filo del abismo como lo hacía ese año, en el que todo era un kilombo, pero era hermoso. Era una cagada, y era lo mejor al mismo tiempo. Porque abrir la puerta a los sentimientos de tristeza abre también la puerta a los que te hacen llorar de emoción.
Quiero volver al momento en que todo era genuino, puro, espontáneo. Cuando no dudaba, cuando actuaba siguiendo lo que me pasaba sin importar. Sin importarme nada. Me gustaría abandonar otra vez mi faceta de fría calculadora, y abrazarme a la que lleva el corazón tan cerca de la piel que todos los sentimientos están al alcance de la mano.
Hoy los tengo que buscar a cada rato. Tengo que hacer un esfuerzo descomunal por apagar el cerebro y no dejar que se interponga en lo que realmente tengo ganas de hacer. Tengo ganas otra vez de que la locura de ir por todo aunque me pueda quedar en nada me atrape y me obligue a no escuchar las voces que repiten incansablemente no te arriesgues, algo puede salir mal. No vale la pena, estás bien así como estás. ¿Te vas a complicar la vida, justo ahora que estás bien? Te puede lastimar. Eso que querés te puede romper el corazón. ¿Otra vez querés llorar?
Por favor, basta. Me duele la cabeza de tanto pensar.
martes, 25 de julio de 2017
para vos
No sé si te quiero tan cerca, pero estoy segura de no querer que te alejes del todo. Que posición difícil te tocó, eh. Perdón, no es culpa tuya, ni mía, ni de él tampoco, que se yo. Pero si lo pienso dos veces me da ganas de darte un empujón y alejarte, porque no lo mereces. Nadie lo merece.
(Y como siempre sentí un poco que nadie merece estar conmigo, termino alejando a todos.)
Desde que tengo memoria me sentí como la peor del mundo. Y capaz (y seguro) que no es tan así, porque no soy mal intencionada, lo juro. No voy por la vida intentando lastimar gente, pero me da mucho miedo hacerlo. Sumado a que le tengo un terror inmenso a sufrir... es mejor dejar las cosas como están, ¿no? ¿Para qué involucrarse? Tanto yo, como ese otro que elija estar conmigo, puede salir lastimado.
Y acá está la parte en la que me siento la peor mierda del mundo: prefiero romperle corazón a ese otro que tengo enfrente, que romper el mio. Así que posiblemente en el micro segundo en el que me sienta vulnerable voy a hacer todo lo posible para salvarme, pasando por arriba a cualquiera que se interponga en mi camino.
No estoy segura de si escribo esto a modo de advertencia o justificación pero no sé como se hacen las cosas, sigo aprendiendo. Un día me desperté de la siesta y resulta que un accidente de moto me había cambiado la vida para siempre, y aprendo todos los días como mierda manejar toda esta mierda. Y me la mando a cada rato. La embarro, me doy cuenta, aprendo y procuro volver a empezar pero esta vez mejor.
Hace mucho mi vida no es ni una cosa ni la otra. Hace mucho que me siento a la mitad. A la mitad de todo, con un pie acá y otro vaya a saber uno donde. Hace mucho que me propongo pero no puedo salir de ahí, porque me da mucho miedo jugármela completa por alguno de los dos lados. No quiero pasarla mal, no quiero llorar más. Seguro nadie puedo ni imaginárselo, porque hasta yo creía que era imposible llorar tanto, pero cuando logré dejar hacerlo vino algo mucho peor. Estar triste y no poder llorar, estar rota. Estoy rota hace tanto que ya no sé lo que es estar completa... pero que se yo, sobrevivo. Y en el medio a veces me río a carcajadas. (Y procuro disfrutar de ese mísero instante lo más posible, porque no abundan)
Y sé que todo parece una cagada, pero no es tan así. También un poco ya aprendí, acepté y no sé, me lo tomé desde otro lado. Porque cuando no podes cambiar una situación te encontras en el desafío de cambiarte a vos mismo. Y te juro que si tener que aceptar que no podes estar con la persona que más amas en la tierra a pesar de tenerla enfrente y que te abrece no te cambia, no sé que lo haría.
Sigo a la mitad de algo intentando ser todos los días algo completo. Y todavía no me sale, pero lo intento, con cada poro de mi piel. Y me lastimo, lloro y grito porque sigo sin lograr que me salga. Pero solo hay una forma de que las cosas salgan bien y es haciéndolas. Una y otra vez.
Perdón, no es tu culpa que esté tan rota, tan a la deriva, tan sin saber a donde quiero ir ni que quiero hacer. Pero soy esto, y no voy a luchar contra lo que es una realidad.
Perdón, pero no sé lo que quiero y no te puedo prometer nada. A penas sé lo que voy a hacer hoy, por lo que te imaginarás que no tengo idea de como me voy a despertar mañana.
Y no sé porqué, pero necesité escribirlo. Soy más historia de terror que cuento de hadas, así que procurá estar seguro de qué es lo que estás buscando.
(Y como siempre sentí un poco que nadie merece estar conmigo, termino alejando a todos.)
Desde que tengo memoria me sentí como la peor del mundo. Y capaz (y seguro) que no es tan así, porque no soy mal intencionada, lo juro. No voy por la vida intentando lastimar gente, pero me da mucho miedo hacerlo. Sumado a que le tengo un terror inmenso a sufrir... es mejor dejar las cosas como están, ¿no? ¿Para qué involucrarse? Tanto yo, como ese otro que elija estar conmigo, puede salir lastimado.
Y acá está la parte en la que me siento la peor mierda del mundo: prefiero romperle corazón a ese otro que tengo enfrente, que romper el mio. Así que posiblemente en el micro segundo en el que me sienta vulnerable voy a hacer todo lo posible para salvarme, pasando por arriba a cualquiera que se interponga en mi camino.
No estoy segura de si escribo esto a modo de advertencia o justificación pero no sé como se hacen las cosas, sigo aprendiendo. Un día me desperté de la siesta y resulta que un accidente de moto me había cambiado la vida para siempre, y aprendo todos los días como mierda manejar toda esta mierda. Y me la mando a cada rato. La embarro, me doy cuenta, aprendo y procuro volver a empezar pero esta vez mejor.
Hace mucho mi vida no es ni una cosa ni la otra. Hace mucho que me siento a la mitad. A la mitad de todo, con un pie acá y otro vaya a saber uno donde. Hace mucho que me propongo pero no puedo salir de ahí, porque me da mucho miedo jugármela completa por alguno de los dos lados. No quiero pasarla mal, no quiero llorar más. Seguro nadie puedo ni imaginárselo, porque hasta yo creía que era imposible llorar tanto, pero cuando logré dejar hacerlo vino algo mucho peor. Estar triste y no poder llorar, estar rota. Estoy rota hace tanto que ya no sé lo que es estar completa... pero que se yo, sobrevivo. Y en el medio a veces me río a carcajadas. (Y procuro disfrutar de ese mísero instante lo más posible, porque no abundan)
Y sé que todo parece una cagada, pero no es tan así. También un poco ya aprendí, acepté y no sé, me lo tomé desde otro lado. Porque cuando no podes cambiar una situación te encontras en el desafío de cambiarte a vos mismo. Y te juro que si tener que aceptar que no podes estar con la persona que más amas en la tierra a pesar de tenerla enfrente y que te abrece no te cambia, no sé que lo haría.
Sigo a la mitad de algo intentando ser todos los días algo completo. Y todavía no me sale, pero lo intento, con cada poro de mi piel. Y me lastimo, lloro y grito porque sigo sin lograr que me salga. Pero solo hay una forma de que las cosas salgan bien y es haciéndolas. Una y otra vez.
Perdón, no es tu culpa que esté tan rota, tan a la deriva, tan sin saber a donde quiero ir ni que quiero hacer. Pero soy esto, y no voy a luchar contra lo que es una realidad.
Perdón, pero no sé lo que quiero y no te puedo prometer nada. A penas sé lo que voy a hacer hoy, por lo que te imaginarás que no tengo idea de como me voy a despertar mañana.
Y no sé porqué, pero necesité escribirlo. Soy más historia de terror que cuento de hadas, así que procurá estar seguro de qué es lo que estás buscando.
domingo, 16 de julio de 2017
hogar
Te amo, por favor nunca me dejes son las palabras que quiero decirle, pero no lo hago.
Por favor, nunca te alejes que se me derrumba el mundo. Pero no puedo, quizá porque más que solo decirlas, quiero que él las entienda. Y que me responda nunca y siempre.
Nunca me voy a alejar (pero si algún día lo hago) siempre voy a volver.
Hoy me siento vulnerable otra vez, por un estúpido sueño.
Soñar puede ser hermoso pero también horripilante. Y ahora que ya son las 00:02 am y tengo que volver a dormir, desearía con todo mi ser que él durmiera en la misma cama que yo, sólo para abrazarme mientras lloro. Pero ¿por qué llorar? no sé. Creo que sólo porque hoy me puse a pensar en lo horrible y triste que sería mi vida sin él. En lo difícil y tortuosa, hasta imposible. Quizá porque sentí otra vez lo que siento siempre que conozco a un nuevo chico: que ninguno es él. Que ninguno me entiende, cuida y hace reír como él. Que ninguno ni en un millón de años va a hacerme sentir tan completa. Y el miedo a perderlo ataca, y aunque no haya verdaderas razones, lloro porque con imaginarlo lejos me alcanza. Aunque lo tenga al lado abrazándome, el miedo a que otra vez se vaya y me deje nunca desaparece. Ya pasó demasiado tiempo sin él, y hasta creo que no podría soportar más. Necesito llorar en su abrazo. Llorar mi miedo, sintiéndolo respirar pegado a mí. Sintiendo que él es real y está conmigo, mientras el miedo sólo está en mi cabeza.
Por favor, nunca te alejes que se me derrumba el mundo. Pero no puedo, quizá porque más que solo decirlas, quiero que él las entienda. Y que me responda nunca y siempre.
Nunca me voy a alejar (pero si algún día lo hago) siempre voy a volver.
Hoy me siento vulnerable otra vez, por un estúpido sueño.
Soñar puede ser hermoso pero también horripilante. Y ahora que ya son las 00:02 am y tengo que volver a dormir, desearía con todo mi ser que él durmiera en la misma cama que yo, sólo para abrazarme mientras lloro. Pero ¿por qué llorar? no sé. Creo que sólo porque hoy me puse a pensar en lo horrible y triste que sería mi vida sin él. En lo difícil y tortuosa, hasta imposible. Quizá porque sentí otra vez lo que siento siempre que conozco a un nuevo chico: que ninguno es él. Que ninguno me entiende, cuida y hace reír como él. Que ninguno ni en un millón de años va a hacerme sentir tan completa. Y el miedo a perderlo ataca, y aunque no haya verdaderas razones, lloro porque con imaginarlo lejos me alcanza. Aunque lo tenga al lado abrazándome, el miedo a que otra vez se vaya y me deje nunca desaparece. Ya pasó demasiado tiempo sin él, y hasta creo que no podría soportar más. Necesito llorar en su abrazo. Llorar mi miedo, sintiéndolo respirar pegado a mí. Sintiendo que él es real y está conmigo, mientras el miedo sólo está en mi cabeza.
domingo, 2 de julio de 2017
Desde el momento en el que te conocí (resumiendo con prisas tiempo de silencio), te juro que a nadie le he vuelto a decir que tenemos el récord del mundo en querernos.
Si pudiera volver a nacer, te vería cada día amanecer. Sonriendo como cada vez, sonriendo como aquella vez.
Nunca una palabra me dio tanto miedo como la que pronunciaste el viernes. Y a la vez, nunca deseé tanto que alguien me la dijera. Es un encuentro de sentimientos contradictorios que solo puede entender quién alguna vez los sufrió (o disfrutó, porqué no?).
Yo tengo días en que los padezco, otros en los que realmente los ansío. Porque son sentimientos que logran partirte el bocho en dos, y hacerte dar cuenta de que estás vivo. La puta madre, estas vivO! Y qué mejor que eso? Saber, sentir, que te corre sangre por las venas.
((Porque al menos para mí, estar vivo no es sólo respirar)).
El logra hacer que me sienta viva. Y de la manera linda, que no es poco. Porque muchos antes también lo lograron, claro está. Otros antes, me hicieron sufrir tanto, me hicieron sentir tan desgarrada, que logré comprender que de haber estado muerta, hubiera sido imposible sangrar tanto.
Pero cuando los pulmones se te llenan de aire fresco, y el sol te pega en la cara y te hace cerrar fuerte los ojos. Cuando te hacen cosquillas y no podes evitar reirte a carcajadas, cuando de tanto reirte te duele la panza y se te caen las lagrimas, ahí también estás vivo. Más vivo que nunca.
Y eso, justo eso que se siente en ese instante, es lo que él provoca.
Y no necesitó ser forro, ni ignorarme, ni hacerme creer que enamorarse es sinónimo de pasarla mal. Porque antes sí, antes yo creía que enamorarme era posible si, y sólo si, se trataba de alguien que no podía tener, por el que estaba siempre al borde del abismo.
Los altibajos siempre están, (y siempre un poco mal la pasás, porque cuando están involucrados los sentimientos, es algo medio inevitable). Pero cuando ese poquito de mal que la pasas no es provocado a propósito y es meramente producto de lo externo, cuando tenés alguien en frente que deja todo por cuidarte, justo ahí llegaste a destino.
Nunca me sentí tan viva como hoy. Nunca me sentí tan querida y tan cuidada.
Los sentimientos no necesitan palabras, pero a mi me gusta ponérselas.
Quiero estar a tu lado
quiero mirarte y sentir
quiero perderme esperando
yo quiero quererte o morir
(porque morir puede implicar seguir respirando,
latiendo el corazón, sin que nadie te haga sentir viva)
viernes, 16 de junio de 2017
I can be tough PUEDO SER DURA
I can be strong PUEDO SER FUERTE
but with you, it's not like that at all PERO CONTIGO, NO ES ASÍ EN ABSOLUTO
I can be strong PUEDO SER FUERTE
but with you, it's not like that at all PERO CONTIGO, NO ES ASÍ EN ABSOLUTO
There's a girl, that gives a shit HAY UNA CHICA, A LA QUE LE IMPORTA UNA MIERDA
Behind this wall you've just walked through it DETRÁS DE ESTA PARED, POR LA QUE SOLO TÚ ATRAVIESAS
Behind this wall you've just walked through it DETRÁS DE ESTA PARED, POR LA QUE SOLO TÚ ATRAVIESAS
jueves, 15 de junio de 2017
ayer
Que locura el tiempo, la puta madre. Sigo sin poder creer que todo gire tan rápido.
Pero que locura más grande todavía es haber coincidido entre tan gente. Sabes cuales son las posibilidades de que dos personas se lleguen a querer? Porque yo no lo sé, pero intuyo que son una en un millón. La posibilidad de sentir lo que sentimos, de acompañarnos y seguir codo a codo son una en dos millones.
Hoy lo abrazo y no me lo puedo creer. Ha pasado tanto tiempo y acá estamos, dijo hoy Nonpalidece mientras tomábamos mate y comíamos chocolate. Ayer se cumplieron dos años del día que me dí vuelta a putear al idiota que había empujado a mi amiga en la fila de un boliche. Dos años, en que momento pasaron? Dos años y todavía tengo grabada su cara de desconcierto cuando me escuchó gritarle. Todavía me acuerdo de como bailamos esa noche, de como me defendió de un imbécil y de como nos entendíamos sin conocernos. Hoy eso parece más simple, más obvio. Después de tanto tiempo el sabe como soy, yo sé como reacciona a casi todo. Pero, en aquel momento, se lo imaginan? Seré reiterativa, pero en serio, cuantas posibilidades existen de que te entiendas tanto con alguien que recién conoces? Una en tres millones?
Y cuantas posibilidades existen de que ese que tanto te entiende tenga un accidente que le robe todo lo que sabía? Una en cuatro millones?
Cuantas posibilidades existen de que hayamos logrado sobreponernos a todo? Una en cinco millones, seguro.
Hace un mes yo pensaba escribir algo parecido a lo de hoy, sobre una fecha importante pero que no era esta. Iba a escribir sobre el día que todo se fue al carajo, y la mierda empezó, el mundo se vino abajo y todo se puso oscuro. Pero me arrepentí, porque prefiero escribir agradeciendo el día que lo conocí, antes que quejándome por el día que casi lo pierdo.
No sé cuantas posibilidades existen de que él y yo, seamos los que somos, y hayamos pasado por lo que pasamos. Mucho menos cuantas posibilidades de que sigamos por este mismo camino existen, pero de lo que estoy muy segura es de que lo adoro desde hace dos años, a pesar de todo. No importa cuanta mierda nos caiga encima, nada logra ensuciarnos lo suficiente como para soltarnos.
Ayer se cumplieron dos años del día que nos conocimos. Y me parece uno de los recuerdos más lindos y preciados que tengo, porque agradezco enormemente a quien sea que maneje el destino, por haber cruzado a Pablo en el mío.
((Y como si todo no pudiera ser mejor, ayer cuando le dije que se cumplían dos años que nos conocíamos, se le llenaron los ojos de lágrimas))
No dudo de que lo nuestro tiene magia, dice Cruzando el Charco. Porque si no la tuviera, no podría explicarme como es que llegamos hasta acá.
Pero que locura más grande todavía es haber coincidido entre tan gente. Sabes cuales son las posibilidades de que dos personas se lleguen a querer? Porque yo no lo sé, pero intuyo que son una en un millón. La posibilidad de sentir lo que sentimos, de acompañarnos y seguir codo a codo son una en dos millones.
Hoy lo abrazo y no me lo puedo creer. Ha pasado tanto tiempo y acá estamos, dijo hoy Nonpalidece mientras tomábamos mate y comíamos chocolate. Ayer se cumplieron dos años del día que me dí vuelta a putear al idiota que había empujado a mi amiga en la fila de un boliche. Dos años, en que momento pasaron? Dos años y todavía tengo grabada su cara de desconcierto cuando me escuchó gritarle. Todavía me acuerdo de como bailamos esa noche, de como me defendió de un imbécil y de como nos entendíamos sin conocernos. Hoy eso parece más simple, más obvio. Después de tanto tiempo el sabe como soy, yo sé como reacciona a casi todo. Pero, en aquel momento, se lo imaginan? Seré reiterativa, pero en serio, cuantas posibilidades existen de que te entiendas tanto con alguien que recién conoces? Una en tres millones?
Y cuantas posibilidades existen de que ese que tanto te entiende tenga un accidente que le robe todo lo que sabía? Una en cuatro millones?
Cuantas posibilidades existen de que hayamos logrado sobreponernos a todo? Una en cinco millones, seguro.
Hace un mes yo pensaba escribir algo parecido a lo de hoy, sobre una fecha importante pero que no era esta. Iba a escribir sobre el día que todo se fue al carajo, y la mierda empezó, el mundo se vino abajo y todo se puso oscuro. Pero me arrepentí, porque prefiero escribir agradeciendo el día que lo conocí, antes que quejándome por el día que casi lo pierdo.
No sé cuantas posibilidades existen de que él y yo, seamos los que somos, y hayamos pasado por lo que pasamos. Mucho menos cuantas posibilidades de que sigamos por este mismo camino existen, pero de lo que estoy muy segura es de que lo adoro desde hace dos años, a pesar de todo. No importa cuanta mierda nos caiga encima, nada logra ensuciarnos lo suficiente como para soltarnos.
Ayer se cumplieron dos años del día que nos conocimos. Y me parece uno de los recuerdos más lindos y preciados que tengo, porque agradezco enormemente a quien sea que maneje el destino, por haber cruzado a Pablo en el mío.
((Y como si todo no pudiera ser mejor, ayer cuando le dije que se cumplían dos años que nos conocíamos, se le llenaron los ojos de lágrimas))
No dudo de que lo nuestro tiene magia, dice Cruzando el Charco. Porque si no la tuviera, no podría explicarme como es que llegamos hasta acá.
jueves, 8 de junio de 2017
Bastará solo con verte
Hay amores que son para siempre, aunque terminen.
Sonrío, pienso, lo siento.
Hoy es uno de esos días en los que siento que dejaría todo por verlo sonreír.
Uno de esos benditos días en los que el corazón se me llena de amor, que el miedo desaparece, y todo parece equilibrado y liviano.
Uno de los días en los que puedo jurar que estamos en el camino correcto. ((pase lo que pase))
Y me encantan estos días. Porque son los que me hicieron entender que no importa si llegamos a estar juntos realmente algún día o no. No importa si todo vuelve a ser normal, o no. No importa porque lo que sí importa, es que lo adoro, y me gusta verlo sonreír. Y fluir con eso.
Fluir con el hecho de que justo ahora siento que él va a ser el que más quiera en esta tierra por mucho tiempo. (Aunque esté con otro).
Sonrío, pienso, lo siento.
Hoy es uno de esos días en los que siento que dejaría todo por verlo sonreír.
Uno de esos benditos días en los que el corazón se me llena de amor, que el miedo desaparece, y todo parece equilibrado y liviano.
Uno de los días en los que puedo jurar que estamos en el camino correcto. ((pase lo que pase))
Y me encantan estos días. Porque son los que me hicieron entender que no importa si llegamos a estar juntos realmente algún día o no. No importa si todo vuelve a ser normal, o no. No importa porque lo que sí importa, es que lo adoro, y me gusta verlo sonreír. Y fluir con eso.
Fluir con el hecho de que justo ahora siento que él va a ser el que más quiera en esta tierra por mucho tiempo. (Aunque esté con otro).
lunes, 29 de mayo de 2017
No te odio, no hay rencores.
Tu presencia aquí me está matando, sentirte a la mitad.
Me hace más daño seguir contigo y ver que aún con mi calor tu sigas sintiendo frío.
Tengo que soltarte. Hoy te dejo en libertad.
lunes, 22 de mayo de 2017
((quizá))
Nada de esto fue un error. Nada fue un error.
Lo loco es que quizá no sea este el final pero, lo siento como si lo fuera.
Y más loco que eso, es que de ninguna manera es como siempre temí que fuera.
Pensar en un final entre nosotros me daba tanto miedo, que solo sabía llorar.
Hoy, lo siento como una parte más de todo lo que nos tocó compartir.
Hoy simplemente no puedo dejar de sentir que quizá así, es mejor.
¿Será mejor?
Nada de esto es un error, corazón. Solo llegamos hasta acá, y tal vez haya que dejarnos volar.
Lo loco es que quizá no sea este el final pero, lo siento como si lo fuera.
Y más loco que eso, es que de ninguna manera es como siempre temí que fuera.
Pensar en un final entre nosotros me daba tanto miedo, que solo sabía llorar.
Hoy, lo siento como una parte más de todo lo que nos tocó compartir.
Hoy simplemente no puedo dejar de sentir que quizá así, es mejor.
¿Será mejor?
Nada de esto es un error, corazón. Solo llegamos hasta acá, y tal vez haya que dejarnos volar.
domingo, 14 de mayo de 2017
Gracias por tanto amor.
¿Alguna vez sintieron que alguien los mira con amor?
Guiño de ojo, y sonrisa. Ese era el sello característico de mi tío. Y siempre me lo dedicaba justo después de malcriarme, de darme ese chocolate que mamá no quería que coma o comprarme ese juguete que yo quería de manera caprichosa.
Sonrisa y abrazo. "Hola hermosa"
Hermosa, pronunciado de una manera rara, pero única. Y un beso, seguido de un abrazo fuerte en el que su perfume de quedaba impregnado en la ropa. Hubo un tiempo en el que también me levantaba por los aires, cuando mi tamaño era mucho más pequeño en comparación al de ahora.
Su risa, sus gestos. Su amor por el mate. Como se colaba en las rondas solo por recibir uno. Su simpleza, su predisposición para ayudarte a pintar una pieza o colocar el piso del baño aunque fueran las tres de mañana.
Los veranos en la costa, los paseos en camioneta. Las cabalgatas a caballo y las noches de cuatriciclo. Los chistes que le hacía a Jane, y con los que todos reíamos.
La confianza ciega que me tenía, y por la que accedía a prestarle la camioneta a Joaco solo si yo iba con él. Porque sabía que no iba a dejarlo hacer nada estúpido, porque sabía que iba a estar con él, y lo iba a defender a capa y espada. Porque somos primos, pero casi hermanos.
Mi tío. Mi padrino.
El de mirada transparente.
El que me decía Jaque. Casi que el único, salvo por sus hijos, que tienen su misma costumbre llamarme así.
El que me decía que no lo abrace porque estaba sucio.
Al que yo abrazaba igual sin importar.
Gracias al que tengo fotos hermosas, de hermosos momentos. El que se encargaba de capturar momentos.
Con él que soñé la noche que todo pasó. El que en un sueño me guiñó el ojo una vez más, y sonrió, diciéndome sin hablar que estaba bien, que no sufriera, que todo lo que estaba pasando, estaba bien.
El que me miraba con amor. Con mucho amor. Con amor puro.
Decir que no lo voy a extrañar es mentira.
Decir que no lo extraño con cada centímetro de mi cuerpo, es mentira. Que no lo quiero abrazar, que no lo quiero escuchar, que no me hubiera encantado que conozca a mis hijos.
Que mis hijos lo hubieran conocido a él.
Pero a pesar de todo lo que a mi me gustaría, de todo lo que yo quiero egoístamente, él se tomó el tiempo de hacerme saber que está bien, tranquilo, en paz.
¿Y quien soy yo para decir que esto es injusto, si él está bien?
Me quedo con tu sonrisa, con tu guiñada de ojo. Con tu perfume, tu voz, el sonido de tu risa. Los mil "Jaque" y "hermosa" que siempre me dijiste, y sobre todo con tus abrazos.
Fuiste único, y estoy muy agradecida del tiempo que compartimos, de lo mucho que compartimos. San Clemente y el mate, para siempre van a llevar tu nombre al lado.
Te amé, te amo y te voy a amar siempre.
Quizá esta vida se termine dando cuenta que es ella solo un momento de esta historia, porque mi amor no tiene tiempo ni fronteras, porque este amor va más allá de mi existencia.
((Ya nos vamos a volver
a encontrar))
Guiño de ojo, y sonrisa. Ese era el sello característico de mi tío. Y siempre me lo dedicaba justo después de malcriarme, de darme ese chocolate que mamá no quería que coma o comprarme ese juguete que yo quería de manera caprichosa.
Sonrisa y abrazo. "Hola hermosa"
Hermosa, pronunciado de una manera rara, pero única. Y un beso, seguido de un abrazo fuerte en el que su perfume de quedaba impregnado en la ropa. Hubo un tiempo en el que también me levantaba por los aires, cuando mi tamaño era mucho más pequeño en comparación al de ahora.
Su risa, sus gestos. Su amor por el mate. Como se colaba en las rondas solo por recibir uno. Su simpleza, su predisposición para ayudarte a pintar una pieza o colocar el piso del baño aunque fueran las tres de mañana.
Los veranos en la costa, los paseos en camioneta. Las cabalgatas a caballo y las noches de cuatriciclo. Los chistes que le hacía a Jane, y con los que todos reíamos.
La confianza ciega que me tenía, y por la que accedía a prestarle la camioneta a Joaco solo si yo iba con él. Porque sabía que no iba a dejarlo hacer nada estúpido, porque sabía que iba a estar con él, y lo iba a defender a capa y espada. Porque somos primos, pero casi hermanos.
Mi tío. Mi padrino.
El de mirada transparente.
El que me decía Jaque. Casi que el único, salvo por sus hijos, que tienen su misma costumbre llamarme así.
El que me decía que no lo abrace porque estaba sucio.
Al que yo abrazaba igual sin importar.
Gracias al que tengo fotos hermosas, de hermosos momentos. El que se encargaba de capturar momentos.
Con él que soñé la noche que todo pasó. El que en un sueño me guiñó el ojo una vez más, y sonrió, diciéndome sin hablar que estaba bien, que no sufriera, que todo lo que estaba pasando, estaba bien.
El que me miraba con amor. Con mucho amor. Con amor puro.
Decir que no lo voy a extrañar es mentira.
Decir que no lo extraño con cada centímetro de mi cuerpo, es mentira. Que no lo quiero abrazar, que no lo quiero escuchar, que no me hubiera encantado que conozca a mis hijos.
Que mis hijos lo hubieran conocido a él.
Pero a pesar de todo lo que a mi me gustaría, de todo lo que yo quiero egoístamente, él se tomó el tiempo de hacerme saber que está bien, tranquilo, en paz.
¿Y quien soy yo para decir que esto es injusto, si él está bien?
Me quedo con tu sonrisa, con tu guiñada de ojo. Con tu perfume, tu voz, el sonido de tu risa. Los mil "Jaque" y "hermosa" que siempre me dijiste, y sobre todo con tus abrazos.
Fuiste único, y estoy muy agradecida del tiempo que compartimos, de lo mucho que compartimos. San Clemente y el mate, para siempre van a llevar tu nombre al lado.
Te amé, te amo y te voy a amar siempre.
Quizá esta vida se termine dando cuenta que es ella solo un momento de esta historia, porque mi amor no tiene tiempo ni fronteras, porque este amor va más allá de mi existencia.
((Ya nos vamos a volver
a encontrar))
martes, 9 de mayo de 2017
siempre al frente
Habrá que encontrar algún lugar para esconderse, o habrá que entrometerse un poco más.
Siempre va a ser así, no? Muerta de miedo, pero firme sin poder dar un paso hacia el costado. Cada milímetro de mi piel quiere correr a esconderse. Alejarse y protegerse del posible sufrimiento. Pero los pies no responden cuando la orden se trata de correr lejos de vos.
A veces te detesto por hacerme sentir tan vulnerable. Tan frágil.
Te detesto cada vez que caigo en la cuenta que si querés, en un solo movimiento me podés hacer mierda.
Y me detesto también, por no poder dejar que el miedo sea más fuerte.
Me detesto cada vez que me encuentro a mi misma haciendo un esfuerzo sobre humano para confiar. Confiar en que todo va a resultar bien. Confiar en que no me vas a lastimar.
Pero también, nos amo. Te amo a vos, y me amo a mi cuando estoy con vos. Con el quilombo que somos juntos, pero con lo bien que nos entendemos.
Y justo ahí, cuando te veo, y cuando me ves. Cuando me mirás y me entendés sin que tenga que hablar. Cuando te parás al lado mio y no me permitís caer. Justo ahí, el miedo parece no existir.
Y si el miedo no existe no hay razón para huir (aunque sea por 10 minutos).
Habrá que desempolvar el disfraz de valiente, y salir a tropezar.
Siempre va a ser así, no? Muerta de miedo, pero firme sin poder dar un paso hacia el costado. Cada milímetro de mi piel quiere correr a esconderse. Alejarse y protegerse del posible sufrimiento. Pero los pies no responden cuando la orden se trata de correr lejos de vos.
A veces te detesto por hacerme sentir tan vulnerable. Tan frágil.
Te detesto cada vez que caigo en la cuenta que si querés, en un solo movimiento me podés hacer mierda.
Y me detesto también, por no poder dejar que el miedo sea más fuerte.
Me detesto cada vez que me encuentro a mi misma haciendo un esfuerzo sobre humano para confiar. Confiar en que todo va a resultar bien. Confiar en que no me vas a lastimar.
Pero también, nos amo. Te amo a vos, y me amo a mi cuando estoy con vos. Con el quilombo que somos juntos, pero con lo bien que nos entendemos.
Y justo ahí, cuando te veo, y cuando me ves. Cuando me mirás y me entendés sin que tenga que hablar. Cuando te parás al lado mio y no me permitís caer. Justo ahí, el miedo parece no existir.
Y si el miedo no existe no hay razón para huir (aunque sea por 10 minutos).
Habrá que desempolvar el disfraz de valiente, y salir a tropezar.
lunes, 8 de mayo de 2017
mi mayor miedo
En el medio de todo, algo logró quebrarse. No puedo explicarlo con exactitud pero... pero nunca volverá a ser igual, y es solo porque yo no soy capaz de volver a sentirlo igual.
Siempre me costó comprometerme. Y mi mamá (ingenua) siempre creyó que era por que yo amaba salir, divertirme y no tener que dar explicaciones. "Sos igual de libre que tu papá" me decía, siempre como una cualidad positiva, siempre como algo de lo que tenía que sentirme orgullosa.
Y por mucho tiempo, al igual que ella, yo me lo creí. Porque un poco de razón tiene, y porque creer eso siempre va a ser más sencillo que hacerse cargo de las verdaderas razones de la soledad.
Siempre me costó comprometerme. Y muy en el fondo de mí, siempre supe las razones. Las verdaderas razones. No era tenerle miedo al noviazgo, ni al compromiso, ni mucho menos tener que bancarme las escenas y planteos.
En el medio de todo, algo logró romperse en mi. Se me rompió el corazón.
El jueves, cuando ví lo que ví, se me hizo pedazos el corazón. Otra vez.
Y es increíble, porque no sentía algo así hacia demasiado tiempo.
Si, soy una persona muy independiente, y libre también, pero no es que me quede sola por no sacrificar tal independencia y libertad. Elijo permanecer sola porque de las veces que hice a un lado mi libertad por alguien, eso solo me rompió el corazón.
Y eso, exactamente eso que no sentía desde los 16 años, volvió a hacerse carne en mi piel el jueves.
Volví a sentirme estúpida, engañada, usada y humillada. Y como por arte de magia, todos mis viejos fantasmas retomaron su camino hacia mí. Ese jueves me abrazaron como hacía mucho no lo hacían. Me abrazaron y yo los dejé rozarme la piel. La tierna piel que a esta altura ya está toda cortajeada por gente que no me la supo cuidar. (Y esta es la parte en la que mis fantasmas susurran: ¡vos la tenes que cuidar!) Y esta es la parte en la que yo vuelvo a decidir que nadie nunca va a lograr volver a hacerme creer que puedo confiar.
Lo intenté, hoy intenté durante todo el día volver a ser la misma que era el miércoles. Pero quien sabe está condenado a sufrir, dice Borges, y yo simplemente no puedo olvidar. No puedo cerrar los ojos, porque ya los abrí, porque ya lo vi todo, porque el miedo que tengo no se va a ir más. Porque me conozco.
Siento que esto ya no tiene vuelta atrás, que no se puedo arreglar. Algo se quebró dentro de mí, algo que no puedo evitar.
La huída se acerca. El escape que siempre me mantuvo segura, alejada del terror que me dá sentir lo que estoy sintiendo.
No se trata de ser demasiado libre, sino demasiado miedosa.
No se trata de estar solo por no querer comprometerse, sino que estando solo, nadie puede dañarte. Ni jugar con tu corazón.
Se trata de escapar y esconderme. Se trata de ponerme a salvo, y permanecer sola y abrazada a mis fantasmas que no dejan de gritar que cualquiera y en cualquier momento me puede traicionar.
Siempre me costó comprometerme. Y mi mamá (ingenua) siempre creyó que era por que yo amaba salir, divertirme y no tener que dar explicaciones. "Sos igual de libre que tu papá" me decía, siempre como una cualidad positiva, siempre como algo de lo que tenía que sentirme orgullosa.
Y por mucho tiempo, al igual que ella, yo me lo creí. Porque un poco de razón tiene, y porque creer eso siempre va a ser más sencillo que hacerse cargo de las verdaderas razones de la soledad.
Siempre me costó comprometerme. Y muy en el fondo de mí, siempre supe las razones. Las verdaderas razones. No era tenerle miedo al noviazgo, ni al compromiso, ni mucho menos tener que bancarme las escenas y planteos.
En el medio de todo, algo logró romperse en mi. Se me rompió el corazón.
El jueves, cuando ví lo que ví, se me hizo pedazos el corazón. Otra vez.
Y es increíble, porque no sentía algo así hacia demasiado tiempo.
Si, soy una persona muy independiente, y libre también, pero no es que me quede sola por no sacrificar tal independencia y libertad. Elijo permanecer sola porque de las veces que hice a un lado mi libertad por alguien, eso solo me rompió el corazón.
Y eso, exactamente eso que no sentía desde los 16 años, volvió a hacerse carne en mi piel el jueves.
Volví a sentirme estúpida, engañada, usada y humillada. Y como por arte de magia, todos mis viejos fantasmas retomaron su camino hacia mí. Ese jueves me abrazaron como hacía mucho no lo hacían. Me abrazaron y yo los dejé rozarme la piel. La tierna piel que a esta altura ya está toda cortajeada por gente que no me la supo cuidar. (Y esta es la parte en la que mis fantasmas susurran: ¡vos la tenes que cuidar!) Y esta es la parte en la que yo vuelvo a decidir que nadie nunca va a lograr volver a hacerme creer que puedo confiar.
Lo intenté, hoy intenté durante todo el día volver a ser la misma que era el miércoles. Pero quien sabe está condenado a sufrir, dice Borges, y yo simplemente no puedo olvidar. No puedo cerrar los ojos, porque ya los abrí, porque ya lo vi todo, porque el miedo que tengo no se va a ir más. Porque me conozco.
Siento que esto ya no tiene vuelta atrás, que no se puedo arreglar. Algo se quebró dentro de mí, algo que no puedo evitar.
La huída se acerca. El escape que siempre me mantuvo segura, alejada del terror que me dá sentir lo que estoy sintiendo.
No se trata de ser demasiado libre, sino demasiado miedosa.
No se trata de estar solo por no querer comprometerse, sino que estando solo, nadie puede dañarte. Ni jugar con tu corazón.
Se trata de escapar y esconderme. Se trata de ponerme a salvo, y permanecer sola y abrazada a mis fantasmas que no dejan de gritar que cualquiera y en cualquier momento me puede traicionar.
domingo, 30 de abril de 2017
Porque no dudo de que lo nuestro tiene magia.
Un dia perfecto.
No sabes qué fue un dia perfecto hasta que terminó y te quedaste con el querer que fuera eterno.
Como la vida.
La vida que tan rápido cambia. Y que ayer parecía tan complicada y lejana.
Y que hoy es tan cercana. Todo eso que deseabas hace tanto hoy es tan cercano.
Qué locura, ni en mis mejores sueños, todo era tan perfecto como ahora.
Justo ahora.
Un dia perfecto.
No sabes qué fue un dia perfecto hasta que terminó y te quedaste con el querer que fuera eterno.
Como la vida.
La vida que tan rápido cambia. Y que ayer parecía tan complicada y lejana.
Y que hoy es tan cercana. Todo eso que deseabas hace tanto hoy es tan cercano.
Qué locura, ni en mis mejores sueños, todo era tan perfecto como ahora.
Justo ahora.
jueves, 27 de abril de 2017
lunes, 17 de abril de 2017
ay amor
Estoy teniendo unas ganas (tan grandes como mi amor por él) de escribir lo que siento cada vez que lo veo sonreír.
Hoy había tenido un día malo, choto, de esos que se van al tacho. Arrancó mi ciclo lectivo, cursé hasta las 14, no pude dormir siesta porque tenía que ir al médico y, lo que logró colmar todo, cuando le dije que lo extrañaba y quería verlo, resultó que nuestros horarios no coincidían.
Mal día. Mal humor. Cara de orto.
Me estaba por sentar en la mesa del comedor de mi casa a leer esos apuntes de historia que estoy esquivando hace tanto, cuando me llega un mensaje. El mensaje que arregló el mal humor de todo un día. Ja, que cursi.
Estaba viniendo para casa.
Me abrazó fuerte cuando cruzó la puerta. Y cuando estuvimos adentro. Y cada cinco minutos después de eso. Él también había tenido un mal día. No sé porqué, pero se le notaba. Ambos, caiduchos, medio rotos, y de mal humor, nos abrazamos una y otra vez. Pusimos música, me hice un té y me tiré en la cama a tomarlo mientras él dibujaba. El té se me enfrió entre las manos porque me colgué mirandolo dibujar. Me colgué en como sonreía, y me dí cuenta. En ese mísero instante, todo había pasado a ser un mal día, a ser un perfecto día.. Verlo sonreír podía arreglar un mal día. Verlo (aunque tuviera cara de culo) arreglaba un mal día. Pero, si a demás de estar ahí al lado mío, sonreía, todo era mejor. Y ni te cuento si la causante de la sonrisa soy yo. Ja! otra vez la cursileriada.
Verlo sonreír es magia, lo juro que nunca ví nada igual. Y provoca tanto en mí que es difícil de describir. Pero resulta que es ideal: un lunes de abril, frío, con lluvia, sin siesta y con mal humor, se convierte en magia en un instante con una sonrisa. Con su sonrisa.
Hoy había tenido un día malo, choto, de esos que se van al tacho. Arrancó mi ciclo lectivo, cursé hasta las 14, no pude dormir siesta porque tenía que ir al médico y, lo que logró colmar todo, cuando le dije que lo extrañaba y quería verlo, resultó que nuestros horarios no coincidían.
Mal día. Mal humor. Cara de orto.
Me estaba por sentar en la mesa del comedor de mi casa a leer esos apuntes de historia que estoy esquivando hace tanto, cuando me llega un mensaje. El mensaje que arregló el mal humor de todo un día. Ja, que cursi.
Estaba viniendo para casa.
Me abrazó fuerte cuando cruzó la puerta. Y cuando estuvimos adentro. Y cada cinco minutos después de eso. Él también había tenido un mal día. No sé porqué, pero se le notaba. Ambos, caiduchos, medio rotos, y de mal humor, nos abrazamos una y otra vez. Pusimos música, me hice un té y me tiré en la cama a tomarlo mientras él dibujaba. El té se me enfrió entre las manos porque me colgué mirandolo dibujar. Me colgué en como sonreía, y me dí cuenta. En ese mísero instante, todo había pasado a ser un mal día, a ser un perfecto día.. Verlo sonreír podía arreglar un mal día. Verlo (aunque tuviera cara de culo) arreglaba un mal día. Pero, si a demás de estar ahí al lado mío, sonreía, todo era mejor. Y ni te cuento si la causante de la sonrisa soy yo. Ja! otra vez la cursileriada.
Verlo sonreír es magia, lo juro que nunca ví nada igual. Y provoca tanto en mí que es difícil de describir. Pero resulta que es ideal: un lunes de abril, frío, con lluvia, sin siesta y con mal humor, se convierte en magia en un instante con una sonrisa. Con su sonrisa.
miércoles, 5 de abril de 2017
Yo intentando que mire a la cámara.
Él... mirándome a mí. Así como hace siempre.
Creo que todos merecen al menos una vez en la vida ser mirados como Pablo me mira a mí.
Todos merecen sentir eso que siento yo cuando lo hace.
Sentir que alguien te cuida.
Te elige.
Sentir que para alguien sos el mundo.
Jajaja, y saben que es lo más loco?
Yo no lo estoy mirando a él, pero resulta que todo eso que escribí antes, puedo reconocerlo en su mirada solo porque es lo que siento cada vez que lo veo.
💘
Él... mirándome a mí. Así como hace siempre.
Creo que todos merecen al menos una vez en la vida ser mirados como Pablo me mira a mí.
Todos merecen sentir eso que siento yo cuando lo hace.
Sentir que alguien te cuida.
Te elige.
Sentir que para alguien sos el mundo.
Jajaja, y saben que es lo más loco?
Yo no lo estoy mirando a él, pero resulta que todo eso que escribí antes, puedo reconocerlo en su mirada solo porque es lo que siento cada vez que lo veo.
💘
domingo, 2 de abril de 2017
Nuevos ángulos
Puede que el dolor nunca me abandone.
Puede que siga llorando todas las noches por mucho más tiempo del que me gustaría.
Puede que todo permanezca igual de mal por años.
Pero ayer, todo fue tan diferente que no puedo evitar querer escribir sobre ello con todas mis fuerzas. Poner el palabras los sentimiento tan complejos que tengo adentro. Tan contradictorios, tan intensos.
Estoy triste, desde hace mucho, y la verdad es que me di cuenta que por más momentos felices existan en mi vida, eso sigue firme ahí, siempre diciendo que se va a quedar por mucho tiempo más. Aunque no me gusta la idea de acostumbrarme a vivir para siempre con un sentimiento tan feo, ya no lucho con la idea de que es real. Que realmente está ahí. Porque negarlo, no lo hace desaparecer, sino que lo vuelve cada vez más profundo, y solo dándole bola y aceptándolo puedo hacerlo más llevadero.
Ayer.
Ayer Pablo cumplió 22.
Ayer su casa se llenó de amigos, familia, y buena energía. Se llenó de alegría, de festejo, de ganas de ser felices. Todos.
Y a mi se me ocurrió pensar que tal vez la causa de toda mi tristeza es que me aferro a aquello que la provoca.
Pablo, el anterior a que todo pasara, ya es historia. No existe, no está y puede que nunca vuelva. Porque aún si el día de mañana vuelve a recuperar todo eso que perdió, no va a ser el mismo nunca más. Porque nunca vuelve quien se fue, aunque vuelva. ¿Y sabes qué? Ayer, viendo a este nuevo Pablo, tan feliz, tan único, tan lleno de vida, me replanteé si no soy yo la que le está pifiando.
Y si, creo que la que patinó fui yo.
Entendí que tengo que vivir mi perdida lo mejor que pueda. Llorar a él que se fue, vaciarme de toda la mierda, las expectativas, la ansiedad, el enojo contra el mundo y renacer.
Renacer mejor. Dándome cuenta que quizá eso que yo quería compartir con él, nunca llegue. Que tenga que seguir mi vida sin saber lo que hubiera sido tener un novio como él. Tal vez nunca lleguemos a ser lo que tanto quiero... pero qué con eso? Tendré que llorarlo hasta aceptarlo. Hasta que acepte de una vez por todas que es algo que no puedo cambiar ni controlar. Que es algo que escapa a mis manos, algo contra lo que no puedo luchar. Porque eso significa aferrarme a algo que ya no existe. Porque eso significa dármela en la pera cada vez que caigo en la cuenta que ese Pablo que tanto extraño, nunca va a volver.
Pero a pesar de eso (y esta es la parte linda), nada me impide disfrutar de la felicidad en la cara de este nuevo Pablo que crece día a día un poco más. Y acompañarlo. Ser eso, compañeros, compinches, codo a codo. Y seguir con mi vida, aunque eso signifique olvidarme del viejo Pablo y de las ganas que tengo de que esté conmigo. Soltando lo que tanto dolor me causa, y viviendo libre de deseos, libre de expectativas, libre de todo. Solo sintiendo el hoy.
Puede que siga llorando todas las noches por mucho más tiempo del que me gustaría.
Puede que todo permanezca igual de mal por años.
Pero ayer, todo fue tan diferente que no puedo evitar querer escribir sobre ello con todas mis fuerzas. Poner el palabras los sentimiento tan complejos que tengo adentro. Tan contradictorios, tan intensos.
Estoy triste, desde hace mucho, y la verdad es que me di cuenta que por más momentos felices existan en mi vida, eso sigue firme ahí, siempre diciendo que se va a quedar por mucho tiempo más. Aunque no me gusta la idea de acostumbrarme a vivir para siempre con un sentimiento tan feo, ya no lucho con la idea de que es real. Que realmente está ahí. Porque negarlo, no lo hace desaparecer, sino que lo vuelve cada vez más profundo, y solo dándole bola y aceptándolo puedo hacerlo más llevadero.
Ayer.
Ayer Pablo cumplió 22.
Ayer su casa se llenó de amigos, familia, y buena energía. Se llenó de alegría, de festejo, de ganas de ser felices. Todos.
Y a mi se me ocurrió pensar que tal vez la causa de toda mi tristeza es que me aferro a aquello que la provoca.
Pablo, el anterior a que todo pasara, ya es historia. No existe, no está y puede que nunca vuelva. Porque aún si el día de mañana vuelve a recuperar todo eso que perdió, no va a ser el mismo nunca más. Porque nunca vuelve quien se fue, aunque vuelva. ¿Y sabes qué? Ayer, viendo a este nuevo Pablo, tan feliz, tan único, tan lleno de vida, me replanteé si no soy yo la que le está pifiando.
Y si, creo que la que patinó fui yo.
Entendí que tengo que vivir mi perdida lo mejor que pueda. Llorar a él que se fue, vaciarme de toda la mierda, las expectativas, la ansiedad, el enojo contra el mundo y renacer.
Renacer mejor. Dándome cuenta que quizá eso que yo quería compartir con él, nunca llegue. Que tenga que seguir mi vida sin saber lo que hubiera sido tener un novio como él. Tal vez nunca lleguemos a ser lo que tanto quiero... pero qué con eso? Tendré que llorarlo hasta aceptarlo. Hasta que acepte de una vez por todas que es algo que no puedo cambiar ni controlar. Que es algo que escapa a mis manos, algo contra lo que no puedo luchar. Porque eso significa aferrarme a algo que ya no existe. Porque eso significa dármela en la pera cada vez que caigo en la cuenta que ese Pablo que tanto extraño, nunca va a volver.
Pero a pesar de eso (y esta es la parte linda), nada me impide disfrutar de la felicidad en la cara de este nuevo Pablo que crece día a día un poco más. Y acompañarlo. Ser eso, compañeros, compinches, codo a codo. Y seguir con mi vida, aunque eso signifique olvidarme del viejo Pablo y de las ganas que tengo de que esté conmigo. Soltando lo que tanto dolor me causa, y viviendo libre de deseos, libre de expectativas, libre de todo. Solo sintiendo el hoy.
viernes, 31 de marzo de 2017
Red
Amarlo es como conducir un Maserati nuevo en una calle sin salida.
Más rápido que el viento, apasionado como el pecado, terminando tan de repente.
Amarlo es como intentar cambiar de idea una vez que ya estoy en caída libre.
Como los colores del otoño, tan brillantes justo antes de morir.
Perderlo fue azul, como nunca había sido.
Extrañarlo fue gris oscuro, completamente sola.
Olvidarlo fue como intentar conocer a alguien que nunca antes había visto.
Pero amarlo fue rojo.
Tocarlo fue como notar que todo lo que siempre quise estaba justo frente a mi.
Memorizarlo fue tan fácil como saber todas las palabras de mi vieja canción favorita.
Pelear con él fue como tratar de resolver un crucigrama y notar que no tiene solución.
Lamentarlo fue como desear nunca haber sabido que el amor podía ser tan fuerte.
Perderlo fue azul, como nunca había sido.
Extrañarlo fue gris oscuro, completamente sola.
Olvidarlo fue como intentar conocer a alguien que nunca antes había visto.
Pero amarlo fue rojo.
Lo veo a través de flashbacks, y ecos, diciéndome a mi misma que ya es el momento, debo dejarlo ir.
Pero seguir adelante es imposible cuando todavía lo sigo viendo todo en mi cabeza.
Rojo ardiente.
sábado, 25 de marzo de 2017
Duele empezar a sanar
Algún día todo tendrá sentido.
Alguno de estos días nos vamos a despertar y vamos a entender porqué llegamos hasta acá.
Vamos a entender que era necesario.
Algún día.
Porque todo estará bien al final. Y si no está bien, es porque todavía no es el final.
Alguno de estos días nos vamos a despertar y vamos a entender porqué llegamos hasta acá.
Vamos a entender que era necesario.
Algún día.
Porque todo estará bien al final. Y si no está bien, es porque todavía no es el final.
viernes, 24 de marzo de 2017
Yo viajaré aprendiendo a seguir
¿Alguna vez les rompieron el corazón? - yo lo sufrí dos veces -
En ambos casos, no fue mi culpa. (o eso creo) Porque la verdad es que estoy bastante segura de que no fue mi culpa que mi novio estuviera con cualquier chica que se le atravesara. Mucho menos que años más tarde, otro idiota simplemente no quisiera ni siquiera llegar a ser mi novio (pero igual quisiera estar conmigo como si lo fuéramos).
No era mi culpa, pero igual pagaba los platos (por no decir corazón) rotos. Ellos salían lo más campantes de nuestra ruptura y yo... yo solo procuraba no pensar demasiado en eso para no llorar demás.
[Digo la palabra llorar como si en algún momento de mi vida eso hubiera sido algo que me resultara fácil. Que idiota. Llorar me cuesta mucho, porque tengo que llegar a estar totalmente desbordada y vacía. Totalmente rota. Mientras no lo esté, mientras tenga aunque sea alguna parte medianamente sana... mientras tanto lo oculto lo mejor que puedo y sigo adelante hasta llegar a la destrucción completa]
Pero eso poco importa.
La cosa es que cuando estos dos idiotas me rompieron cada parte de mi ser, la única salida que encontré fue dejarlos (porque siempre fui de las que corta por lo sano). Dejarlos en buenos términos, pero convenciéndome de odiarlos. Odiarlos a muerte. Odiarlos y enojarme por haberme hecho sentir tan mal sin ningún derecho. Odiarlos en secreto, hasta que la tristeza disfrazada de enojo, por fin desapareciera de mi, liberándome de una vez por todas de la asquerosa cárcel que es tener que fingir que no me duele todo adentro todo el tiempo.
El problema es que eso solo sucede cuando quien tengo en frente, es culpable de mi corazón roto. Odiar tiene sentido cuando podés encontrar un culpable.
¿Alguna vez escucharon la estúpida frase de "Lo quiero - no me quiere // Me quiere - no lo quiero // Nos queremos - no se puede"? Bueno, a mi me pareció bastante idiota y falta de sentido hasta ayer. Porque siempre creí que no había absolutamente nada en el mundo que pudiera detener a dos personas que se quieren. (Porque aunque no parezca siempre fui la romántica de mi grupo de amigas). Y porque creer eso era el consuelo para esos días en los que lloraba por alguien que no me quería. Consuelo de que algún día iba a llegar alguien que me iba a amar tanto como yo a él, y nada iba a poder interponerse entre nosotros y la ansiada felicidad. La idiota felicidad. La injusta felicidad. La inestable y poco probable felicidad.
No se puede. A veces, simplemente, no se puede. No se llega, no se logra. (Y puede que sea un poco rendirse, o puede ser también cortar por lo sano con el dolor) Es bastante difícil encontrar la diferencia cuando hace tanto que lo único que existe es amargura.
Ojalá no se malinterprete, lo amo tanto que... que tuve que romper mi corazón para que me entrara más amor. Más del que nunca pensé sentir, pero el que no me produce ninguna felicidad.
Y ni se les ocurra pensar mal de él, no. Porque sé que con solo mirarlo es posible darse cuenta que parte de su mundo gira gracias a que estamos juntos. Pero... pero es complicado.
Eso le repito al mundo cuando me preguntan
- ¿Quien es Pablo?
- ¿Pablo? - si claro, como si no hubiera escuchado ni entendido de que me hablan - Es complicado.
escomplicado. Es complicado. EsCoMpLiCaDo. COMPLICADISIMO. No pregunté más, por favor. Hagame el favor de hacer como si esa pregunta no me provocara una mueca de dolor que no me deja sonreír. Haga de cuenta que la realidad no duele. Porque eso es lo que hago yo. Es la forma que encuentro de mentirme. Es ese cachito de mí que todavía me queda entero y me permite no romper en llanto cada vez que lo veo. Cada vez que me abraza. Cada vez que estamos juntos pero no es él.
Es cachito se rompió ayer. Se rompió hace un mes. Se rompió hace mucho. Muchísimo. Pero, cuando no tenes a quien culpar el método del enojo disfrazado de tristeza no funciona. Y cuando dejarlo no es porque el sea una mala persona... se vuelve una tarea imposible.
Pero a veces simplemente no se puede. No se llega. No se logra.
Y no es rendirse. Es soltar el dolor. El dolor que significa darme cuenta que todo este tiempo soporté todo solo porque seguía muy aferrada a ese chico que desapareció de mi vida hace dos años. El dolor que conlleva darme cuenta que sigo esperando a alguien que ya no existe.
El dolor que es dejarlo, amándolo como lo amo, solo porque las circunstancias no nos quisieron apoyar.
En ambos casos, no fue mi culpa. (o eso creo) Porque la verdad es que estoy bastante segura de que no fue mi culpa que mi novio estuviera con cualquier chica que se le atravesara. Mucho menos que años más tarde, otro idiota simplemente no quisiera ni siquiera llegar a ser mi novio (pero igual quisiera estar conmigo como si lo fuéramos).
No era mi culpa, pero igual pagaba los platos (por no decir corazón) rotos. Ellos salían lo más campantes de nuestra ruptura y yo... yo solo procuraba no pensar demasiado en eso para no llorar demás.
[Digo la palabra llorar como si en algún momento de mi vida eso hubiera sido algo que me resultara fácil. Que idiota. Llorar me cuesta mucho, porque tengo que llegar a estar totalmente desbordada y vacía. Totalmente rota. Mientras no lo esté, mientras tenga aunque sea alguna parte medianamente sana... mientras tanto lo oculto lo mejor que puedo y sigo adelante hasta llegar a la destrucción completa]
Pero eso poco importa.
La cosa es que cuando estos dos idiotas me rompieron cada parte de mi ser, la única salida que encontré fue dejarlos (porque siempre fui de las que corta por lo sano). Dejarlos en buenos términos, pero convenciéndome de odiarlos. Odiarlos a muerte. Odiarlos y enojarme por haberme hecho sentir tan mal sin ningún derecho. Odiarlos en secreto, hasta que la tristeza disfrazada de enojo, por fin desapareciera de mi, liberándome de una vez por todas de la asquerosa cárcel que es tener que fingir que no me duele todo adentro todo el tiempo.
El problema es que eso solo sucede cuando quien tengo en frente, es culpable de mi corazón roto. Odiar tiene sentido cuando podés encontrar un culpable.
¿Alguna vez escucharon la estúpida frase de "Lo quiero - no me quiere // Me quiere - no lo quiero // Nos queremos - no se puede"? Bueno, a mi me pareció bastante idiota y falta de sentido hasta ayer. Porque siempre creí que no había absolutamente nada en el mundo que pudiera detener a dos personas que se quieren. (Porque aunque no parezca siempre fui la romántica de mi grupo de amigas). Y porque creer eso era el consuelo para esos días en los que lloraba por alguien que no me quería. Consuelo de que algún día iba a llegar alguien que me iba a amar tanto como yo a él, y nada iba a poder interponerse entre nosotros y la ansiada felicidad. La idiota felicidad. La injusta felicidad. La inestable y poco probable felicidad.
No se puede. A veces, simplemente, no se puede. No se llega, no se logra. (Y puede que sea un poco rendirse, o puede ser también cortar por lo sano con el dolor) Es bastante difícil encontrar la diferencia cuando hace tanto que lo único que existe es amargura.
Ojalá no se malinterprete, lo amo tanto que... que tuve que romper mi corazón para que me entrara más amor. Más del que nunca pensé sentir, pero el que no me produce ninguna felicidad.
Y ni se les ocurra pensar mal de él, no. Porque sé que con solo mirarlo es posible darse cuenta que parte de su mundo gira gracias a que estamos juntos. Pero... pero es complicado.
Eso le repito al mundo cuando me preguntan
- ¿Quien es Pablo?
- ¿Pablo? - si claro, como si no hubiera escuchado ni entendido de que me hablan - Es complicado.
escomplicado. Es complicado. EsCoMpLiCaDo. COMPLICADISIMO. No pregunté más, por favor. Hagame el favor de hacer como si esa pregunta no me provocara una mueca de dolor que no me deja sonreír. Haga de cuenta que la realidad no duele. Porque eso es lo que hago yo. Es la forma que encuentro de mentirme. Es ese cachito de mí que todavía me queda entero y me permite no romper en llanto cada vez que lo veo. Cada vez que me abraza. Cada vez que estamos juntos pero no es él.
Es cachito se rompió ayer. Se rompió hace un mes. Se rompió hace mucho. Muchísimo. Pero, cuando no tenes a quien culpar el método del enojo disfrazado de tristeza no funciona. Y cuando dejarlo no es porque el sea una mala persona... se vuelve una tarea imposible.
Pero a veces simplemente no se puede. No se llega. No se logra.
Y no es rendirse. Es soltar el dolor. El dolor que significa darme cuenta que todo este tiempo soporté todo solo porque seguía muy aferrada a ese chico que desapareció de mi vida hace dos años. El dolor que conlleva darme cuenta que sigo esperando a alguien que ya no existe.
El dolor que es dejarlo, amándolo como lo amo, solo porque las circunstancias no nos quisieron apoyar.
sábado, 18 de marzo de 2017
Son caminos que tal vez hay que pasar
Axel. El rubio. Mi compañero de aula. El que todos los directivos del colegio conocen. El gracioso, el inquieto, el que las profesoras mucho no querían.
Mi noviecito de la primaria, el que me regalaba chocolates marca Felfort solo porqué se llamaban "Jacqueline". El que me hacía cartitas con colores, y me agarraba la mano por abajo del banco mientras mirábamos una película en tercer grado. El que se tragó una bolita en segundo, y tuvieron que poner de cabeza para que no muriera asfixiado (ja!).
El que se sentaba conmigo y lo único que hacia era molestarme. El que levantó la mano en una clase de Geografía mientras hablábamos de producción ganadera solo para contar que el le ponía huevo y azúcar al pan, y se lo comía. Si, huevo crudo. Diug.
El que en los recreos de invierno se me sentaba arriba para no tener frío. El que decía "hola chiche" cada 20 segundos a cualquiera.
El agitador de día y noche en Bariloche. El que no te dejaba dormir. El que vivía de fiesta. El loco de atar. El pincha que siempre te ibas a encontrar en la cancha. El leal.
El que fue parte de mi vida durante los 12 años que duró la escuela.
Axelito, mi amigo, el que está hoy en una cama de hospital empezando la dura y larga batalla que solo el cáncer puede dar.
¿Como puede ser?
Hoy en la sala de espera otra vez vi a esos con los que compartí más de la mitad de mi vida. Y nos pusimos a hablar de todo, de esto, de las viejas anécdotas, las divertidas y las no tanto, las que compartimos, las que tan lejanas parecen hoy, y las que me hicieron pensar en lo mucho que daría por volver. Por volver a ese tiempo en el que jugábamos a la mancha todos juntos, y el mundo no era tan complicado. En las que se lloraba por rodillas raspadas.
Hoy si miraba para el costado, tenía junto a mi a esos con los desde que terminé el colegio no hablo. Pero con los que el tiempo parece no haber transcurrido. Y pesar de toda la mierda, eso fue lindo. Fue muy lindo el saber que si Axel mira para el costado, seguimos estando los mismos. Para reírnos de boludeces y hacerle más sencillo este quilombo al que se tiene que enfrentar.
Porque al menos para mí, no debe haber mejor cosa que saber que tenes alguien que te banca pase lo que pase. Porque no debe existir mejor cosa, que sentirse acompañado. Y eso somos desde hace tanto, compañeros. Compañeros de escuela, antes. Compañeros en todas, siempre.
"El fuego prueba el oro. No se refiere solo a las forjas y metalurgia. Se refiere a que la adversidad prueba la fuerza del carácter. En momentos difíciles, en tiempos oscuros, algunas personas relucen."
Mi noviecito de la primaria, el que me regalaba chocolates marca Felfort solo porqué se llamaban "Jacqueline". El que me hacía cartitas con colores, y me agarraba la mano por abajo del banco mientras mirábamos una película en tercer grado. El que se tragó una bolita en segundo, y tuvieron que poner de cabeza para que no muriera asfixiado (ja!).
El que se sentaba conmigo y lo único que hacia era molestarme. El que levantó la mano en una clase de Geografía mientras hablábamos de producción ganadera solo para contar que el le ponía huevo y azúcar al pan, y se lo comía. Si, huevo crudo. Diug.
El que en los recreos de invierno se me sentaba arriba para no tener frío. El que decía "hola chiche" cada 20 segundos a cualquiera.
El agitador de día y noche en Bariloche. El que no te dejaba dormir. El que vivía de fiesta. El loco de atar. El pincha que siempre te ibas a encontrar en la cancha. El leal.
El que fue parte de mi vida durante los 12 años que duró la escuela.
Axelito, mi amigo, el que está hoy en una cama de hospital empezando la dura y larga batalla que solo el cáncer puede dar.
¿Como puede ser?
Hoy en la sala de espera otra vez vi a esos con los que compartí más de la mitad de mi vida. Y nos pusimos a hablar de todo, de esto, de las viejas anécdotas, las divertidas y las no tanto, las que compartimos, las que tan lejanas parecen hoy, y las que me hicieron pensar en lo mucho que daría por volver. Por volver a ese tiempo en el que jugábamos a la mancha todos juntos, y el mundo no era tan complicado. En las que se lloraba por rodillas raspadas.
Hoy si miraba para el costado, tenía junto a mi a esos con los desde que terminé el colegio no hablo. Pero con los que el tiempo parece no haber transcurrido. Y pesar de toda la mierda, eso fue lindo. Fue muy lindo el saber que si Axel mira para el costado, seguimos estando los mismos. Para reírnos de boludeces y hacerle más sencillo este quilombo al que se tiene que enfrentar.
Porque al menos para mí, no debe haber mejor cosa que saber que tenes alguien que te banca pase lo que pase. Porque no debe existir mejor cosa, que sentirse acompañado. Y eso somos desde hace tanto, compañeros. Compañeros de escuela, antes. Compañeros en todas, siempre.
"El fuego prueba el oro. No se refiere solo a las forjas y metalurgia. Se refiere a que la adversidad prueba la fuerza del carácter. En momentos difíciles, en tiempos oscuros, algunas personas relucen."
martes, 14 de marzo de 2017
Ladran Sancho
Me duelen las criticas. Me duelen tanto que a veces no entiendo como es que sigo cuerda.
Lo malo me pesa mucho. Me duele, me molesta, no me deja vivir en paz.
Gato. Trola. Densa.
Tengo alguien odiándome a sol y a sombra. Alguien que dedica su propia vida a hacer miserable la mía. ¿Y por qué? Porque queremos lo mismo. Porque para ella debe ser más sencillo tratar de herirme a mí, que tratar de recuperarlo a él.
Me duele mucho. Me duele porque yo no la odio. Ni un poco. Ni obligándome. No me sale.
Solo me sale sentir pena. Pobre piba.
Nadie le enseñó a amar. Na debe tener ni idea lo que es amar a alguien con todas las ganas. Nadie le mostró que es ser buena gente. No debe tener ni idea de lo que es construir. Demostró solo saber destruir.
Herir. Cortar. Lastimar. Hacer sufrir.
Pero yo la perdono, no sabe lo que hace. No debe haber tenido la suerte que tuve yo.
La perdono porque esos perros que ladran, son los que más miedo tienen. Y debe estar muerta de miedo porque sabe que yo tengo algo para ofrecer que ella no: amor. Mucho amor. Amor del bueno, del que no daña.
Debe estar muerta de miedo porque es algo que ella no sabe construir. Y que por lo tanto elige destruir con tanto esmero.
Porque si me rindo, va a ser más fácil. Porque si reacciono y peleo, voy a quedar a su misma altura. Porque viéndome tan insignificante como me ve, debe ser muy doloroso saber que él me prefiere.
Por eso no le guardo rencor, porque tratar de lastimarme nunca la va a hacer feliz.
Pero a mí sí. Porque si logro superar esto, mi amor por él, el amor que nos tenemos va a ser más (mucho más) fuerte.
Y nuestra venganza va a llegar junto con nuestro premio: ser felices.
Ladran Sancho, señal de que cabalgamos.
Ladran. Tienen miedo.
Algo bien debemos estar haciendo.
Lo malo me pesa mucho. Me duele, me molesta, no me deja vivir en paz.
Gato. Trola. Densa.
Tengo alguien odiándome a sol y a sombra. Alguien que dedica su propia vida a hacer miserable la mía. ¿Y por qué? Porque queremos lo mismo. Porque para ella debe ser más sencillo tratar de herirme a mí, que tratar de recuperarlo a él.
Me duele mucho. Me duele porque yo no la odio. Ni un poco. Ni obligándome. No me sale.
Solo me sale sentir pena. Pobre piba.
Nadie le enseñó a amar. Na debe tener ni idea lo que es amar a alguien con todas las ganas. Nadie le mostró que es ser buena gente. No debe tener ni idea de lo que es construir. Demostró solo saber destruir.
Herir. Cortar. Lastimar. Hacer sufrir.
Pero yo la perdono, no sabe lo que hace. No debe haber tenido la suerte que tuve yo.
La perdono porque esos perros que ladran, son los que más miedo tienen. Y debe estar muerta de miedo porque sabe que yo tengo algo para ofrecer que ella no: amor. Mucho amor. Amor del bueno, del que no daña.
Debe estar muerta de miedo porque es algo que ella no sabe construir. Y que por lo tanto elige destruir con tanto esmero.
Porque si me rindo, va a ser más fácil. Porque si reacciono y peleo, voy a quedar a su misma altura. Porque viéndome tan insignificante como me ve, debe ser muy doloroso saber que él me prefiere.
Por eso no le guardo rencor, porque tratar de lastimarme nunca la va a hacer feliz.
Pero a mí sí. Porque si logro superar esto, mi amor por él, el amor que nos tenemos va a ser más (mucho más) fuerte.
Y nuestra venganza va a llegar junto con nuestro premio: ser felices.
Ladran Sancho, señal de que cabalgamos.
Ladran. Tienen miedo.
Algo bien debemos estar haciendo.
lunes, 13 de marzo de 2017
lunes, 6 de marzo de 2017
Razones
Yo tenía una buena vida, una vida normal. Una de esas que el resto ve como feliz. La verdad es que no puedo asegurar que yo también la sintiera así, más que nada porque me gusta pensar que la felicidad es algo más que no sufrir.
En aquel momento, yo no sufría. Y después de haber sufrido tanto por tanto tiempo, supongo que confundí el no sufrir, con ser feliz.
Había empezado a estudiar lo que me gustaba, salía todos los fines de semana y tenia amigas fieles a la causa, con las que reír y escabiar era fácil. Me empezó a gustar la cerveza (gracias a dios) y el único problema era no saber que ropa me iba a poner. Me gustaba un idiota, uno de esos que no me daba mucho bola, y con el que peleaba cada fin de semana pero por el que no se me movía ni un pelo.
No sufría. No lloraba. Casi que ni siquiera sentía. Y ese era el problema: no sentía nada. Ni bueno, ni malo. Nadie me interesaba lo suficiente como para involucrarme. Estaba tan vacía que salir y tomar en exceso era lo único que existía para mí.
Y de un día para otro el universo completo se me puso patas para arriba.
El día que lo conocí, yo era una idiota. Y es increíble como alguien que no era nada en mi vida, pudo llegar a hacerme sentir que volvía a ser yo. Me sentí otra vez plena como cuando tenía 10 años y era feliz jugando a la mancha. Me sentí como hacía mucho no me sentía. Y me dio tanto miedo. Porque sentir implicaba ser feliz, pero también triste. Y enojada, y decepcionada. Sentir felicidad, abre la puerta al sufrimiento también.
Y lo alejé. Una y mil veces. Lo empujaba lejos, esperando que se desapareciera, esperando que todos los sentimientos que venían con él también desaparecieran. Pero el que no se alejó fue él. Y cuanto se lo agradezco.
Y que kilombo que es mi vida desde que llegó.
Me dió vuelta todo. Se llevó todo lo malo, y trajo la primavera otra vez. Me hizo volver a creer. En él, en el amor, en las personas, en la vida, en la felicidad. Me hizo creer otra vez que cosas buenas podían pasarme. Que alguien bueno se iba a quedar al lado mio a cuidarme, después de todo. Me hizo creer que lo merezco. Que merezco todo.
Y me hizo reír genuinamente otra vez. Me hizo reírme a carcajadas. Tan pero tan fuerte. Hizo que me doliera la panza. Y los pies, por sacarme a bailar toda la noche.
Me hizo linda la vida. Conocerlo, me salvó de sentirme vacía.
Y eso solo en tres semanas. (Já, no lo esperaban, no?)
¿Todavía siguen sin entender porqué es que lo sigo bancando y esperando, después de tanto? Si todavía no lo entienden, es porque sentirlo es mejor. (Y mejor que esto no se los puedo explicar)
Me salvó de la miserable vida a la que me encaminaba. Y saben qué? Mi forma de agradecérselo, es regalarle cada segundo de esta nueva vida, esta nueva yo, a la que no le importa ir corriendo atrás de la tormenta. Porque ningún marinero se hizo experto en un mar en calma.
En aquel momento, yo no sufría. Y después de haber sufrido tanto por tanto tiempo, supongo que confundí el no sufrir, con ser feliz.
Había empezado a estudiar lo que me gustaba, salía todos los fines de semana y tenia amigas fieles a la causa, con las que reír y escabiar era fácil. Me empezó a gustar la cerveza (gracias a dios) y el único problema era no saber que ropa me iba a poner. Me gustaba un idiota, uno de esos que no me daba mucho bola, y con el que peleaba cada fin de semana pero por el que no se me movía ni un pelo.
No sufría. No lloraba. Casi que ni siquiera sentía. Y ese era el problema: no sentía nada. Ni bueno, ni malo. Nadie me interesaba lo suficiente como para involucrarme. Estaba tan vacía que salir y tomar en exceso era lo único que existía para mí.
Y de un día para otro el universo completo se me puso patas para arriba.
El día que lo conocí, yo era una idiota. Y es increíble como alguien que no era nada en mi vida, pudo llegar a hacerme sentir que volvía a ser yo. Me sentí otra vez plena como cuando tenía 10 años y era feliz jugando a la mancha. Me sentí como hacía mucho no me sentía. Y me dio tanto miedo. Porque sentir implicaba ser feliz, pero también triste. Y enojada, y decepcionada. Sentir felicidad, abre la puerta al sufrimiento también.
Y lo alejé. Una y mil veces. Lo empujaba lejos, esperando que se desapareciera, esperando que todos los sentimientos que venían con él también desaparecieran. Pero el que no se alejó fue él. Y cuanto se lo agradezco.
Y que kilombo que es mi vida desde que llegó.
Me dió vuelta todo. Se llevó todo lo malo, y trajo la primavera otra vez. Me hizo volver a creer. En él, en el amor, en las personas, en la vida, en la felicidad. Me hizo creer otra vez que cosas buenas podían pasarme. Que alguien bueno se iba a quedar al lado mio a cuidarme, después de todo. Me hizo creer que lo merezco. Que merezco todo.
Y me hizo reír genuinamente otra vez. Me hizo reírme a carcajadas. Tan pero tan fuerte. Hizo que me doliera la panza. Y los pies, por sacarme a bailar toda la noche.
Me hizo linda la vida. Conocerlo, me salvó de sentirme vacía.
Y eso solo en tres semanas. (Já, no lo esperaban, no?)
¿Todavía siguen sin entender porqué es que lo sigo bancando y esperando, después de tanto? Si todavía no lo entienden, es porque sentirlo es mejor. (Y mejor que esto no se los puedo explicar)
Me salvó de la miserable vida a la que me encaminaba. Y saben qué? Mi forma de agradecérselo, es regalarle cada segundo de esta nueva vida, esta nueva yo, a la que no le importa ir corriendo atrás de la tormenta. Porque ningún marinero se hizo experto en un mar en calma.
viernes, 3 de marzo de 2017
No te conocí, te reconocí. Llevo años soñando contigo
Confiar en que el destino se desviste por tu aroma y aprender a encontrarnos en la diversidad, en el punto exacto donde se unen los extremos. En un punto nuevo, donde nada es tuyo, donde nada es mío, donde todo es nuestro.
Encontrarnos. Una y otra vez, sin cansancio. Una y mil veces. Una y mil vidas. Encontrarte en medio de una existencia sin sentido a la que vuelvas cáos total. Encontrarte y que me des vuelta el universo mil veces más. Encontrarnos más allá del tiempo.
Confiar en que el destino se desviste por tu aroma y aprender a encontrarnos en la diversidad, en el punto exacto donde se unen los extremos. En un punto nuevo, donde nada es tuyo, donde nada es mío, donde todo es nuestro.
Encontrarnos. Una y otra vez, sin cansancio. Una y mil veces. Una y mil vidas. Encontrarte en medio de una existencia sin sentido a la que vuelvas cáos total. Encontrarte y que me des vuelta el universo mil veces más. Encontrarnos más allá del tiempo.
lunes, 27 de febrero de 2017
"Freud decía que las coincidencias no existen; que cuando nos topamos con alguien de casualidad es porque ya lo habíamos visto antes con el rabillo del ojo y lo dejamos pasar, pero se quedó ahí, en nuestro subconsciente y no paramos hasta conseguirlo.
Quizás eso es lo que me pasa contigo, tal vez en algún momento me topé contigo sin darme cuenta, quizás en otra vida o en un tiempo que no logro recordar.
El hecho es que quiero intentarte hasta que me salgas bien; y no sé si llamarte coincidencia, casualidad o destino, lo que sé es que quiero seguir topándome contigo en el camino hasta poder un día terminarlo contigo."
No puedo. Te juro que lo intenté, pero no puedo.
Te veo y caigo en la cuenta de que no quiero a nadie más.
Estoy con vos, y sé que no quiero conocer a nadie más en mi vida. Sé que no quiero a nadie más.
Solo quiero tu numero de celular llamandome, y tus besos llenandome.
No sé, capaz exagero, pero sos el amor más lindo que tuve en mi vida. Y eso no lo voy a cambiar por cualquier otro romance barato de oferta.
Quizás eso es lo que me pasa contigo, tal vez en algún momento me topé contigo sin darme cuenta, quizás en otra vida o en un tiempo que no logro recordar.
El hecho es que quiero intentarte hasta que me salgas bien; y no sé si llamarte coincidencia, casualidad o destino, lo que sé es que quiero seguir topándome contigo en el camino hasta poder un día terminarlo contigo."
No puedo. Te juro que lo intenté, pero no puedo.
Te veo y caigo en la cuenta de que no quiero a nadie más.
Estoy con vos, y sé que no quiero conocer a nadie más en mi vida. Sé que no quiero a nadie más.
Solo quiero tu numero de celular llamandome, y tus besos llenandome.
No sé, capaz exagero, pero sos el amor más lindo que tuve en mi vida. Y eso no lo voy a cambiar por cualquier otro romance barato de oferta.
sábado, 25 de febrero de 2017
Es posible: yo me equivoqué. Pero tu mano no soltaría al vacío ni en el desierto cruel. Nunca
((Me fui tras de tí persiguiendo mi instinto. Si quieres cambio verdadero, pues ¡camina distinto!))
Capaz es solo eso. Hay que caminar distinto. Hacer cosas que antes no. Probar. Seguir. Cambiar. Volver a empezar. Y ver si caminando distinto probamos seguir cambiando, volviendo a empezar.
((Me fui tras de tí persiguiendo mi instinto. Si quieres cambio verdadero, pues ¡camina distinto!))
Capaz es solo eso. Hay que caminar distinto. Hacer cosas que antes no. Probar. Seguir. Cambiar. Volver a empezar. Y ver si caminando distinto probamos seguir cambiando, volviendo a empezar.
martes, 21 de febrero de 2017
No entiendo porqué, no me preguntes porque no sé.
Pero la trastornada que aún existe en mi me pide a gritos que me aleje de todo.
Que suelte todo. Que me aleje.
Me pide a gritos que me dé bola.
Que me mime y me cuide.
Y yo por fín entendí que no es que te dejé de amar a vos,
sino que necesito amarme a mí.
lunes, 20 de febrero de 2017
Say you'll remember me
"No te castigues"
"No tenes nada que demostrar, hacés más de lo que podés"
"Tenes que pensar un poco en vos"
Estoy tan cansada que ni siquiera puedo dormir. Es irónico, no? Pasarse de rosca, le dicen. No poder descansar porque todo adentro va a mil km por hs.
Eso siento hace más de un año y medio. Que me pasé de rosca, que no doy más pero tampoco sé como frenar. Y me duele el cuerpo, el corazón, el alma, la vida. Me duele todo.
Ni por un solo momento me frené a analizar consecuencias. Ni por un solo momento me senté a pensar en cuan doloroso podría ser que esto durara demasiado tiempo. Un año y medio.
Me gustaría despertar en ese maldito domingo una vez más, y cambiar todo. Me gustaría que todo doliera menos, sabes? Volver a conocerte una vez más, y sufrir todo lo que sufrí después, pero antes disfrutar más de lo que se me pasó volando sin que le prestara atención. Volver a esos dias que sostenias la puerta para que yo pasara y me abrazabas si hacia frio. Volver a los días que los pequeños detalles a los que no les daba mucho interés hacían que me enamore más y más de vos.
Hoy todo está tan sucio. Tan desordenado, tan hecho un desastre, tan roto. Todo parece estar roto. Y ya no sé que hacer, no sé de donde sacar fuerzas. No. Sé. Que. Mierda. Hacer.
Alejarme duele, quedarme me está matando. Y como hacer para sostenerte si yo soy la que se viene abajo cada vez más?
Extraño tanto las pequeñas cosas. Que me escuches, es lo que más extraño. Que me aconsejes. Que me digas que no sea exagerada, que voy a estar bien. Necesito que todo vuelva a ser como antes y me digas que solo estoy exagerando, que no es para tanto. Que un año y medio no es para tanto. Que vamos a ser felices mucho tiempo más que el que nos toca sufrir.
Y sino, si eso no se puede, necesito que me digas que igual me vas a recordar. Que me vas a recordar bien, feliz, acompañandote. Necesito que me digas que a pesar de haberme ido por no poder más, este año y medio no fue en vano.
Necesito irme, y ni siquiera sé si es lo que quiero. Necesito olvidarme de todo y volver cuando seas vos otra vez. Cuando todo sea una pesadilla del pasado. Porque no me la banco. No me estoy bancando lo duro que es este proceso.
Me está matando.
Te necesito.
Aparecé de la nada.
Tocame el timbre de casa.
Decime que no sabes cómo, pero que todo terminó.
Que la pesadilla terminó.
Que por fin nos toca la parte feliz.
Decime que fui una exagerada por llorar tanto.
Y abrazame.
Y prometeme un mundo feliz aunque sea mentira.
Prometeme que nunca más vamos a sufrir tanto.
Aparecé, por favor. Tocame el timbre de casa y decime que por fín todo va a dejar de doler.
"No te castigues"
"No tenes nada que demostrar, hacés más de lo que podés"
"Tenes que pensar un poco en vos"
Estoy tan cansada que ni siquiera puedo dormir. Es irónico, no? Pasarse de rosca, le dicen. No poder descansar porque todo adentro va a mil km por hs.
Eso siento hace más de un año y medio. Que me pasé de rosca, que no doy más pero tampoco sé como frenar. Y me duele el cuerpo, el corazón, el alma, la vida. Me duele todo.
Ni por un solo momento me frené a analizar consecuencias. Ni por un solo momento me senté a pensar en cuan doloroso podría ser que esto durara demasiado tiempo. Un año y medio.
Me gustaría despertar en ese maldito domingo una vez más, y cambiar todo. Me gustaría que todo doliera menos, sabes? Volver a conocerte una vez más, y sufrir todo lo que sufrí después, pero antes disfrutar más de lo que se me pasó volando sin que le prestara atención. Volver a esos dias que sostenias la puerta para que yo pasara y me abrazabas si hacia frio. Volver a los días que los pequeños detalles a los que no les daba mucho interés hacían que me enamore más y más de vos.
Hoy todo está tan sucio. Tan desordenado, tan hecho un desastre, tan roto. Todo parece estar roto. Y ya no sé que hacer, no sé de donde sacar fuerzas. No. Sé. Que. Mierda. Hacer.
Alejarme duele, quedarme me está matando. Y como hacer para sostenerte si yo soy la que se viene abajo cada vez más?
Extraño tanto las pequeñas cosas. Que me escuches, es lo que más extraño. Que me aconsejes. Que me digas que no sea exagerada, que voy a estar bien. Necesito que todo vuelva a ser como antes y me digas que solo estoy exagerando, que no es para tanto. Que un año y medio no es para tanto. Que vamos a ser felices mucho tiempo más que el que nos toca sufrir.
Y sino, si eso no se puede, necesito que me digas que igual me vas a recordar. Que me vas a recordar bien, feliz, acompañandote. Necesito que me digas que a pesar de haberme ido por no poder más, este año y medio no fue en vano.
Necesito irme, y ni siquiera sé si es lo que quiero. Necesito olvidarme de todo y volver cuando seas vos otra vez. Cuando todo sea una pesadilla del pasado. Porque no me la banco. No me estoy bancando lo duro que es este proceso.
Me está matando.
Te necesito.
Aparecé de la nada.
Tocame el timbre de casa.
Decime que no sabes cómo, pero que todo terminó.
Que la pesadilla terminó.
Que por fin nos toca la parte feliz.
Decime que fui una exagerada por llorar tanto.
Y abrazame.
Y prometeme un mundo feliz aunque sea mentira.
Prometeme que nunca más vamos a sufrir tanto.
Aparecé, por favor. Tocame el timbre de casa y decime que por fín todo va a dejar de doler.
viernes, 10 de febrero de 2017
jueves, 9 de febrero de 2017
domingo, 5 de febrero de 2017
pfc
Y lo irónico de la irónica ironía.
La vida cagándose de risa de nosotros. All the time.
La vida que espera paciente a que te hartes de repetir una y mil veces todas aquellas cosas que nunca harías. Las que ni loca, ni aunque te paguen, ni en pedo, ni drogada. Esas que juras que son de idiotas, las que solo hacen los idiotas, los flasheros, los que todavía no aprendieron nada. Pero ¿vos? Já, ¿justo vos? No, señor. Nunca en la vida actuarias así, porque sos re viva y la tenés re clara.
Y llega ese momento, ese en el que ya lo repetiste tanto, que todo el mundo te lo cree. Ese momento en el que todo aquel que te conoce sabe que vos jamás serías de otra manera. Ese momento en el que ya te hartaste de escupir para arriba.
En ese preciso momento, todo lo que escupiste, te cae justo en la cara.
Si tenés suerte, solo se trata de un gusto musical. O un cambio rotundo de apariencia. Al estilo "esta banda es una mierda" y terminas siendo fana, o también "nunca en la vida me podría calzas estampadas" y terminas por descubrír que son el must de esta temporada y no te queres quedar afuera.
Todos somos panqueques. TODOS. Lo digo en serio.
Todos alguna vez juramos y perjuramos que no haríamos algo de lo que después no podíamos despegarnos. Pero... ¿sabes cual es el peor caso? El peor caso es cuando se trata de lo que sos. De lo que realmente creíste toda tu vida que eras, y ahora... ya no.
Y eso solo sucede cuando... cuando te enamorás. Pero no me refiero a el estilo estoy tan emocionada que aunque siempre repetí que odiaba las flores si él me las regala las amo. No. Hablo de algo peor.
Es hasta patético descubrirte diferente. Saber que ya no sos lo que proclamabas a los cuatro vientos. Y que nunca más vas a serlo.
Es increíble como podes conocer millones de personas que no te muevan ni un centímetro de tu eje, y que al conocer solo a una, el mundo quede patas para arriba.
Es increíble que la que se proclamaba desapegada, fría, seca, poco demostrativa y cariñosa, anti noviazgos, huidora recurrente al compromiso, rara y un poco neurótica, hoy esté escribiendo esto. Que hoy esté tan pero tan... diferente. Tan sensible al dolor ajeno, tan necesitada de demostrar lo que le pasa adentro y se le sale por los poros, tan segura de permanecer al lado de una única persona que con un solo movimiento puede destruirla. Y es que creo que esa es la base de todo, el miedo.
Creo que por eso escupimos para arriba, y nos mofamos de aquellos que hacen esas cosas que llamamos idiotas. Porque nos da miedo ser de "esos". De esos que se juegan el corazón por lo que realmente quieren y les gusta. ¿Y qué si las calzas estampadas no son lo de esta temporada? ¿Y qué si para todos es una banda de mierda? ¿Y qué si no estás segura de cuanto pueda durar? La vida es muy corta como para seguir reglas, y escuchar música que no te gusta. La vida es muy corta como para no jugarse el corazón por alguien.
Porque lo que creo es que eso que proclamamos tan orgullosos por demasiado tiempo, es mentira. Es la mentira más grande que nos pudimos inventar de coraza, para que nadie entre, nadie se acerque demasiado, nadie nos lastime. Y que cuando el hermoso cambio llega, y nos convertimos en panqueques, en realidad, solo somos lo que siempre quisimos ser.
La vida cagándose de risa de nosotros. All the time.
La vida que espera paciente a que te hartes de repetir una y mil veces todas aquellas cosas que nunca harías. Las que ni loca, ni aunque te paguen, ni en pedo, ni drogada. Esas que juras que son de idiotas, las que solo hacen los idiotas, los flasheros, los que todavía no aprendieron nada. Pero ¿vos? Já, ¿justo vos? No, señor. Nunca en la vida actuarias así, porque sos re viva y la tenés re clara.
Y llega ese momento, ese en el que ya lo repetiste tanto, que todo el mundo te lo cree. Ese momento en el que todo aquel que te conoce sabe que vos jamás serías de otra manera. Ese momento en el que ya te hartaste de escupir para arriba.
En ese preciso momento, todo lo que escupiste, te cae justo en la cara.
Si tenés suerte, solo se trata de un gusto musical. O un cambio rotundo de apariencia. Al estilo "esta banda es una mierda" y terminas siendo fana, o también "nunca en la vida me podría calzas estampadas" y terminas por descubrír que son el must de esta temporada y no te queres quedar afuera.
Todos somos panqueques. TODOS. Lo digo en serio.
Todos alguna vez juramos y perjuramos que no haríamos algo de lo que después no podíamos despegarnos. Pero... ¿sabes cual es el peor caso? El peor caso es cuando se trata de lo que sos. De lo que realmente creíste toda tu vida que eras, y ahora... ya no.
Y eso solo sucede cuando... cuando te enamorás. Pero no me refiero a el estilo estoy tan emocionada que aunque siempre repetí que odiaba las flores si él me las regala las amo. No. Hablo de algo peor.
Es hasta patético descubrirte diferente. Saber que ya no sos lo que proclamabas a los cuatro vientos. Y que nunca más vas a serlo.
Es increíble como podes conocer millones de personas que no te muevan ni un centímetro de tu eje, y que al conocer solo a una, el mundo quede patas para arriba.
Es increíble que la que se proclamaba desapegada, fría, seca, poco demostrativa y cariñosa, anti noviazgos, huidora recurrente al compromiso, rara y un poco neurótica, hoy esté escribiendo esto. Que hoy esté tan pero tan... diferente. Tan sensible al dolor ajeno, tan necesitada de demostrar lo que le pasa adentro y se le sale por los poros, tan segura de permanecer al lado de una única persona que con un solo movimiento puede destruirla. Y es que creo que esa es la base de todo, el miedo.
Creo que por eso escupimos para arriba, y nos mofamos de aquellos que hacen esas cosas que llamamos idiotas. Porque nos da miedo ser de "esos". De esos que se juegan el corazón por lo que realmente quieren y les gusta. ¿Y qué si las calzas estampadas no son lo de esta temporada? ¿Y qué si para todos es una banda de mierda? ¿Y qué si no estás segura de cuanto pueda durar? La vida es muy corta como para seguir reglas, y escuchar música que no te gusta. La vida es muy corta como para no jugarse el corazón por alguien.
Porque lo que creo es que eso que proclamamos tan orgullosos por demasiado tiempo, es mentira. Es la mentira más grande que nos pudimos inventar de coraza, para que nadie entre, nadie se acerque demasiado, nadie nos lastime. Y que cuando el hermoso cambio llega, y nos convertimos en panqueques, en realidad, solo somos lo que siempre quisimos ser.
miércoles, 1 de febrero de 2017
Nos metimos al mar juntos (una de tantas veces), y una ola me revolcó por la arena haciendo que trague mucha agua salada. Tendrían que haberlo visto! Se asustó tanto cuando me vió toser, que cuando la próxima ola se acercaba a nosotros, se posicionó adelante mio intentado retener con sus brazos toda la fuerza arrolladora del mar. Intentaba frenar el mar con las manos.
En eso pienso cada vez que alguien intenta convencerme que estar cerca de él no me conviene. Pienso en que es capaz de frenar el mar con su propio cuerpo solo para que yo no me caiga, para que no tropiece, para que no me lastime.
¿Como no querer regalarle todo mi tiempo a alguien así?
Ni un momento ni la eternidad, esto va más allá: con vos mi alma se volvió a iluminar. Si no fuera porque vos estás, yo no estaría acá. Desde tus ojos se ve mucho más.
HermosoVeranoHermosaVida
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